Capítulo 93. Casos y coses de casas. Casa Artime. Parte XI.








Capítulo 93.

Casos y cosas de cases.

Parte XI.

Casa Artime.




Detrás de Casa Artime, como en tantas otras, hay misterios allegados y algunos de estos, inevitablemente vinculados  a su origen milenario fijado ya para siempre a esta tierra gozoniega. Aunque  por encima de todo hay vidas anónimas, sencillas, plenas de esfuerzo, trabajo y sacrificio. Hombres, mujeres y niños quienes acompañados de animales domésticos supieron mantener como nadie la continuidad de una saga, que sabían de la dureza de vivir, sin esperar nada a cambio. No necesitaron hacer ruido mediático para ayudar a construir la historia de este pueblo que hoy contemplamos. Un lugar desconocido  para nuestros antepasados. ¡Tanto hemos cambiado!.


Reconoceremos a través de estas líneas, con las limitaciones impuestas por el olvido, a una familia que llevó con dignidad y orgullo a una estirpe única. Siempre con la ayuda de las manifestaciones familiares construiremos un aliviadero al pasado, un regreso a un tiempo que ya forma parte de una memoria que empieza a resquebrajarse y que se resiste, pese a todo, a la omisión involuntaria. 


Son estos unos ecos que rebrotan, no sin dificultades, a través de las últimas generaciones, cimentando bases a un apellido tan antiguo que da vértigo pensar en su génesis. Y con ello garantizar  forma, cuerpo y nombre a una familia respetada y querida en estos históricos lares.


Disfrutemos en las siguientes disposiciones de testimonios, salpicados de jugosas anécdotas que abrirán puertas y ventanas al pasado. Previa pausa a la inevitable referencia a un supuesto y primigenio origen del apellido Artime. Soltemos lastres, obviemos prejuicios y gocemos con esta invitación a un ayer, que si nadie lo impide, ya es de todos.





El improbable origen de todo.



" Nós somos la memoria y el olvidu,

la lluz que nun s'apaga na borrina...".

Marta Mori.

 

Aunque no sea ninguna novedad, debemos de recordar que inevitablemente todos los misterios habidos en  el mundo han estado condicionados por una falta de  respuesta apropiada, que alimenta  frustraciones e imposibilita a la comunidad a cualquier aspiración que  derive en conocimiento.


En estas tierras bañadas por frías aguas salinas y bautizadas por el orbayo impenitente, donde la mar golpea acantilados tan antiguos como el devenir del mundo, estas incógnitas se magnifican y forman parte del lastre de un equipaje jamás desempaquetado en siglos.


Es cuando la intriga se vuelve densa como la inabarcable niebla y nos susurra uno de tantos nombres que nacieron lejos de las doradas estirpes y blasones de oro. El otrora nombre Artime, actualmente reconvertido en apellido, forma parte de crónicas  de prosapias desdibujadas, alimentadas con la confusión de lenguas muertas y casi extintas.


Nos adentramos en una crónica, que si nadie lo evita  rezuma más incógnitas que certezas, de un linaje gozoniego cuyo origen exacto nadie ha podido averiguar. Aunque y para fortuna de los lectores auspiciados por la inquietud cultural e histórica, en las próximas líneas se expondrán diversas hipótesis, todas ellas impecablemente razonadas, sobre su antroponimia. Desarrolladas  en dispares periodos históricos vividos en estas tierras y que al menos, proporcionarán  una interesante información para hacernos idea de la complejidad de este enigma que ahora abordamos.

 



Historias y especulaciones nunca faltan. 



"Pregunto por las cosas que eran mías,
por el contorno exacto de mi vida,
y el silencio me asalta en cada esquina.
Todo es confuso, todo se deshace,
como un cuerpo de niebla que se borra".
Ángel González.


Cuando el desconocimiento hace acto de presencia, se rinde a los brazos de las hipótesis. En esta ocasión, y una vez más no nos van a faltar cábalas  para tratar de adormecer sentimientos de culpabilidad,  ante tamaña desvinculación histórica. Serán entonces  los mitos quienes tratarán de forjar unas raíces inevitablemente desdibujadas en el paso y poso del tiempo. El dios Cronos, nuevamente se encargará de abandonar fuentes en las que pudiéramos saciar la sed que nos atormenta.

Busquemos amparo en conjeturas ajenas, emitidas por doctos investigadores a los que les rendimos el honor y gratitud  necesarios por tomar prestadas sus presunciones. Cuajadas en tiempos históricos diferentes, tratan de justificar procedencias vinculantes y así se expondrán, aderezadas de inevitable prosa poética.


Blasón o escudo supuesto de Artime.
La imaginación al poder. Poco o nada de 
credibilidad en este y otros escudos familiares.




-El susurro celta. La sombra de la encina. Las leyendas están vinculadas a la voz que mana de la tierra, antigua y en ocasiones, impertinente. Hay estudios que se aferran al origen celta de este apellido. Arraigado y firme, según sus presunciones,  a un árbol sagrado de aquel antiguo pueblo, la encina o el carrasco (1). Son estas leyendas, con base histórica indefinida, quienes aseguran que este nombre de Artime procede de la lengua celta, de su raíz sagrada, "Art". 

Siguiendo este argumentario, el primer hombre en llevar esta asignación no sería un foráneo, un conquistador, sino un ser nacido en estas  húmedas y brumosas tierras, que sabía lo que era pisar el fango y bien conocía  la intimidatoria presencia de la mar. Son los defensores de esta tesis,  quienes definen a Artime como  un "ser intacto y fuerte como la encina, o incluso como el oso". Todo ello, muy a tono de los mitos de  este pueblo.

Si atendemos al entramado expuesto, Artime nacería como una metáfora vinculada inevitablemente a la naturaleza. Un canto de supervivencia y elogio ante los duros inviernos, menguadas rentas productivas  y hostilidades rutinarias.

-El eco romano.  Algunos estudiosos de nuestra historia local, que se conecta con otras   muchas domésticas, aventuran que  esta estirpe se forjó bajo el dominio del hierro y del latín. La imposición y abuso colonizador del imperio romano, según sus propuestas,  traería este nombre. Entre aquellos legionarios hostiles que trataban de someter a nuestros ancestros, había  un nombre de pila común, "Artimius". Y esta es la base que manejan para desarrollar una propuesta vinculante, que mientras no se demuestre lo contrario es tan válida como otra cualquiera.

Así, y atendiendo a su desarrollo argumentario, y tras el colapso del imperio romano, aquella original denominación vagó entre aldeas, montes y pueblos. La falta de transmisión escrita entre campesinos y pescadores, incapaces de mantener el rigor del exigente latín, generó una evolución que hizo modificar la forma y término inicial, y con ello la pérdida de la solemnidad mantenida por  el ciudadano de Roma, para transformarse finalmente  en "Artime".

Siguiendo con la pulcritud que exige el rastro histórico, nos sentimos obligados a recordar que con plena certeza el nombre "Artimius", origen de esta hipótesis, es de procedencia helenística o griega, " Artemés", cuyo significado aclararemos para atender la demanda de los más curiosos. Su acepción es "intacto", perfecto o sano". Todo ello vinculado a la protección de la diosa griega Artemis (2). Nuevamente,  el aurea de fortaleza se vincula a Artime.

-La confusión poética. Tras haber expuesto estas dos teorías, a las que se sumarán algunas más, nacen inevitablemente confusiones en torno a este antropónimo. Un desconcierto, probablemente más  poético que real, donde afloran dudas, que nos hacen pensar en como el destino juega sus bazas. Un nombre reconvertido en apellido y nacido, según estas hipótesis al amparo de la indomable naturaleza, a la sombra de la encina, del vigor del oso,  o bien por el contrario,  arraigado a estas tierras por la fuerza bruta de un pueblo dominador como el romano. Aferrándose  para siempre a esta  rasa marina.

Aquellos ascendientes, que lucían el atributo de "perfecto o sano" y que encadenaron durante siglos este nombre, moraron  en una geografía mítica, combinación desigual de mar y tierra, haciendo gala de supervivencia en  un concejo con más de 40 Km. de costa, que amparó el desarrollo de un patronímico único. Xentes que supieron del  agotador esfuerzo de la "fesoria", combinado con el sacrificio de la mar. 

-Una teoría medieval. Josep María Albaigès (1940-2014), uno de los mayores expertos y especialistas  en onomástica catalana e hispánica, añade una nueva teoría respecto al origen del apellido Artime. El docto ingeniero, se ubica para ello en el Alto Medievo y así añade un escalón intrigante que dota de mayor amplitud  a este complejo jeroglífico que nos atañe. Su propuesta,  pasa por una evolución fonética y su posterior registro  manuscrito del nombre medieval "Artemis". Variante esta de "Altimir" (3), nombre de origen germánico introducido por los visigodos. Siguiendo esta teoría, Albaigès, añade una procedencia germánica a las ya expuestas, en un suma y sigue inquietante.

Según su teoría y criterio, aquella evolución tomaría cuerpo del modo que sigue: Altimir = Artimir/Artimis = Artime. Este autor basó su esfuerzo de investigación en una vinculación de estos nombres a las regiones de Cataluña y Aragón para posteriormente extrapolar sus conclusiones a nuestra rasa costera. 

Sin descartar esta posibilidad y habiendo consultado a expertos filólogos al respecto, todos coinciden en que el bueno de Josep María inicia su argumentación con un error: Combina para sus conclusiones la raíz germánica "Ald-" en vez de "Art-".

-La voz irlandesa. Tomando prestadas las palabras del historiador e investigador local y de referencia, Ignacio Pando, en el caso del apellido Artime, que ahora nos atañe, se nos abre una nueva vía de investigación: "... algunos investigadores hacen llegar desde Irlanda y que se documenta en estas tierras en el siglo XI, siendo uno de los rasgos más característicos de la identidad de sus gentes y una de las aportaciones mas notable extendida por todo el concejo gozoniego y alrededores". 

Esta apreciación no es baladí, teniendo en cuenta su autoría y nos une nuevamente con el mundo celta/gaélico, pero con una precisión plausible: Irlanda. Pero, ¿Por qué este lugar y no otro vinculado al arco celta atlántico?.

Esta conexión irlandesa, desde el punto de vista histórico no es en absoluto descabellada, y más teniendo en cuenta las últimas décadas de investigación en torno a esta época medieval. El reino de Asturias mantenía contactos con el mundo de raíz celta atlántico y en esta ocasión Irlanda no iba a ser excepción. Aunque la bibliografía y registros documentales actuales nos impiden certificar que el apellido Artime, derive directamente de un linaje irlandés. 

Hagamos nuestras propias cábalas, en base a las palabras de Pando. Inevitablemente, Gozón en aquel periodo no era un territorio cualquiera. En su suelo, se ubicaba el Castillo de Gauzón, el centro de defensa y política más importante del reino astur entre los siglos IX y XI.  El Cantábrico, entonces no era una frontera al uso, era una autopista marítima. Y eso facilitaba las relaciones entre esta tierra e Irlanda.

En los territorios irlandesas medievales, el nombre de pila "Art" (cuyo significado era "oso", o en su defecto "guerrero") era especialmente común. De hecho, algunos de aquellos patronímicos gaélicos llegados a nuestros días así lo confirman: "Art mac  Cuinn (4); Art mac Murchada o Art Ó Néill (5)".

Lo cierto, es que algunos de los investigadores plantean el nacimiento del apellido Artime, en función de toda la actividad foránea desarrollada por estos lares vinculada a entresijos y relaciones comerciales. El "protagonista cero", principio de todo sería probablemente un individuo de origen irlandés  que se asentó en esta tierras o que pudo haber sido capturado en las defensas costeras de Gozón. Para posteriormente integrarse  en la población local, seguramente con cierto recelo de los nativos y mucho tiempo antes de que se fijaran los apellidos, tal y como hoy se entienden. Algunas teorías más comprometidas, apuestan por un cazador de ballenas, llegado de aquellas, entonces, lejanas tierras.

-Presencia histórica. A diferencia de cientos de apellidos, este es un apellido autóctono de un lugar específico de Asturias. Gozón es la cuna y epicentro de esta designación. El propio Pando, nos lo recuerda como "uno de los rasgos más característicos de la identidad de sus gentes". El investigador no se limita a decir que el apellido es antiguo con un carácter histórico-genealógico, sino que forma parte de la identidad de este concejo y por extensión de toda la comarca.


Es más que probable, y tal como ocurriría con tantos otros, que cuando se formalizaron históricos documentos de Reales Provisiones; Cartas Ejecutorias; Sobrecartas,... y sus formalismos derivados junto con la iniciativa de la Corona a registrar poblaciones mediante censos, el nombre de "Artime", pasaría a convertirse en un apellido, fijado como tal a perpetuidad.


-Una teoría con mucho fundamento. Según las investigaciones desarrolladas por el ilustre José Manuel González "Helio", arqueólogo, investigador y filólogo de referencia en Asturias, la raíz básica de este apellido se traslada a la Alta Edad Media, en el año 957. En  documento sujeto a  testamento del obispo Diego I (6), registrado en la colección de documentos de la catedral de Oviedo, "Testamento Didacus Ouetensis Episcopus" y conservado en el Libro Gótico o de los Testamentos, aparece la firma de un presbítero llamado "Artemius". Con esta específica información elabora una más que interesante teoría sobre el origen y desarrollo del apellido Artime.


Un siglo más tarde, en el año 1060, se produce nuevamente una singularidad evolutiva en documento de compra-venta (de la que se dio cuenta en anteriores capítulos, aunque sin el detalle actual) de "Artemius".  En este registro figuran los propietarios de una fincas en Antromero y Condres (que bien pudieron ser vecinos o familiares) y que atendían a Johannes y Antone (Juan y Antón), ambos con el apellido "Artemiz". Estas propiedades, entre otras más,  formarán parte de un lote que nuestra conocida Adosinda Roderiquiz, viuda de Garsea Ovequiz , donará al entonces obispo Froilán (7) y así construir el "Hospital de peregrinos", en honor y honra de su fallecido esposo (8).

Si atendemos a que gran parte del origen de los apellidos nacen de los patronímicos de sus antepasados y que evolucionaban en un "Z" final, la teoría de este investigador coge gran fuerza. Así, Rodrigo nacerá de Roderiquiz; Martín de Martiniz y  Artime  con gran probabilidad de Artemiz y constatado en esta parroquia en el siglo XI.  

Este apellido "Artemiz" y a lo largo del paso del tiempo, va a sufrir una evolución  y cambio en la vocalización, facilitando su pronunciación: "Artimez". Según este investigador, "...una rama de estos Artimez pasarán a la parte occidental del concejo asentándose en un lugar...Susacasa". Entonces, ¿Será en el Molín de Susacasa donde la familia oriunda de la parroquia procreará y a quienes se les atribuye el posterior registro de "Artime"?. 

En este supuesto caso, y con toda probabilidad por criterio u error de los registradores y escribientes a la hora de documentar, además de la dificultad añadida que representaba la dicción de esa "z" final. Factores que con toda seguridad serán determinantes en  esa evolución final de uno de los referentes más reconocidos de nuestro concejo y Comunidad de Cabo Peñas (9). 

-Una reconocida y fiable opinión. Habiendo hecho exposición de todas las teorías conocidas y defendidas por estudiosos e investigadores, respecto a los posibles orígenes de "Artime", que no despejan dudas arraigadas, pero que nos proporcionan valiosa información, podemos al menos, matizar una orientación histórica.

Recurrimos, como punto y final a la memoria archivística y prodigioso conocimiento de la investigadora local, Erika Álvarez quien manifiesta respaldo y alguna duda respecto al informe detallado y publicado en prensa por José Manuel González "Helios". " La casa del molino a la que se refiere, es la de Cantarines  y el apellido Artime, aparece muy tardíamente y allegado por matrimonio, por lo que no se puede estimar como primera referencia de este patronímico". Haciendo gala de su constatado dominio y conocimiento ofrece un importante y documentado dato. " El primer apellido Artime del que actualmente se tiene constancia en Santolaya, corresponde a un pleito entre varios vecinos en el año 1578. Pleito este entre Pedro de Nembro y Juan García de Nembro. Registrado en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid".


Fuente: Erika Álvarez. Fragmento del documento donde figura
el primer Artime en Santolaya. Archivo de la Real Chancillería 
de Valladolid. Sala de Hijosdalgo, Caja 837, 1.


Siguiendo las pautas de sus investigaciones, nos confirma que a fecha de hoy, no se puede garantizar la vinculación directa entre los "Artimez" de la parroquia de Bocines, con los "Artime", de Nembro. Aunque nos añade un dato más para iniciar una interesante reflexión: " Según mi amiga, María del Carmen Sánchez, profesora de Geografía e Historia, no se debiera descartar que aquella "z" final, bien pudiera ser una forma engolada de finalizar el apellido Artime. Convirtiéndose finalmente en un Artimez , en posteriores transcripciones. No en vano, tengo documentos de una misma persona que en ocasiones figura como Artime y en otras finalizado en "z"".

Habiendo viajado en el tiempo, recorrido y analizado teorías y cábalas, tan solo nos queda añadir que el origen de este linaje es un nudo irresoluto, que une viejos tiempos vencidos por la antigüedad de sus historias. Los portadores de este apellido heredan incógnitas y un enigma ya fijado por y para siempre entre una fértil y verde tierra, junto con  la espuma alimentada por la marejada de este mar que nos atormenta.   Que cada cual alimente sus presunciones.


 




(1). Los celtas creían firmemente en que los espíritus de sus antepasados protegían a estos árboles. En su fuero interno pensaban que en ellos vivían sus dioses.  Los druidas o sacerdotes bajo la sombra de ellos impartían justicia, estudiaban el cielo y dictaban su sabiduría. Algunos investigadores sostienen que el término "druida", es derivado  de la palabra encina.
(2).  Artemisa o Artemis en la mitología griega es la diosa de la caza, la naturaleza salvaje, los partos y también de la castidad. Hija de Zeus y Leto, hermana gemela de Apolo, es representada como una arquera que se acompaña de correspondiente arco y flechas de plata: Acompañada de perros de caza y un cuervo.
(3). El término "Altamir" es de origen germánico y proviene de una antiguo nombre de aquellas tierras: Altimiro  o Aldimiro. Como apellidos derivados del mismo son los comunes en el noreste peninsular: Altimira, Altimiras y Atimis.
(4). "Mac", significa "hijo de".
(5). "Ó", en este caso, se puede traducir como "nieto/descendiente de".
(6). Este obispo, Diego de Hevia, gobernó la diócesis entre los años 958 y 971.
(7). Ramiro Papes, nos facilita la transcripción de este documento de transmisión . "Yo, humilde Adosinda Rodríguez, por mi propia voluntad y en representación de mi esposo, Garsea Ovequiz, que ha partido de este mundo, muy humildemente, ante vosotros, mis señores y, después de Dios, nuestros santos patrones..., Santa María y los demás santos mártires, cuyas reliquias se hallan en el cementerio y territorio de Asturias, junto a la ribera del mar, en la villa llamada de Condres, entregamos y confirmamos mediante escritura:
-La villa de Vela Didaz, por la que recibimos como precio doce bueyes y ciento siete modios;
-La villa de Aluariz;
-La villa de Puricello, que nos dio sor María;
-La villa de Galendiz, entregada por la condesa doña Andrequina;
-La villa de Queco Sarraceniz y la Munio Sarraziniz;
-Las heredades de Johannes Artemiz y de Antone Artemiz.
Todo ello con sus pertenencias, límites y lugares, edificios, montes, fuentes, aguas, molinos, entradas y salidas, y cuanto corresponde por derecho a dichas villas.
Añadimos además esta villa a la iglesia bajo la advocación del Santo Salvador, en la sede de Oviedo, estando al frente el obispo Froilán, reinando Fernando y la reina Sancha, Que, por los méritos e intercesión de aquellos mártires, podamos libranos de nuestros mayores pecados...".
(8). Para mayor información sobre esta construcción medieval, consultar el capítulo 91.
(9). Cristina Alonso Artime, ha sido quien nos ha proporcionado esta información derivada del supuesto origen del apellido Artime en Gozón, según José Manuel González. Habiéndonos facilitado recorte de prensa de la ya desaparecida "Hoja del Lunes" de Gijón, con fecha de 24 de noviembre de 1980. Desde estas líneas agradecemos su importante y desinteresada colaboración.


Casa Artime.


«Equí, nesti cachu de suelu que m'acueye,

onde los árboles vieyos conocen el mio nome,

quiero llevantar el mieu y la muria,

facer un sitiu onde la nueche sía sele

y la tierra que pisede sía, a la fin, el mio llar».

Antón García.

Casa Artime se encuentra ubicada en el antromerín barrio de La Flor, en el lugar conocido como  La Peruyal. Sitio este, tal y como refleja ese topónimo tan asturiano, vinculado al crecimiento y producción de un árbol silvestre, y así  lo testimonia Celesto Hevia: " Este lugar,  tuvo ese nombre, pues siempre se dijo que aquí había muches peruyes o peras silvestres"

La casa fundacional de esta familia tiene acomodo físico en el suave anticlinal que se encumbra en un par de centenar de metros. Junto a Casa La Pielora formará  acogedora quintana, al abrigo de los irreverentes fríos vientos del norte y vital para el desarrollo de todo tipo de actividades domésticas y agro-ganadera.


Casa Artime, en la actualidad.



Fuente: Fina Artime. Puerta de acceso a Casa Artime, en la 
segunda mitad de la década de los sesenta del pasado siglo.
A la puerta, Carmen La Peñona, Tía Benita y en primer plano
Fina sujeta en postura muy propia de su padre, Silvino, a su 
hija, Yolanda.


Pudiéramos hablar de la antigüedad de esta vetusta edificación apoyándonos en ciertas cábalas y suposiciones que no solventarán  dudas, y que solo la solidez de sus paredes pudieran, en cualquier caso satisfacer inquietudes y confirmar existencia que se contabiliza por siglos. La presencia de una antigua panera frente a la fachada principal corrobora antiguos quehaceres, hoy ya desaparecidos. Ese es el sino al que la sociedad rural debe hacer frente.


Panera de Casa Artime.



Fuente: Fina Artime. Silvino Artime, pasa al
lado de la panera. A su laso, se aprecian las ruedas 
de un carro del país.


La panera, se soporta sobre pegoyos de piedra de arenisca, y en todos sin excepción, se pueden observar el desgaste ocasionado  por el paso de fierros y aceros, con la finalidad de un acelerado afilado. Cuchillos, hachas, navajas, y otros varios útiles encontraron la piedra perfecta de afilar en aquellos soportes centenarios. Fieles testigos del paso de los años y de las cuitas históricas de  los Artime.


Detalle de un pegollo de la panera. En sus esquinas 
seaprecia el desgaste por el afilado de objetos
cortantes. Todos estos soportes, sin excepción,
muestran estas hendiduras.

En la otrora ubicación de la antigua cuadra, que fue el principal soporte económico de esta arraigada familia, luce hoy vivienda familiar. Construcción diáfana en luces y pragmática en uso de uno de los penúltimos eslabones de este clan, Belarmino y su mujer Carmen. Los tiempos cambian y los cambios acompañan.


Fuente: Fina Artime. Fina, junto a su esposo
Juan Pérez, posan delante de la cuadra de 
Casa Artime, acompañados de vistoso xato.



En la misma quintana, se expone aun hoy lustroso y antiguo  abrevadero, con determinación propia de las cosas que se hicieron para perdurar y justo orgullo de sus propietarios.  Aunque ya  reducidas sus dimensiones sobre proyecto original,  también hacía las funciones de pilón en las duras  tareas femeninas de lavado para el escaso ajuar de casa y personal, junto con fuente que detalla la fecha de su construcción, 1932.


Lavadero-abrevadero de Casa Artime. Su actual estructura aun conserva las piedras antiguas, empleadas como "tabla de lavar".




Fuente de Casa Artime. En su frontal, permanece la fecha de su 
construcción, 1932. Entonces, disponer de agua en la misma quintana, un lujo al alcance de muy pocos.


Toda la complejidad de obra, justificada para dar control y cauce a aguas subterráneas que afloraban en superficie en importante volumen y que dada la distancia y caída del terreno bien pudieran ser primas-hermanas  de las añoradas freáticas de El Fontán, hoy ya desaparecidas. El descendiente y penúltima generación de este linaje, Belarmino Muñiz, detalla experiencia y susto vinculado a una obra de asolamiento de la zona: " Cuando hormigonamos alrededor de la fuente y el lavadero, al amanecer del día siguiente había un gran socavón y el coche a punto de caer por él". El informante proporciona un importante detalle que confirma lo expuesto: "En aquel hueco se podían ver algunos arcos hechos de ladrillos, que seguramente formaban parte de una antigua fuente o manantial, por debajo del nivel que ahora pisamos. Para evitar males mayores se decidió cubrirlo todo y así evitar más sustos". Decisión esta tomada en favor de la seguridad familiar, pero que cercena información histórica. Aunque sabedores, que tras el cemento se encuentra guarecidos aquellos restos de arquería que bien pudieran aportar mayor detalle sobre la historia de la zona.

Alrededor de la casa y orientada al norte y oeste se cultivaba importante llosa, con variada cosecha hortícola y frutos derivados de la heterogeneidad del conjunto de árboles. Tomás Artime, recuerda trazos de vivencias en torno a esta finca perimetral del antiguo hogar: " En aquella llosa había de todo: No faltaban nunca peras, nisos, figos, manzanas,...una verdadera riqueza".

Debido a tal producción frutícola y aprovechando el ingenio de Marcelo Sierra, casado con la benjamina de la familia, Sara Artime (1916), se va a fabricar un llagar para producción de sidra. Así lo recuerda Juan Pérez: " A un palo largo de los que llevaban el cableado de la luz, le puso un pisón y un engranaje para pisar la manzana". Tomás detalla recuerdos de su juventud: " El llagar era tremendo, para aprovechar toda aquella producción de manzana que daba la tierra. Yo lo conocí dentro de la panera". Tras la decadencia  productiva, fruto de talas, el llagar pierde funcionalidad y pasa a ser un estorbo, tal lo reconoce Belarmino, Mino: " Mi padre lo regaló. Ahora está en la cuenca minera". Aunque no debiéramos  olvidar que todo aquel rendimiento agrícola se ampliaba a la horticultura: "La tía Benita tenía una huerta por detrás de la casa, junto a la cocina. Plantaba de todo y todo se daba bien".


Fuente: Fina Artime. Miembros de la familia posan en la llosa.
Acompañados para tal ocasión de una pareja de vacas. De izquierda  a derecha: Silvino, desconocida, Tomás y Carmen.


El paso de los años provoca cambios intempestivos, fruto de una evolución  socio-económica imparable y no siempre aconsejable. Casa Artime, formará parte de los mismos, abocada a un freno productivo anunciado. Aunque nos quedará para siempre una herencia viva, de unas gentes que decidieron crecer y marcar su destino a un rincón de Gozón único, desafiando a los retos y elementos adversos. Finalmente, en  nuestras manos está el evitar el olvido. El recuerdo, la única munición que disponemos frente al letargo mental, y así lo haremos.



La xente de Casa Artime.

"Los vieyos dexaron 
pa siempre la tarabica abierta,
un rastro de madreñes na borrina
les palabres vives flotando nel llar
y una solombra qu'enxamás se alerta..."
J.M.G.A.


Volver al pasado, a un mundo más pequeño donde la vida se medía por las cosechas y las mareas, es un ejercicio de alto riesgo. Las dudas siempre acechan y los papeles, fechas y firmas juegan al escondite con los rincones del viento, impidiendo seguir la ruta escogida. Recovecos, caleyes sin firme, caminos imposibles no van a ser impedimento para regresar a las huellas de otros tiempos, donde los abismos amenazantes trataran de entorpecer que descubramos páginas ya escritas en el eco de otros días lejanos y por personas que ya no están. Para ello, una vez más, contaremos con el apoyo y testimonio familiar arraigado. Sus luces acompañarán este dubitativo camino que ahora iniciamos.

Antonio de Artime (1808) e Isabel Rodríguez (1913).
Retrocediendo hasta el punto más alejado y conocido de este clan familiar llegamos hasta el año 1808. Facultado este conocimiento por el censo municipal elaborado en el año 1867, y cedido gentilmente por otra Artime, en este caso Geli. Entonces el patriarca, atendía al nombre de Antonio y lucía el apellido "de Artime", nada por otra parte raro, ni exclusivo en aquellos tiempos, donde era frecuente esta preposición para ratificar procedencias o bien, por el contrario, diferenciar los nombres de pila de los apellidos en los antiguos registros. Nacido, tal y como se expuso,  en 1808, es el primer Artime conocido, vinculado a esta casa de referencia.

Hagamos una conjetura, siguiendo los datos proporcionados por la investigadora local, Erika Álvarez, fuente de erudición y conocimiento impagable sobre las raíces familiares. Nos señala que con fecha de 14 de febrero de 1822, una mujer, procedente de la parroquia de Bocines, se casará en Casa Pereda, de Santolaya. Y lo hará con Josef de Artime, hijo de Josef de Artime y Josefa Fernández Corujedo. Atando lazos y fechas, todo apunta que se trataría de la hermana de Antonio. Dato este, aparentemente sin mayor importancia pero que servirá de enlace y fortuna a uno de los miembros del clan familiar que emigraría a Cuba, a inicios del siglo XX, tal y como posteriormente comprobaremos.

Siguiendo aquellas referencias registrales,  este patriarca y de profesión labrador encuentra en el concejo vecino acomodo a los sentimientos de su corazón, y así formalizar prometedora familia. La elegida, Isabel Rodríguez (1813), nacida en Prendes (Carreño). Cumplimentarán esta unión, con toda probabilidad en la década de los treinta del siglo XIX y en aquel registro documental aparecen cuatro hijos, que atienden  como sigue: José Artime Rodríguez (1836), Ramón (1853), María (1856) y Álvaro (1860). Sospechamos, con la presunción propia que genera la experiencia, que por el medio hubo muertes prematuras y algún que otro aborto que impidieron el crecimiento de la lista expuesta.


Fuente: Geli Artime. Registro censal de 1867, de 
Casa Artime.

José Artime (1836) y Rosalía Fernández (1843).
El documento censal, nos señala el camino a seguir y la evolución tomada por la propia familia. El primogénito y a la postre heredero de la casería ya figura casado en aquella fecha con Rosalía Fernández (1843). Un pequeño  retoño Antonio Artime, nacido en 1865, seguirá sumando eslabones al crecimiento de la cadena familiar.

Si seguimos pergeñando en este texto, observaremos la firma legible y clara del patriarca Antonio de Artime, quien evidencia el orgullo y autoestima de una persona que muestra la pericia adquirida para dominar  la caligrafía. Sospechamos que por el trazo firme exhibido,  su conocimiento sobre este arte del mundo del lenguaje está amparado por formación adecuada e inusual en aquellos tiempos vividos. Y por supuesto, la pérdida definitiva entre sus hijos del apellido "de Artime", en favor de "Artime", a secas. Los tiempos y las formas registrales evolucionan sujetos a la entonces ya aprobada "Comisión de Estadística General del Reino (1856)", que establecería la base de la demografía moderna en el país. 

El citado hijo de este matrimonio dará continuidad a la saga en esta línea familiar en la casa solariega, celebrando esponsales con la carreñense Serafina García, a finales del siglo XIX.

Casa Artime en el siglo XX.
Habiendo detallado el registro del siglo XIX, nos adentramos en la pasada centuria y con este movimiento obligado viajaremos a un paisaje más reconocible, que nos proporcionará un mayor conocimiento y detalle de los mimbres familiares. Para ello, consultamos el censo de 1924, donde se mantiene con vida una persona de enlace con el anterior. Se trata de Rosalía Fernández, entonces con 82 años y viuda del patriarca, José Artime.


Fuente: Geli Artime. Remarcado el registro censal del año 1924
de Casa Artime.

Acompaña a esta, su hija política o nuera, Serafina García, (Piedeloro, 1866) y ya viuda de Antonio Artime (1869), Antón, quien fallecería a inicios de los mal llamados "felices años veinte". Llegados a este punto, nadaremos en aguas mansas y alcanzaremos la orilla, con el aliento y apoyo de los miembros familiares.  

Si mantenemos el guion que facilita el registro, con respecto a la prole de este matrimonio nos abocaremos al error, seguramente involuntario del funcionario escribiente. Contabiliza un número de seis hijos con vida, cifra que se ajusta a la realidad, pero no así en el texto confeccionado. Yerra en Josefa Artime García, nacida en 1866, asentándola como hija (cuando no lo es) y en el nombre del quinto vástago, Álvaro,  a quien lo transcribe como Avelino. En el registro, llama poderosamente la atención que los  miembros de la unidad familiar, sin excepción, confiesan saber leer y escribir. Todos jornaleros, excepto los tres últimos hijos, María, Álvaro y Sara quienes van a la escuela.

En un análisis más pormenorizado de fechas, el avispado lector podrá caer en la cuenta de la extraordinaria fecundidad de Serafina, quien tuvo a su último retoño, Sara, con la excepcional edad de 50 años. Madre añosa en una época de escasas garantías médicas y por ende ginecológicas.

Aclarado aquellos incidentes registrales y observaciones impertinentes,  haremos un pequeño recorrido por aquella progenie, en el que no figura Jesús, inmigrante en Cuba por aquellas fechas. Así, la primera duda a solventar es la filiación real de Josefa Artime, satisfaciendo  esta inquietud el conocimiento de  Fina Artime: " Era un poco inocente, muy inocentona. Prima de mi abuelo y vivió en casa con todos hasta que murió".

Los hijos de Antonio Artime Fernández, Antón (1869) y Serafina García (1866).
Jesús Artime. El primogénito. Su fecha de nacimiento es un enigma, aunque los datos aclaratorios de Fina Artime y Juan Pérez, su marido, nos da la posibilidad de aventurarnos en una especulación arriesgada, pero con tintes de certeza: " Debió de nacer en torno a 1900 o incluso un poco antes, pues fue padrino del bautizo de mi padre, Silvino, nacido en 1909 y al poco tiempo ya se fue para Cuba". Si atendemos a la precisión de Juan, podríamos garantizar que su llegada al mundo corresponde a los últimos años del siglo XIX: " Debió de marchar con 14  años. Los números no engañan".

Su primer contacto en la isla, será con un miembro de Casa Pereda, en Nembro, Ramón Artime García. Llegado a esta tierra americana, según datos proporcionados por la investigadora local, Erika Álvarez: "Llegó el 3 de enero de 1896, a bordo del vapor Le Navarre. En sus inicios fue dependiente de un comercio de su tío en Matanzas, que era Alejandro Artime Valdés, quien sería alcalde de Gozón. Fue propietario de una distribuidora de coches y en 1924, compraría el Hotel que se llamaría Inglaterra". Añadamos un detalle, para nada baladí, tal lo detalla, José Oliver : "En 1911, se casaría con mi tía Ramona García, hermana de mi madre". En uno de sus viajes a Asturias, hace gala del halo de los triunfadores indianos: " Antes del 59, estuvo en casa de mi padre, Casa Constante. Traía un cochazo, un Rolls Royce, que viajó con él en el barco. Trajo chofer también".

Tal y como señalamos en el anterior apartado, donde se daba cuenta de los primeros mimbres familiares localizados, nos dejamos caer en Casa Pereda. La familia Artime, tiene una vinculación sanguínea directa con este clan de referencia de Nembro, y no solo política. Jesús, sabía que una tía- bisabuela (hermana de su bisabuelo, Antonio de Artime) había contraído nupcias allí y con esa confianza y amparo inició viaje a ultramar.

La llegada de Jesús a la isla, y su adaptación no debió ser fácil para un preadolescente, aunque ese  contacto con otros Artime en aquellas tierras caribeñas,  le facilitaron un primer empleo:" Estuvo de botones en un hotel y tuvo un accidente gravísimo". Percance que nos detalla José Oliver: "Un ascensor o un montacargas le arrancó una pierna y estuvo más muerto que vivo. Usaba una pierna ortopédica". Limitación que le hizo afilar su instinto inversor, convirtiéndose en accionista de una entonces gran empresa de perfumes, Crusellas y Compañía. "También fue gerente de un hotel y benefactor del Centro Asturiano de La Habana". Nuevamente,  este declarante hace gala de precisión envidiable: "Ayudaría también al hospital Quinta Covadonga (10) , gestionado por el Centro Asturiano. Hizo de estas obras de caridad, porque sufrió lo suyo con lo de la pierna y sabía de la ayuda que recibió allí".

Fuente: Fina Artime. Jesús Artime, el éxito de la 
inmigración ultramarina antromerina.


Analizando registros y la evolución de la empresa Crusellas en Cuba, esta empieza a expandir su producción y preparar una alianza internacional en la década de los diez del pasado siglo. No será hasta 1920, cuando se transformaría en sociedad  anónima, facilitando a los inversores la adquisición  de títulos y acciones. Una operación que no pasaría desapercibida a Jesús, quien apostará  sus ahorros y una probable indemnización por la pérdida de su pierna , en el incremento de su patrimonio pecuniario, a través de dividendos.  La fortuna que inicialmente le había dado la espalda, le sonríe. Aquella Jabonería de El Cerro, en la  barriada del mismo nombre, le cambiará la vida.

Apostará por otros tipos de inversiones y su patrimonio experimenta un crecimiento exponencial, tal lo recuerda José Oliver: " Invirtió en el Hotel Inglaterra , de La Habana. Uno de los mejores de la época".  No olvida a la tierra que le vio nacer y regresa una vez al pueblo de sus amores: "Vino a Antromero una vez, antes de morir su madre, Serafina. A principios de los años 50". Visita reconocida por algunos de los vecinos, como lo testimonia Manolo Llaranes:" Jesús cuando vino  Antromero, tenía un porte diferente a nosotros los del pueblo. Se notaba en la forma de vestir y de hablar".

También su dinero llega a estas tierras:" Tenía mucho poder económico. Compró y también hizo casas en Antromero. Al final, una para cada hermano". Todas ellas con un halo y estética de reminiscencia indiana, tal nos lo puede recordar alguno de sus beneficiarios indirectos. Así Juan Pérez señala, " Compró en La Frontera a los Cardina la casa en la que vivimos. Hizo la de Constante y la de El Cañaveral de Socorro". 


Fuente: Fina Artime. Casa Fina y Juan. Año 1947.

Tomas nos recuerda la imagen, antes de sucesivas reformas de la vivienda familiar. " Aquella casa tenía una distribución perfecta. Los espacios amplios y muy aprovechables, además de un desván muy alto, muy diferente al resto de las casas de la época. Pero lo que más llamaba la atención era el arco de la entrada. Recordaba viviendas de Cuba".


Actual imagen de Casa Constante.


La otra inversión inmobiliaria se sitúa en el inicio del desvío a la playa desde la carretera general, en el barrio de El Cañaveral. Vivió al menos dos etapas de negocio de hostelería y actual vivienda de Socorro Muñiz, penúltimo eslabón de este clan. En su fachada, aun se aprecia una cierta influencia por detalles concretos de  construcción caribeño.




Fuente: Amapola Sirgo. Actual Casa Socorro Muñiz, a la izquierda.
Años 50.



Dada su especial situación, gestionando su pecunio en el Caribe y preocupado por lo que ocurre en su familia, nombra un apoderado para que represente sus intereses en esta tierra, como lo recuerda José Oliver: " Su apoderado en España era primo y vivía en Piedeloro. Se llamaba José Severo". Además de ser enlace con su familia, tal lo recuerda Fina: "Mi padre recibía las cartas de su hermano Jesús, por mediación de José Severo y siempre decía que subiera para Casa Artime (entonces trabajaba en Carreño), que la mantuvieran, porque tenía futuro". 



No sería el único vínculo físico con esta tierra. Su sobrino político Anselmo, quien trabajaba de marmitón en un buque mercante, y hacía puntualmente escala en la capital cubana, también formará parte de esa conexión con la familia. " Lo que podía mandar por Anselmo, lo hacía". Tomás, recuerda que era su primo (Anselmo) el encargado de un valioso porte: "Mi madre siempre estuvo bastante delicada de salud. Y en Cuba, había unas inyecciones que decían tenían oro, para tratar los dolores. Jesús las compraba y Anselmo era el encargado de traerlas. Del entorno familiar fue el único que vio con vida a nuestro tío en la isla".




Fuente: Michel Artime. Anselmo.




Aquel arrollador éxito económico le hace convertirse en envidiada persona. Compra viviendas y propiedades que en la actualidad tendrían un valor incalculable en la capital cubana. En 1959, triunfa la Revolución Cubana encabezada por los hermanos Castro. Todo se trastoca. El futuro incierto le amenaza, pero toma una decisión irrevocable. No va a huir a otro país, Cuba es su sueño y su vida. Saca a traslucir la capacidad negociadora y suponemos que entregando toda aquella riqueza sin par, le es concedido el disfrute de una llamada "Quinta". Una casa residencial, con un gran jardín ubicada en zona exclusiva (sospechamos que en El Vedado). Su sobrino José Oliver, conocedor de esta información detalla: " Después de la llegada de Castro al poder, negoció la posibilidad de quedar en Cuba y no regresar para Asturias, ni marchar para Miami como hicieron casi todos. Le dieron una Quinta, que tenía tanto terreno como toda La Eria de Antromero junta". Para hacer esta concesión, nos imaginamos el costo de todo lo entregado al nuevo gobierno cubano. Pese a todo, siempre se sintió antromerín por los cuatro costados. Cuba era su veneno y Antromero su alma. " Nunca renunció a su nacionalidad española y mantuvo hasta sus último días la doble nacionalidad".



Jesús muere en 1973, y unos meses atrás envía  una carta a su hermano Silvino, anunciándole una previsión que no deja lugar a dudas. " Le dice a mi padre que está muy enfermo, en cama, que ronda los ochenta años y que sabe que no se volverán a ver nunca más". La profecía se cumple y con ella algún tiempo más tarde se conocerá oficialmente si había tenido descendencia en ultramar, tal lo detalla José Oliver. " Con su muerte se piden las Ultimas Voluntades a Cuba, para poner orden al patrimonio dejado aquí. Y en ellas consta no haber dejado viuda, ni descendientes".



Es enterrado en el cementerio Cristóbal Colón, de La Habana,  en el Panteón de la Unión Gozoniega. A su sepelio, tan solo asistió un hombre de confianza. Vivió y murió como fue su voluntad, pero siempre pensando en su gente, en su tierra.



Constante Artime ( 1904). Constante, hace honor a su nombre y tras la marcha de su hermano mayor a Cuba, es el designado por su padre, Antón Artime, para continuar y dar forma y seguimiento a la  Casa Artime. Un prematuro matrimonio con la perlorina Dolores, van a trastocar los planes familiares. Así lo confirma su hijo, Tomás: " Su mujer le buscará trabajo de estibador en Portuarios , en El Musel". Tiene una hija. Eloina". La vida le da un revés: " Se quedará viudo y vuelve a la casería, aunque no por mucho tiempo".


Unos años más tarde, contraerá matrimonio con la luanquina Carmen García Menéndez. " Conoce a mi madre, que era hija de José Changua y Teresa García . Ella fue criada en un ambiente muy diferente a la de una casería ". El acuerdo entre las partes contrayentes no se hará esperar, sin vuelta atrás :" Toman la decisión de ir a vivir a La Frontera, a la casa construida por Jesús. La casa donde viviríamos todos".


Mantiene su trabajo en el puerto gijonés y su oficio le proporciona alguna que otra prebenda en beneficio de la economía familiar. " Iba andando hasta Candás y luego en el tren del Carreño hasta Gijón. Aunque me consta que en más de una ocasión hacía el recorrido a pie. Traía cestas de carbón, para la cocina y piñas de plátanos de los barcos". 



Tal y como ocurría en la mayor parte de las casas, la actividad agroganadera, aunque en pequeña escala, formaba parte de la rutina doméstica. "Aparte del trabajo tenía una o dos vaquinas. Y según le gustaba contar, criaba dos xatinos, uno pa casa y el otro pa Poquitos (11)". Alguna que otra vez, acudía al rescate de su hermano Silvino, quien atendía la casería de Casa Artime: "Subía para que Silvino y Carmen algún domingo hicieran una escapada a Candás".




Fuente: Tomás Artime. Tomás con uno de aquellos xatos.




La salud, la fortuna de los humildes,  le jugaría una mala pasada, y le obliga a un retiro prematuro. " Enfermaría joven, retirándose antes de la edad convenida. Aquellas vacas fueron el perfecto complemento para una pensión no muy boyante". Como en otras tantas ocasiones ya celebradas en anteriores capítulos la tenencia de estas animales, representaba una garantía y un estímulo a las mermadas economías domésticas. " Toda la vida y hasta que pudo tuvo animales en casa. La primera vaca que entró en la cuadra fue una que llamaba la atención porque no tenía cuernos y era de Casa La Piedra, de Ramonín. Aquel animal daba una leche tremenda, con una calidad muy buena y por eso el recogedor se la pagaba un poco mejor que al resto". Los excedentes lácteos, estaban negociados. "La leche la llevaba a vender a la plaza de Candás, Concha Rosa. Tenían un acuerdo y ella cobraba un porcentaje por la venta. Así fue durante muchos años, hasta que ya empezaría a pasar el camión de recogida de la leche.





Fuente: Jaime Artime. Constante con una palada de estro.



En torno  al año 1971, nuestro hombre hace gala de un conocimiento no al alcance de muchas personas. En un terreno próximo al río Pielgo, descubre un objeto que le llama la atención y que tiene un importante valor arqueológico. Dicho hallazgo es presentado ante los agentes de la guardia civil, llamados a tal efecto y a su vez enviado a Madrid. Con toda probabilidad duerme el sueño de los justos en algún rincón de un sótano del MAN (Museo Arqueológico Nacional) (12). Desconocedores, y con toda seguridad para siempre, de la sustancia y valía de aquel fortuito encuentro de Constante con la historia.



¿ Dónde pudo haber sido el lugar del hallazgo?. Siguiendo la lógica, en uno de los terrenos en los que desarrollaba sus labores y tal y como  se expuso en la proximidad del Pielgo (área que alberga yacimientos prehistóricos de antiguos pobladores). Su hijo, Tomás proporciona una pista, que puede derivar en una probable presunción : " Yo le ayudaba en la cuadra y a segar hasta el año 1976, que me casé. Él llevaba una finca frente a Casa Anselmo, en la carretera que va a Condres. Ese es el lugar más cercano al río de los que se trabajaban en casa".



Algún tiempo después, sin poder precisar más en torno a la fecha, y con toda seguridad sujeto a  aquel descubrimiento, se presenta en el pueblo el arqueólogo y profesor Manuel Pérez. Contacta con Constantino y a raíz de aquel encuentro, así lo hace saber en el XIII Congreso Nacional de Arqueología , celebrado en Huelva en 1973. "...su existencia fue comunicada por Constantino Artime. En la Cueva Carlina...cerca de Antromero. En un reconocimiento que hicimos en aquella fecha, hallamos en su interior una Patella (llámpara), dos molares de cérvido y una lasca de cuarcita, lo que parece denotar la presencia de un yacimiento superopaleolítico. No se buscó  su confirmación mediante cata y se silenció el hallazgo hasta este momento, como medida de salvaguarda hacia el posible yacimiento".  Hoy podemos garantizar que el esfuerzo informativo de Constante y aquel intento de silenciar el yacimiento, ha sido baldío. La cueva en los últimos años de los setenta y los ochenta ha sufrido una antropomorfización que ha destruido cualquier resto arqueológico en superficie. La mano del hombre se hace notar, en lo bueno, pero sobre todo en lo malo. Somos incorregibles.



Para seguir curso y rumbo, recogemos un pequeño recordatorio de José Oliver sobre la figura paterna. Fiel reflejo de un hombre orgulloso de ser y pertenecer a Casa Artime y que lucía aquella dignidad en cualquier tiempo y forma.
 

"Constante Artime García nació en 1905 en Casa Artime, en Antromero. Sus padres eran Antonio y Serafina y tuvieron siete hijos que sobrevivieron: Jesús, José, Silvino, Álvaro, María, Sara y el propio Constantino. 


Se casó con la luanquina Carmen García Menéndez, nacida cinco años después, en 1910. Su padre, D. José García Menéndez  fue el primer director del centro educativo Santísimo  Cristo del Socorro, fundado por Mariano Suárez Pola. De aquel matrimonio, nacieron tres hijos: José Oliver, Tomás y Eloína.  Vivieron en Antromero, comprando una casa antigua que fue reconstruida por Sergio La Flor.



Fuente: Jaime Artime. Carmen y Constante, el día de su boda.


Constante trabajó en Portuarios , en el Musel, hasta su retiro y en su lugar de trabajo atendía al nombre de Antromero, pues todo el mundo lo llamaba así. Tuvo que lidiar con las tareas del trabajo y de la casa, pues  su mujer no gozaba de buena salud. Aquello condicionó un poco su carácter, aunque no podía disimular aquella raíz de los Artime.


La vida de mi padre, fue la misma de casi todo el mundo en aquella época. Todo se reducía a trabajar, trabajar y trabajar. Había que sacar la familia hacía adelante y ese era el gran objetivo. Tras salir del trabajo en Portuarios, atendía el ganado que había en casa: vacas, conejos, gallinas. El excedente de la leche, aquel que no se consumía en casa, se vendía en principio a la fábrica La Granja y después ya a la Central Lechera. Había que sacar rédito a todo.


De aquella familia numerosa que tuvo en su infancia, reseñaré a su hermano Jesús. Marchó para Cuba, con tan solo 14 años, en búsqueda de una mejor vida, aprovechando que contaba con familiares en la isla. Se empleó de botones en un hotel y un ascensor le arrancó una pierna. Aquella limitación física le hizo sacar su instinto financiero, invirtiendo ahorros en acciones de empresas como la Crusellas de La Habana, Palmolive...


El éxito económico le llegó y con ello la posesión de viviendas y propiedades de un valor incalculable. Todo cambiaría con la llegada de Fidel Castro en el año 1959, expropiándole aquellos jóvenes barbudos todo lo que tenía. En compensación le cedieron para su disfrute de un terreno, llamado Quinta (1). 


Pese que tuvo la oportunidad de regresar a Asturias, no quiso renunciar a estar en contacto con todo aquello que fue suyo. Allí permaneció hasta el final de sus días. Su cuerpo fue enterrado en uno de los cementerios más hermosos del mundo, el de Cristóbal Colón en La Habana. Ahora descansa en paz en el panteón de la Unión Gozoniega, mirando al Mar Caribe y  construido en el año 1949, por otro Suarez-Pola, en este caso Andrés.



Fuente: Bruno Javier Machado. Panteón de la Unión Gozoniega,
en La Habana (1949).


Mi padre Constante encontraría en el año 1971 un objeto que fue entregado a la Guardia Civil. Este hallazgo fue recogido por los periódicos de la época, sin precisar nada más que tenía un valor arqueológico y hoy se encuentra en Madrid. En casa nunca contó nada y seguramente él fue consciente de la importancia que tenía cuando lo entregó.



Fuente: Constante Artime, descubridor de una
pieza arqueológica.



Como gran parte de la gente de este pueblo, fue un hombre trabajador y sacrificado, que incluso cuando venía reventado de trabajar, me echaba una mano con el ocle que yo iba a buscar. Eran otra gente, en otros tiempos".


José Oliver Artime.



Fuente:  Josefina. José Oliver, Josefina y Constante
en la celebración de la Primera Comunión de Jaime, 
hijo y nieto de los presentes en la imagen.



Silvino Artime (1909). Tercero de los hermanos y con toda probabilidad el que sacrificó su vida y futuro por una casería, sin que recabara en tanto esfuerzo unos rendimientos dignos. Con la renuncia de su hermano Constante a la hacienda familiar, será la insistencia de Jesús, desde Cuba quien de un giro de 180 grados en su vida, tal  lo recuerda su única hija, Fina Artime: " Yo nací en la casa de La Frontera, que había adquirido Jesús algún año atrás. Mi padre trabajó en el tren del Carreño y en El Musel. Cuando Constante deja la casería, el propio Jesús es quien insiste para que subiera para Casa Artime, para que no se deshiciera y así poder mantenerla. Y ante tanta insistencia dejó su trabajo y allí nos plantamos mi padre, mi madre y yo, siendo muy joven".



Fuente: Fina Artime. Silvino, montado a lomos 
de un caballo.


Unos años antes, en 1948 se casará con Carmen La Peñona. Sobrenombre que lucía con indisimulado orgullo, derivado de su procedencia familiar: " Ella era de Albandi, de la Casa Peñón. Siempre fue muy educada, trabajadora hasta el límite y no le gustaban para nada los chismes". Quienes la conocieron pueden dar fe sobradamente de esta descripción de su hija, a la que suma algunas menesterosas facultades: " Siempre tenía una sonrisa, una palabra amable para todo el mundo. Aunque cuando se enfadaba, sacaba a relucir todo un torbellino de genio".


Pese a todo el trabajo desarrollado e inacabable diario y cotidiano, había un día a la semana que no perdonaba el matrimonio para el solaz descanso: " Todos los domingos por la tarde que podían iban hasta Candás, junto con Ramonín de La Piedra y su mujer. A mi madre cuando había que trabajar, pocas personas le metían mano, pero sabía también disfrutar cuando tocaba. Le gustaba cantar y lo hacía muy bien. Era la alegría de la casa y de los lugares donde pasaba".



Fuente: Fina Artime. Carmen, cantando.
"...y lo hacía muy bien".


Aquella fuerza de la naturaleza que era Carmen, era compensada en con un punto de equilibrio inexplicable con la calma y temple de su marido, Silvino. " Era mi madre quien llevaba todo el peso de la casa, mientras mi padre podía estar entretenido con su calma con cualquier cosa. Un día recuerdo que vino por la cuadra Marcelino La Salada, con su acordeón. Allí estuvo tocando para el disfrute de mi padre, mientras mi madre lo hacía todo, Aquello era polvorilla".



Fina, nos detalla una colaboración que a la fuerza del paso del tiempo se convirtió en un maná para alivio y sinergia para la familia. " Cuando me casé, mi marido Juan que era un hombre de ciudad, desconocedor de cualquier trabajo que se podía hacer por aquí, se adaptó perfectamente. Fue uno más, como si hubiera mamado todo esto de pequeño. Al ocle, a la tierra, en la cuadra, a lo que fuera".




Fuente: Fina Artime. Juan Pérez, sujeta a un buen 
ejemplar de xato.




Aunque el mayor inconveniente de aquella experiencia laboral desarrollada en un ámbito muy familiar era el reparto  equitativo entre dos hermanos. "El gran problema, era que la casería era a medias entre mi padre y su hermana María. Todo lo que se cosechaba era a medias y aquello empezaba a no dar lo suficiente para las dos partes". La solución ante el dilema no se hará esperar:" Así fue que en al año 1976 tomó una decisión, después de llegar a un acuerdo de volver a La Frontera. Al lugar donde unos cuantos años atrás salimos con una nueva ilusión. Inició otra vida con una vaca que bajó de la casería y otra más que compraría a Ramonín de La Piedra. La mala suerte les acompañaría desde aquel incierto reinicio:" Al poco tiempo de instalarse, la vaca comprada moriría". 



Silvino, exhibía sin rictus de esfuerzo alguno  una forma corporal al alcance de pocos elegidos. Podía permanecer horas y más horas en cuclillas fumando y observando, sin ningún síntoma de colapso físico. Herencia adquirida en  vía genética por su sobrino Perfecto. 



De esta pareja, que referenciaron una forma de vida dura y sacrificada, nos quedamos con la simpatía y temple de Silvino y la inequívoca bonhomía de su mujer, Carmen.



María Artime ( 1910). Un año después del nacimiento de Silvino, nacerá la primera hija  del matrimonio compuesto por Serafina y Antón. Cuarta en el orden cronológico, será la que finalmente tome las riendas de Casa Artime y aquel modelo productivo familiar hasta su punto y final. 


Mujer de carácter, permanecería soltera y sería una de las debilidades de su hermano mayor instalado en lejanas tierras transatlánticas. En la Casa Artime aun conserva con un manifiesto mimo arcón de madera noble, recibido por deseo de Jesús, repleto entonces de chocolatinas y medias de cristal. Un verdadero lujo al alcance de muy pocas personas  en un país castigado, aislado por una postguerra que tenía tintes de no acabarse nunca. En el mismo, están talladas primorosamente varias figuras de asturianía, tal lo explica Belarmino Muñiz: " Por lo que se ve, Jesús encargó a un preso de una cárcel de La Habana este trabajo. Le mandó grabar, entre otras cosas, la figura de Pelayo y también está la fachada de la cárcel donde estaba el preso". 




Una de las caras del arcón enviado por Jesús a María, desde Cuba.



Fue la asistenta de la única maestra - mujer que tuvo en pueblo, Ana Hevia. 



Fuente: Charo Muñiz. En primer término, sujetando un ramo de 
flores, Ana Hevia y en segundo plano María Artime.




Álvaro Artime  (1912). Estamos ante probablemente el hermano menos conocido del espectro familiar en esta generación. Para poder vislumbrar, al menos,  unas mínimas referencias de este vecino, recurrimos a la memoria y conocimiento de su nieta, Luisina Artime. " Estuvo casado con Casimira La Granda. Nacieron, vivieron y murieron en esta parroquia. Mi abuelo fallecería en los setenta del pasado siglo".


De aquella unión matrimonial entre vecinos nacieron cuatro hijos:" Fueron dos varones y dos hembras. El primogénito sería mi padre, José Antonio Muñiz, quien se casaría un 26 de mayo de 1955 con María Luisa, teniendo dos hijos. El segundo Jesús, quien recibiría ese nombre en honor a su tío, que estaba en Cuba. Se casaría con Carmina. La tercera, sería Lourdes quien se casaría con Anselmo y vivirían en La Granda. Y finalmente, Maruja, esto es, María de la Libertad, quien contraería matrimonio con Pepe El Nin, de Albandi".


Aunque su profesión reconocida fue la peón caminero, tuvo un intervalo temporal  en que faenó en la mar. " Trabajó de peón caminero, que eran los que arreglaban y reparaban las carreteras y caminos. Él estuvo en las carreteras de la comarca. Bocines, Antromero,... Lo conocían por Álvaro Bueno. Fue durante el tiempo que estuvo a la mar. Era una época en que los "rapaces de la mar", niños pequeños en ocasiones acompañados por sus madres, iban a despertar puerta por puerta a los marineros de madrugada. Le llamaban: ¡Álvaro!, ¡Álvaro!... y él contestaba : ¡Bueno, Bueno!. Hasta que finalmente le sacaba mi abuela de la cama. De ese modo, le quedó  aquel apodo".


Luisina,  nos relata una historia a la que no hemos podido renunciar, donde se vincula una historia de supervivencia  a tres bandas que une a su abuela y su padre, a una de las caserías más potentes de la historia de la comarca (Casa Condres) y a Casa Artime. Sin mayor dilación, ni frusilerías que pudieran restar la atención del lector, así la transcribimos.



"Una de las casas con mayor poderío de la comarca fue la de José Manuel de Condres. Mi padre, José Antonio, nació el 25 de marzo de 1926 y José Manuel el 28 de ese mismo mes, tres días después. 



Su parto fue muy duro y si a eso añadimos que nació en casa, la cosa se complicó más. Venían dos. Su hermana muere a las pocas horas y unos días después su madre. Había que buscarle una mujer para amamantarle y quien mejor que mi abuela, recién parida.  La llevan para casa. 



No tiene suficiente alimento para los dos y se toma la decisión de llevar a mi padre a Casa Artime: " Me llevaron en un paxo, con un poco yerba y una manta". Criándolo Serafina, su abuela.



Aquella mujer, de carácter, visto que la cabaña ganadera era muy vieja, calza unas zapatillas y a las horas se presenta con una novilla en casa para criar a mi padre. Mi padre y José Manuel de Condres, hermanos de leche y amigos hasta el final de sus días".



Hay pactos escritos en los dobladillos que viste la historia doméstica. Caprichosa y voluble, da forma a situaciones  que superan a la imaginación más creativa.



Sara Artime (1916). La benjamina. Mujer de carácter afable y condescendiente.  Se casaría con Marcelo Muñiz García, quien tenía el sobrenombre de Marcelo Sierra. Fue un matrimonio perfectamente complementario, la tranquilidad y pausa de Sara contrarrestaba el impulso y desarrollo mental de su marido. 




Fuente: Charo Muñiz. Sara Artime
y Marcelo Sierra, en una celebración.





Tuvieron cuatro hijos: Perfecto, Socorro, Jesús y Belarmino. La desgracia en forma de muerte inesperada y prematura ensombrecerá a la familia. Belarmino, con 12 años es alcanzado por un rayo, tal lo recuerda su primo José Oliver: " Era verano, venía la familia de la yerba. Belarmino se sentó debajo de la repisa donde estaba la radio, vino un rayo pasó por aquel aparato y quedó en el sitio". 



Aquel receptor de radio de válvulas, fue un regalo procedente de las tierras americanas. Jesús Artime enviará a su casa paterna un adelanto tecnológico impensable a finales de la década de los cincuenta. No era el primero del pueblo, pero si el más potente como lo recuerda Manolo Llaranes:" Jesús mandó un aparato de radio tremendo a Casa Artime. La gente iba a escuchar los partes y también música. En aquellos años mi tío Gonzalo, cantaba en la radio, tenía muy buena voz y alguna vez lo escuchamos en aquel aparato. Era la época de Antonio Molina y mi tío cantaba como él". Un regalo ilusionante, que abrió unas expectativas desconocidas a la familia y que se convirtió en objeto de desgracia y frustración.




Para hablar de esta pareja, nadie mejor que su primogénito, conocedor como nadie de las cuitas de sus padres. Demos paso a un recorrido plagado de anécdotas y vivencias relatadas con la simpatía exclusiva de Perfecto Muñiz. 


        
" Hablar de mi padre, Marcelo Sierra, es hablar de una persona que tenía todo el día la cabeza en funcionamiento. Un hombre de muchas ideas y muy hábil para soluciones prácticas. Se casó con Sara Artime García y tuvieron cuatro hijos: Perfecto, Socorro, Jesús y Belarmino. Mi hermano Belarmino lo mató un  rayo cuando tenía solo 12 años. Aquello fue una tremenda desgracia para mis padres.




Fuente: Milagros Fernández. A la derecha Marcelo Muñiz, Sierra
y a su lado Sara Artime. En la boda de su hijo, Perfecto.



Siempre le gustaron mucho los negocios, pero no cualquier negocio. Los dos tuvieron durante muchos años chigre- tienda en el Cañaveral y una bolera en su parte de atrás. Estaba entre la casa de Falón de Santa y de mi padre. Era una bolera asturiana, allí vino mucha gente a jugar, sobre todo los fines de semana, donde mi padre organizaba torneos y competiciones.




Fuente: Amapola Sirgo. Bolera de Marcelo Sierra.



De aquella iniciativa que siempre tuvo, organizaba algún año en los praos de  al lado del Hotel San Pedro, las fiestas de San Pedro, cuando fallaba la comisión o porque aquellos días llovía mucho. Y hacía el tiro al gallo, que tenía mucho éxito. Metía un gallo en una caja de cartón, asomando solo la cabeza  y la ponían a unos metros de distancia y con una escopeta le disparaban. El que acertaba quedaba con el animal. Si el tirador tenía o creía que le había dado iban hasta la caja y miraban. Un año uno de aquellos paisanos reclamó que había matado al gallo y cuando fueron mirar la caja, salió volando tan rápido que no lo pudieron garrar.



Trabajó durante un tiempo en Aboño, en el carbón. Abrió un arenero en lo de Miterio, al lado de la carretera general para extraer y vender arena para la construcción. Después de unos años empezó a fallar la arena y tuvo que dejarlo. Al principio daba mucho pero desapareció la arena y era casi todo tierra.



Con el bar abierto, empezó a trabajar en la fábrica de Albo, en Candás, allí estuvo hasta que se jubiló. Pero la cabeza nunca la tuvo jubilada. Puso un chiringuito en la playa de San Pedro, según entras en ella a mano izquierda y lo tuvo hasta mitad de los años 60, que ya lo cogió Maruja Rionda y después su hermana Argenta y El Cubano.




Fuente: Amapola Sirgo. Chigre de Marcelo Sierra. Una de las
celebraciones de San Pedro. Años 50.



Nunca tuvieron ganao, pero siempre plantaron de todo un poco detrás de casa. Llegó a plantar hasta trigo, y me acuerdo que cuando estaba ya crecido y para espantar los gorriones, me mandaba de guaje poner la cabecera de un caballo que tenía con cascabeles: "Pon la collera y echa a correr  pa espantar los pájaros del trigo".



Tuvo también barracas para montar por las romerías , donde vendía comida y bebida, las puso en Antromero, Bocines, Perlora, San Jorge...



Crio caracoles y también cultivó setas en el sótano, llegando a semar también lo que nunca se vio por aquí, cacahuetes. Le gustaba mucho experimentar, buscar cosas nuevas... pero a la hora de trabayar ya buscaba también que lo hiciera otro.


   
Aquella mente siempre estuvo funcionando. Una vez en la cocina de casa había tanta gente que casi no se cogía y al día siguiente sacó la mesa que había e hizo una plegable con bisagras sujeta a la pared. Ese era mi padre, todo el día pensando.



Mi madre era el perfecto complemento para él. Muy buena gente, aunque le gustaba mucho la pandorrada, no perdía fiesta. No había nadie con más animo que ella. Nunca me puso la mano encima.



Marcelo era más recto, no perdonaba una, alguna que otra vez me cayó alguna morrada de él, pero eso si, siempre merecida.



Si viviera en estos años, mi padre estoy seguro, tendría un programa de televisión propio. Nunca conocí a nadie con aquel arranque para pensar y pensar".


Perfecto Muñiz.


Sara, demostraría aquella alegría innata que llevaba en su sangre. No había fiesta, carroza o fiesta popular en la que no estuviera garantizada su presencia. Disfrazada y con aquel don natural para, tal y como expresaba su hijo Perfecto, la "pandorrada". 




Fuente: Charo Muñiz. Sara Artime, a la izquierda
en algún tipo de celebración festiva.



Fuente: Fran Posada. Sara, de reina en las carrozas del pueblo.
La gran celebración y disfrute de Sara.






(10). El Hospital Quinta Covadonga, es inaugurado en el año 1897, en La Habana. Gestionado por el capital privado del Centro Asturiano,  de sus asociados y colaboradores, entre los que se encontraba Jesús Artime. En su época de mayor esplendor tuvo 40 pabellones, para atender a la gran colonia de inmigrantes asturianos, algunos pobres de solemnidad. Desde 1959, con la llegada de la Revolución Cubana, pasa a manos estatales. Hoy se denomina Hospital Clínico Universitario "Dr. Salvador Allende", ubicado en La Calzada del Cerro, de La Habana.

(11). Poquitos era un almacenista y distribuidor de piensos y todo tipo de artículos vinculados con la actividad agroganadera, sito en Valparaíso. 

(12). El Museo Arqueológico Nacional (MAN), ubicado en la Calle Serrano de Madrid, es la principal institución donde se recogen y exhiben los restos arqueológicos descubiertos en la Península Ibérica, abarcando desde la prehistoria hasta la época medieval y moderna, anteriores al año 1980.






La tía Benita.




"Para ser humilde 

se necesita grandeza". 

Ernesto Sábato.



En algunas ocasiones la vida se empeña en mostrarnos personas de entrega plena y abanderada por la sencillez de corazón. Gente que son un fiel reflejo de trabajo honrado y escasa suerte. Ejemplo de resistencia contra las adversidades y superación personal. No piden nada y entregan lo que tienen. Son el mejor ejemplo de una lección vital silenciosa, pero imborrable. Una grandeza que no hace ruido, pero que deja huella.



Esa es la vida de una mujer allegada a Casa Artime, que vivió y disfrutó sus últimos años de vida entre gente que la acogieron como una más del clan. Dejemos paso a las palabras de Fina Artime, conocedora mejor que nadie de vida y obra de tía Benita, para hacer breve y aclaratoria reseña de aquella mujer.


" Vivía en La Camocha, en Gijón. Era madre de al menos ocho hijos, pero dispersos por la geografía española y también por Francia. Decían que era tía de mi padre por línea materna. Y un día se dejó caer por casa. Mientras ellos trabajaban, se encargaba de las tareas de casa, de la comida y las cosas habituales del día a día.


Pasado un tiempo, preguntó a mi padre: 

-Silvino, ¿Puedo quedarme aquí, con vosotros?.

-Pero, si tienes un montón de hijos, igual les parece mal o no quieren.

-No te preocupes por eso, solo tengo contacto con uno de ellos y no va a haber ningún problema.


Trajo por todo equipaje un baúl con todo lo que tenía, que era más bien poco. Cuatro prendas de ropa. Era tan humilde, como gran persona. Siempre había trabajado vendiendo pescado por las calles de Gijón. Y le atraía la mar, le apasionaba. Bajaba a los pedreos a marisquear, a por llámpares y bígaros. Formaba parte de su rutina habitual.



Fuente: Fina Artime. Tía Benita, marisqueando 
en la proximidad de La Mina.



Con el nacimiento de mi hija, Yoli, se convirtió en una abuela más. Era quien la cuidaba, además de tener un pequeño huerto detrás de casa, donde plantaba todo lo que quería. Y en la casería, también tenía un caballo de batalla, Genarín, que era un pariente de mi padre que trabajaba de criao. Una vez, cuando era pequeña, y antes de bajar a jugar con mis amigas al Naranxo, mi madre me avisó que estuviera pendiente de los dos, pues ellos iban a tomar algo a Candás. Cuando llegué a casa, la bronca que tenían era monumental, aunque la sangre no llegó nunca al río.


Tía Benita, se fue como vino, sin hacer ruido. Murió dejando grandes recuerdos imborrables en la familia. Mujer buena como ninguna y muy trabajadora".






El orgullo de un clan. 




"No deshonres el apellido que tus padres

 te dieron con tanto esfuerzo y sacrificio".

Anónimo.



En aquella solariega casa de los Artime, siempre hubo una buena y garantizada producción agrícola y ganadera, o al menos esa  fue la intención. " Había criaos, buen ganao y tierres bastantes para atender la fame de todos los miembros de la casería. También el mejor caballo del pueblo estaba en aquella cuadra. Y por supuesto una buena y siempre preparada xarré (calesa) por lo que pudiera pasar".


Esta declaración de posesiones, era el mensaje que indirectamente reflejaba el orgullo de todos los hermanos, sin excepción, de pertenecer a una casa referente en el pueblo.  Gente corajuda, sufrida y llegado el caso de armas tomar, en la defensa de lo suyo. Y el apellido Artime, lo era.


Pero nada mejor que el símbolo identitario, que refleja la dignidad familiar irrenunciable, de la transmisión de nombres de abuelos a hijos y nietos. Analizando el árbol genealógico de esta familia, la repetición de patronímicos entre generaciones se hace tan habitual que más bien parece una obligación heredada de sus miembros. Aunque nada más lejos de la realidad, es tan solo el mantenimiento de una larga cadena, engrasada con el honor del recuerdo y honra a sus mayores. Así lo recuerda Fina Artime: " A mi me pusieron este nombre, por mi abuela Serafina"







Conclusiones.



Empezamos este episodio recordando, y valorando la trazabilidad de un apellido con más de mil años de historia, en un pacto conjurado de resistencia. Un linaje que pudo haber cobrado vida en nuestro pueblo, donde la tierra se acaba y el Cantábrico dicta su ley.


Herederos orgullosos de este apellido han sido los miembros de Casa Artime, quienes amarraron mientras pudieron su identidad a esta tierra para no ser borrados con el injusto olvido. Uno de aquellos, Jesús, siendo niño y huérfano de padre, probó fortuna allende los mares y tras un  accidente casi mortal se convirtió en potente hacendado, dado su fino instinto inversor.


Como buen Artime, nunca olvidó esta tierra que lo vio nacer,  comprando y construyendo en favor de su familia. Son sus miembros, y así lo han demostrado, personas que lucían con orgullo aquel apellido, sabedores sin saberlo, de su trascendencia histórica. Antepasados que sobrevivieron a la peste negra, que vieron guerras a la puertas de sus moradas, imperios que se desmoronaban, fronteras frágiles y banderas que cambiaban de color. Son testigos de una historia arraigada y fortalecida al calor del llar, que ya nadie nos arrancará. Son los Artime testigos vivos de una estirpe milenaria que jamás aprendió a rendirse. 


Y aunque algunos lectores, seguramente con acierto, critiquen la larga extensión del apartado destinado a los orígenes de este patronímico, creemos y así manifestamos la importancia que proporcionan estas elucubraciones para el conocimiento de uno de los rasgos identitarios más importantes de la parroquia y por defecto, de Gozón.


Tan solo queda parafrasear al nobel colombiano, García Márquez para poner colofón y el agradecimiento a todos quienes han colaborado en este nuevo episodio familiar: " La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y como la recuerda para poder contarla".







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Capítulo 93. Casos y coses de casas. Casa Artime. Parte XI.

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