![]() |
| Fuente: Covadonga González. |
Capítulo 91.
Coses y casos
de cases.
Parte IX.
Casa Corujedo.
"La primera impresión fue
encontrar intacta delante de ti,
una tierra que limitaba al norte
con los inviernos de tú infancia".
Xuan Bello.
Hay un adagio de procedencia oriental, cuya autoría es un misterio, y que se puede transcribir de este modo: "La grandeza de un pueblo, es el recuerdo de sus gentes". Siguiendo tal instrucción, es un hecho que el pecado de olvidar forja la traición más íntima a nuestra mente. Lo más devastador de esta amnesia no es el hueco que se instala en la memoria, sino la normalidad que deja tras de si, abriendo puertas al invierno absoluto de la nada.
Es este silencio el que nos impide recordar caras, nombres, risas, palabras de personas que algún día fueron nuestras. Es perder el billete a un viaje cuyo destino son las viejas raíces, a los muelles del refugio de lo que fuimos, esos cuyos sólidos muros, o así lo creímos en algún momento, se han ido convirtiendo con paso firme en frágil defensa, incapaz de albergar sentimiento alguno.
Es cierto, cada vez que perdemos un detalle, una expresión, un consejo de alguien que ya no está, abrimos un poco más la herida de la desmemoria. La lucha contra esta premonición anunciada te obliga a tomar cierto tipo de emprendimientos no contemplados hasta hace poco tiempo. La madurez, la entrada en años (los más jóvenes se creen inmunes a ello) te provocan el vértigo y necesidad para iniciar un periplo sin equipaje alguno hacía El Dorado, Santo Grial, o tal vez la Piedra Filosofal del Magnum Opus, en la búsqueda del antídoto definitivo de la desmemoria familiar. Recurres a cualquier estímulo (y todos son pocos) para lograr, o al menos intentar ese propósito: recrear un mundo pasado, que se ha convertido en paraje inhóspito.
Siguiendo estas pautas cognitivas, recorrermos estancias, vidas y experiencias de Casa Corujedo, con la brújula prestada por los penúltimos brotes del tronco familiar, Covadonga y José Ramón González Uría, Monchu, y a quienes se ha sumado el hijo de la primera, José Ramón, Pepe, quienes conformarán agradecida y necesaria información.
Sus testimonios, confirman para quienes lo pongan en duda, que las casas no solo están hechas de piedras, muros y tejas, de puertas y ventanas, sino también de recuerdos de las gentes que las habitan y habitaron. Una casa física está indefectiblemente condenada a su desaparición (siendo el tiempo, juez y parte, quien dicte la forma y manera), pero no así las personas que en ellas moraron.
Cada grieta de la fachada, sabe del trabajo que representó el sobrevivir a las trabas de la vida, cada centímetro del pavimento reconoce los pasos de aquella mujer, quien puso todo el empeño para que nadie se fuera a su jergón con el hambre que anunciaba; el tejado acogió todos los sueños cumplidos de hombres y también sus anhelos frustrados para encontrar un futuro mejor; las paredes aún recuerdan los juegos y gritos de niños despreocupados por la inmediatez amenazante.
Escribir, una vez más, para que el camino labrado por aquellas gentes que supieron leer el cielo o la mar, antes que cualquier reglón torcido o libro, no se borre del todo y así evitar, o al menos intentar, que el polvo impida identificar a quienes forman parte de una vieja foto amarillenta, que hemos rescatado dentro de un cajón, entre una larga lista de objetos inservibles.
Corugedo, Corujedo, Coruxedo, Crujeo.
"Llamar a las cosas por su nombre
es la mejor manera de empezar a comprenderlas".
Confucio.
El topónimo Corugedo, Corujedo, Coruxedo o Crujeo (1) pertenece al grupo de los denominados zoo-topónimos, esto es, a los que hacen referencia a un animal. En este caso concreto, se trata de la lechuza común (Tyto Alba) o comúnmente denominada en nuestros pueblos, curuxa.
Esta ave, conocida y muy temida por los nativos de los pueblos y aldeas asturianas, levantó con su presencia en la proximidad de edificaciones, grandes suspicacias por entender que es portadora de mala suerte. El desconocimiento y superstición les ha hecho flaco favor. Históricamente han sido consideradas autores, entre otras felonías, de beber el aceite de las lámparas de capillas, ermitas e iglesias para facilitar sus males artes vinculadas a la muerte. La emisión de su "cantar" (uréo) más propio de una garganta humana que de un animal, siempre despertó rechazo y temor. Así, algunas personas con la imaginación más desarrollada, no dudaban en afirmar que aquellos sonidos se traducían en "cavar, cavar...", que es la invitación a hacer el agujero de la tumba.
Su etimología probable: coruja (coruxa), proviene del latín tardío. Recurriendo a la fuente de la sabiduría de la RAE, nos cita a la coruja como lechuza. En lo que respecta a Corujedo (y todas sus variantes expuestas), nos detendremos en su terminación acabada en _edo, que indica abundancia de algo, en esta ocasión, de coruxas. La presencia de ciertos toponímicos en todo Gozón vinculantes, como es la caso de curuxas, curuxona, no hacen más que confirmar su solera histórica en estas tierras.
Tal y como podemos sospechar, no tan solo es recurrente en este concejo, también lo es dentro del territorio astur y en todo el noroeste peninsular. Así, podemos encontrarlo en prácticamente todos los concejos asturianos, vinculado a piedras, pequeñas colinas, majadas, lugares y caserías.
En lo que a Gozón respecta y citando a Dionisio Fernández Rodríguez (2): " ... hay una casería en la parroquia de Santiago de Ambiedes, fincas y en la parroquia de Bocines una casería y una fuente que lleva esa denominación". Recabando información en nuestra familia de referencia, el propio José Ramón González Uría, Monchu, estima una posibilidad ante la ausencia de fuente que lleve esa asignación nominativa: "Se puede tratar de un manantial, que en las épocas que llueve mucho aflora, por encima de la Fuente de Fabián. Y en este invierno de tanta agua, volvió a salir".
No debemos olvidar en este recorrido geográfico la existencia de un territorio, hoy deshabitado, en la parroquia de San Pedro Navarro, llamado también Corugedo y directamente vinculado a esta familia de referencia, tal y como podremos corroborar.
La previa exposición no deja lugar a dudas, evidenciando la presencia de este término entre apellidos toponímicos de gentes que habitaron estas tierras gozoniegas. En registros históricos varios, se puede comprobar que iba en algunas ocasiones acompañado del patronímico "Fernández". Así, Fernández Corujedo (prácticamente desaparecido) formó parte de los listados censales del concejo. Nuestro experto en las edificaciones tradicionales asturianas, Paulino García Suárez, recuerda a un ilustre artesano vinculado a estos apellidos: " El maestro carpintero Domingo Fernández Corugedo, quizás el precursor de la decoración estilo Carreño o de tradición barroca, labró sus obras, en la segunda mitad del siglo XVIII, en Gozón y Carreño y alguna pieza aislada en Gijón, Avilés, Illas y Les Regueres, probablemente a causa de traslados posteriores".
Mantenemos una presunción de vinculación de este doble apellido, Fernández Corujedo, con esta familia, en base al inventario anexo del testamento de José García Norte, (Casa Norte ) y fallecido en 1882. En este, se detalla el foro (alquiler) de "...una finca labradío prado y matorral, llamada Prado del Medio sita en el término de La Bayuerga lugar de Antromero... de una hectárea y veinticinco áreas" a una relación de cinco vecinos de la parroquia, quienes deben hacer frente al pago anual y mancomunado de "dos fanegas , seis copines de trigo de escanda y dos gallinas ". Entre los cinco arrendatarios del foro, (todos registrados en el censo de 1867) figura José Fernández Corugedo Muñiz (1810).
| Fuente: Archivos Casa Norte. Resaltado, el nombre de José Fernández Corugedo Muñiz, corresponsable del pago anual del foro correspondiente por finca en La Bayuerga. |
Para una mayor y necesaria aclaración, ampliemos detalles en el registro censal de 1867, y en Condres, donde figura este hombre junto a la relación de su prole, pero ya con la pérdida del apellido Corugedo (3). En ella se detalla el nombre de su padre, Antonio Fernández de 70 años de edad y oriundo de Navarro (Valliniello), la mujer de este, Manuela Muñiz (1807), una hija soltera que atendía al nombre de Antonia (1837), y por supuesto, también consta José (1828), quien estaba casado con Manuela de Granda (1929), nacida en Nembro junto a la hija de ambos, María, quien contaba entonces con 7 años. Siendo el registrador, el maestro de Instrucción Pública, Manuel Cuervo.
![]() |
| Fuente: Geli Artime. Registro censal de los Fernández Corugedo, en Condres (1867). El patriarca, Antonio ya registrado sin el último apellido. |
Teniendo en cuenta lo anteriormente expuesto, vinculado a un espacio geofísico tan constreñido como Condres manifestamos el lazo de Antonio Fernández Corugedo Muñiz, con esta familia, como pariente en línea directa de ascendencia. El estudio detallado familiar y proporcionado por Covadonga Uría, que detallaremos posteriormente de su árbol genealógico así lo confirma.
(1). Empleamos indistintamente Corujedo o Corugedo (ambas válidas) dependiendo del contexto y/o referencia empleada (si se trata de documento histórico o no).
(2). Los informantes que socorrieron a Dionisio para la elaboración de su obra " Toponimia menor de Bocines" en esta zona de Condres, fueron Manuel Matías Fabián y Alvarín Prendes, (Casa José Manuel de Condres) y quienes con toda probabilidad prestaron esta información detallada.
(3). Sin poder precisar la fecha de la pérdida del apellido Corujedo en el árbol genealógico familiar en línea directa, si podemos añadir una información aclaratoria: con la creación del Registro Civil en 1870, y su nueva reordenación se conservó en innumerables casos exclusivamente el patronímico. A partir de este momento se priorizará el registro del primer apellido paterno y materno (en este orden), para así estructurar las pautas de filiación. Los nuevos tiempos, las prisas de los registradores, la falta de espacio físico en el papel de registro, hicieron el resto. Hasta entonces primaban intereses, sujetos en muchas ocasiones a tradiciones para perpetuar determinados linajes. Con ello, tal y como se expuso, para abreviar los escribientes eliminan la parte final de los apellidos compuestos, y con ello su desaparición definitiva.
Ubicación y un poco de historia.
"No saber lo que ha sucedido antes de nosotros
es como ser incesantemente niños".
Cicerón.
Ubicación.
Condres, es una aldea de la parroquia de Bocines que exhibe, no sin orgullo, un atractivo e interesante paisaje, al que acompaña una importante historia, vital para el desarrollo de la parroquia. Presume merecidamente, de tener un núcleo rural denso a algo más de 90 metros de altitud, desde la que divisa las ricas vegas y valles que le perimetran. Tiene en torno a unas 60 construcciones habitables, casi todas ellas en calidad de primera vivienda, del total de algo más de las 300 que existen en la parroquia.
Integrado en el lugar, luce Casa Corujedo, que forma parte de atractivo núcleo rural, participado por varias casas e instalaciones agroganaderas. Acompaña su antojana una disposición sudoeste, como casi el resto de las edificaciones colindantes, buscando la protección necesaria ante las incidencias climatológicas adversas. Actualmente, exhibe con honor comedido un artístico anuncio en fachada principal, que impide confusiones y ensalza el apellido perdido.
![]() |
| Fachada principal de Casa Corujedo. El cartel evita cualquier confusión. |
Morada enraizada en la historia de la parroquia, que manifiesta una solidez de las cosas que se han hecho para perdurar, tal lo testimonian los miembros de la unidad familiar, a través de la memoria de la propia Maruja : " Sobre la casa, ella calculaba que podría tener sobre trescientos años, que era muy antigua, por la propia información que le habían dado sus padres. Cuando se reformó, aparecieron dos hornos muy antiguos , que ya habían sido tapados en otra reforma anterior". Con toda seguridad, y atendiendo a esta declaración, podemos confirmar que la vivienda es más añeja que el asentamiento del propio apellido Corujedo en estas laboriosas tierras.
En la propiedad se encuentra rehabilitada panera, con cuidado y atractivo aspecto, de quien Paulino García Suarez detalla: " La panera de Casa Corujedo, fue traída de otro lugar y es de estilo carreño tardío". El propio José Ramón, Monchu, ahonda en algún que otro detalle: " La trajeron de algún lado, pero no se de donde. A la hora de volver a montarla fue cosa del carpintero Luis de La Mata y de un tío mío, Manolo (hermano de mi padre) que también lo era". El grabado de aquel acontecimiento aun se conserva sobre el dintel de la puerta de la panera: " Trajéronme el año 1951".
Retazos de historia, vinculados a la familia.
La historia de esta aldea, está vinculada a actividades desarrolladas y documentadas ya en el Alto Medievo. En el Liber Testamentarum Ovetensis se documenta una donación en el año 905 del rey Alfonso III , El Magno, a su mujer Jimena de unas propiedades en Condres. Apenas un siglo después, en 1060, Adosinda Roderíquiz, viuda de Garsea Ovéquiz (4) dona a la Iglesia de Oviedo unos terrenos para fundar un hospital de peregrinos. Gracias a este documento podemos, mil años después, precisar los entonces linderos de este lugar: " Dabo atque concedo per omnes hos suos terminos, id est per termino Entre(mero) (Antromero) et per termino de Candas et per termino de Caroceda (¿Carnicera?) et per termino de Sancto Acisclo et per termino de Sancta María de Arrem (La Ren) et per termino Coigio (Cuixo) et per termino Sancto Martino (hoy, Salines) et per termino de Eligio (¿Alixio?) et affligit prius diximus". Documento, que traducido al castellano actual, bien se pudiera transcribir del modo que sigue: "Doy y otorgo por todos estos sus términos, esto es: por el término de Antromero y por el término de Candás y por el término de ¿Carnicera? (5) y por el término de San Acisclo (¿?) y por el término de Santa María de La Ren y por término de Cuixo y por el término de San Martín (Salines) y por el término de Alixio (6) y se une donde primero dijimos". Con esta descripción de los lindes geográficos, nos podemos hacer una idea del territorio real de Condres en el siglo XI, y que no difieren mucho mil años después.
Analizando el texto de esta donación, con el conocimiento que confiere el poso y paso de los años, se aprecia la fórmula empleada entonces para evitar cualquier atisbo de duda : " Dabo atque concedo", esto es, traducido al castellano actual, Adosinda emplea un inequívoco : " Doy y otorgo", para la edificación del Hospital de Peregrinos. Y con ello, se abre unas amplias expectativas, de las que daremos cuenta en el siguiente epígrafe.
No sin antes recordar, una vez más, y para clarificar la raigambre histórica que nos atormenta, documento fechado el 13 de noviembre de 1331, donde se detalla como el abad de uno de los más importantes monasterios asturianos, el de San Vicente, controla el arrendamiento de las posesiones que tiene en la parroquia. En este, designa responsable de los cobros a un morador del lugar de Antromero que atiende al nombre de Johan Pérez, hijo de Joseph de Condres. Entre estos están los beneficios de la pesca de la ballena: “...SI DIENTRO ESTE TIEMPO RIENDA VENEIR GANANCIA DE BALLENA AL PUERTO DE ENTREMERO, DEVEIS VOS ABBAT A AVER LA MEATAT E YO LA OTRA MEATAT”, además de otras propiedades en San Martín de Bocines y el cenobio (7) de Condres.
Esta última edificación religiosa (cenobio), puede ser una de las piedras angulares para entender parte de la historia de nuestra parroquia y probablemente, atendiendo a referencias toponímicas y testimonios orales, vinculada actualmente a la familia Corujedo.
(4). En 1885 se hacen unas obras de ampliación de la iglesia de San Martín de Bocines y en ella parece una piedra sepulcral (actualmente desaparecida) en la que figura la expresión "famulus dei Garsea" ( García siervo de dios). El profesor Francisco Diego Santos (1915-2010), especializado en epigrafía (estudio de inscripciones) de la época romana y medieval, la data en el año 1082. Por lo que bien pudiera pertenecer esta lápida al marido de Adosinda. La conclusión final e indiscutible, es que se trataba de una persona con cierto poderío económico al admitir la iglesia su enterramiento en su interior. Lugar este destinado a ilustres personajes.
(5). Lugar de la parroquia de Candás, que dista a unos 0,4 km. de la capital.
(6). El Alixio, es un monte propiedad actualmente de la familia Corujedo. Es el propio José Ramón Heres, quien describe su ubicación: "Es lindante a uno de los tramos del antiguo Camino Real. Si se sube a Condres, desde La Flor y se pasa por detrás de Quico Rosa, giras a mano derecha y te lleva directamente al monte Alixio. Actualmente, parte del mismo lo hemos reconvertido en pasto y llega hasta la carretera de Bocines. Hay un camino, pero que está inaccesible".
(7).El término cenobio, procede del griego "koinóbion", que significa "vida en común". Su significado es el de monasterio o convento, esto es, lugar destinado para uso de religiosos y que posteriormente derivó en centro de cura de enfermos.
La Malata, el cenobio y Casa Corujedo.
"No me preguntes como pasa el tiempo:
cambiaron los nombres de los ríos,
las lenguas, los dialectos, las fronteras...".
Xuan Bello.
Empecemos con el orden necesario que obliga cualquier exposición, aclarando, o al menos intentando aclarar, términos y planteamientos, algunos de los cuales ya convertidos en sólidas y acertadas hipótesis ( o al menos así lo entendemos). Teorías y cábalas, todas ellas, que bien pudieran facilitar el entendimiento y comprensión de una importante parte de la historia doméstica y parroquial.
Así, es absolutamente necesario en esta iniciación conformar la respuesta a un interrogante básico: ¿Qué es una Malata?. Etimológicamente, procede con toda seguridad, del término italiano "malato". En el siglo XII, se asignaba así a las personas "malas" o enfermas, y ya desde el año 1334 se añaden especialmente a los "leprosos". Por lo que "Malata", pudiera bien ser el lugar donde se encuentran los enfermos y especialmente los leprosos.
Tratando de encajar piezas con la documentación disponible y en lo que a nosotros afecta, podemos hilvanar una cábala bien razonada, con fundados argumentos que ahora exponemos:
-En el año 1060, Adosinda, dona un terreno para la creación de un hospital de peregrinos. Desde el siglo X, la Basílica de San Salvador (actual Catedral de Oviedo) recibía una importante cantidad de peregrinos debido al Arca Santa y sus reliquias (8).
-Este lugar fue considerado como sagrado y visita obligada de viajeros creyentes, antes de proseguir marcha hacia Santiago de Compostela. Esto daría lugar a un famoso dicho popular de origen medieval que ha llegado hasta nuestros días:" Quien va a Santiago y no al Salvador (Oviedo), visita al criado y no al Señor". Está claro que el paso de algunos de estos peregrinos por Condres era una evidencia y la creación de un hospital de peregrinos, una necesidad.
-Nadie construye una instalación de este tipo, si no hubiera evidencia notable de tal tránsito. Todos los historiadores coinciden en la evolución natural de los hospitales en malaterías. Tanto Juan Uría Ríu, como José Tolívar Fáes, investigadores de referencia en estas vicisitudes históricas, confirman esta transformación de los originales hospitales.
-La lepra (9), convertida en enfermedad endémica, así obligará, convirtiéndose en el factor determinante de tamaña obra.
-Por su hubiera que aclarar más y en lo que a nosotros respecta, será el propio Pedro Busto en su obra "Toponimia histórica de Gozón", quién detalla el tránsito que ahora nos atañe: " ...levantó esi hospital (Condres), reconvertíu col tiempu, como pasó con otros munchos, en Malatería".
Una vez manifestado este argumentario y para poder disponer de una visión que nos facilite la interpretación y composición de lugar y espacio, estamos obligados al menos a comprender unos pequeños conceptos vinculados a aquel tiempo pasado. Así en esta época medieval, como tantas otras, las condiciones higiénico-sanitarias eran especialmente lamentables, provocando que la transmisión de la lepra se convirtiera en algo tan común como preocupante (el rey Fruela murió por la misma en el siglo X). Aunque el poco conocimiento clínico de la enfermedad, llevó en muchas ocasiones al inevitable error de diagnóstico, convirtiendo a enfermos de psoriasis, eccemas, sarna, erisipela, herpes,...etc., en leprosos y con ello, sufrir la discriminación social y el ingreso en las malaterías.
Como es de recibo, y la época invitaba a ello, la iglesia era la encargada de toda organización. Identificando y valorando la enfermedad, sin criterio científico alguno, siguiendo las pautas del Antiguo Testamento señaladas en el Levítico. Aquellos desgraciados dolientes de tan terrible enfermedad, que fueron víctimas de la libre interpretación de los textos sagrados por parte de responsables religiosos, eran estigmatizados, perdiendo todos sus derechos, bienes y propiedades. Pasando sus pecunios al establecimiento que los atendía, como forma directa de pago.
Tal y como se expuso, las malaterías estaban gestionadas, como no podía ser de otro modo por religiosos, y desde al menos 1331 en Condres se consigna la presencia de un monasterio (cenobio), en documento histórico citado con anterioridad. Dos siglos y medio después de la creación de aquel hospital de peregrinos en terrenos donados por Adosinda (1060), y atendiendo a los razonamientos de preclaros historiadores, ya se constata la presencia en la zona de este centro religioso y la más que evidente transformación en leprosería o malata. La toponimia respalda esta exposición.
Sin presencia de restos arqueológicos que testimonien esta instalación, nos quedamos con la relación de datos expuestos, que representan un importante aldabonazo a nuestra teoría, basada en documentos históricos.
Posible ubicación.
Durante el periodo histórico referenciado, estas leproserías normalmente agrupaban varias edificaciones en torno a un inmueble religioso (en nuestro caso un cenobio) y cuya capilla estaba, así mismo, casi siempre bajo la advocación de San Lázaro (patrón de los leprosos) o en su defecto de Santa María Magdalena, hermana de Lázaro.
Esta última precisión, que bien pudiera parecer insignificante, proporciona un interesante dato interpretable para fortalecer certezas, tal y como apostilla la investigadora local de referencia, Erika Álvarez: "En la zona hay ciertos topónimos que no dejan lugar a dudas al respecto. Amén del conocido término de La Malata, no debemos olvidar el manantial de La Magdalena, o la capilla con advocación a esta santa en Casa Condres. No es casualidad, como se demuestra a través de documentos medievales a malaterías en otros lugares del concejo como Vioño, Santa Eulalia o Santiago de Ambiedes". En esta misma suerte, y referenciado en otro próximo concejo, recogemos el testimonio de Julián García San Miguel, quien en su obra " Avilés. Noticias históricas" ( 1897), corrobora el anterior testimonio vinculado a la toponimia y detallada por Erika: " ...al finalizar el siglo XVII había en Avilés dos hospitales destinados a la curación de enfermos pobres, y un asilo de peregrinos y caminantes desvalidos, además de la cercana " Malatería de La Magdalena". El círculo se va cerrando poco a poco.
Habiendo aclarado esta evolución, y con el apoyo testimonial de nuestra investigadora, nos sentimos obligados a indicar, siguiendo el rastro que prevalece a través de los topónimos, una posible ubicación de aquel iniciático hospital, evolucionado en malatería. El investigador Pedro Busto, expone probablemente apoyado en testimonio erróneo: " La Casa María La Rodil, se sitúa en el prado que se conoce como La Malata ". Respecto a esta vivienda, hoy completamente rehabilitada y orientada a turismo rural, Monchu hace una precisión: " Es una de las casas más antiguas de la zona y que mantuvo su estructura hasta la reforma que le hicieron no hace tantos años". Según sus palabras, el paso del tiempo había respetado formas y usos de la misma: " Se podía ver la distribución y el llar, donde se cocinaba, sobre el suelo".
Retomando nuevamente el hilo conductor y sin ánimo de polemizar, nunca será este el objetivo, recurrimos a las precisas declaraciones de Arturo Artime, albacea de un conocimiento inapelable de toda la zona, quien confirma que el amplio área está limitada en gran parte de su perímetro por caminos y que ya existían en la Edad Media. "La casa de María La Rodil, era de la familia de "Condres" (conocida en la actualidad como José Manuel) y varias fincas de alrededor también. Estas fincas ninguna tienen el nombre de La Malata, y son, La Fanchina, El Peñuble, El Campo de Rovés". Precisión que pone en entredicho la aseveración dictada por Pedro Busto.
Por el contrario, Arturo testifica una precisa ubicación de aquellas heredades que actualmente tienen asignada tal denominación: " En Casa Corujedo, Casa Rosa y nuestra casa (Casa Lluisa) tenemos fincas que se llaman La Malata. Las dos primeras están pegadas y la de Quico Rosa por debajo de ellas y encima de donde se encuentran los invernaderos". Por si hubiera alguna incertidumbre al respecto, es la propia Covadonga González Uría, quien detalla y proporciona dato añadido: " La finca donde hicimos la casa se llama La Malata y también el suelo donde se hicieron las escuelas, que fue donado por un antepasado nuestro. Siendo la escuela a la que ya iría mi madre, Maruja (1926)". Sujeto a estos inmuebles hay una curiosa precisión, que proporciona el propio Arturo: "La finca de La Malata nuestra y la de Corujedo (Casa de Covadonga más la finca donada de la escuela) decía mi güelo que tenían los mismos metros. Lo más lógico es que inicialmente fuera todo una misma finca y más tarde, (teniendo en cuenta la precisión de la división) se partiría al medio en alguna herencia".
El paso de varias alternativas del Camino Real por los límites de las fincas reseñadas como La Malata, no hace otra cosa que afianzar teorías y despejar dudas. El siempre agradecido testimonio de Arturo, nos detalla uno de aquellos trazados, por el que tantos peregrinos condujeron sueños y frustraciones: "El Camino Real sería el que venía por el Alto El Monte, por el Rellario, pasaría al lado de la actual escuela, dirección Casa Muñiz y se metería por lo que llamamos el Alto La Sierra a salir a La Uz, dirección a Zanzabornín y Piedeloro". El penúltimo eslabón familiar de Casa Corujedo, José Ramón, Monchu, añade otra variante más, sujeto este tránsito al límite perimetral de esta finca referenciada: " Uno de los caminos históricos, que fueron paso de gente por esta zona, y que forman parte del Camino Real, muy anterior a La Caleyona (que facilitaba el paso a Bocines), era el que venía desde La Flor de Antromero, pasaba por el lado de La Malata, por detrás de Casa Quico Rosa y ya ibas directo al Monte Alixio, que te bajaba hasta Bocines". Hoy esta alternativa está completamente cerrada, por decisión de la propia naturaleza a los transeúntes.
La gran antropomorfización sufrida en la zona, entiéndase como tal la mano del hombre actuando, modificando y transformando, hace casi imposible el sueño de encontrar restos de antiguas construcciones medievales (mampostería, ruinas, escombros, cerámicas, etc.). "Nunca observamos restos de muros o piedras trabajadas en esta zona". En otras edificaciones históricas no tan distantes y referenciadas como el propio Castillo de Gauzón han sido "saqueadas" por mano humana, tal lo recuerda el historiador Julián García San Miguel : " Durante el siglo XIX los muros del Castillo de Gauzon han sido desmontados por los vecinos para hacer uso propio de sus piedras". Es la propia historia de la humanidad, la que condiciona y sesga su pasado.
¿Pudiera ser, tal y como ocurrió con innumerables edificaciones del Medievo que se aprovecharan sus restos para edificar encima, dada la solidez del terreno ya empleado?. Esta posibilidad que se contempla que nuestra malatería estuviera debajo de actual escuela, no parece tan descabellada.
Pese a falta de confirmación, y sin desmerecer cualquier otra hipótesis, nos sobran los motivos para creer y sostener como cierta, la teoría de la ubicación del hospital de peregrinos en la zona referenciada, y mientras no se demuestre lo contrario, así lo mantendremos.
La xente de la Casa Corujedo.
"La familia es una de las
obras maestras de la naturaleza".
George Santayana.
Al entrar en todas las moradas de cierto raigambre e historia, y pese a probables reformas habidas, se sienten crónicas de otros tiempos, algunos no tan lejanos. Se perciben viejos olores a cocina de leña, a palabras que flotaban sobre el fuego del llar, a tierra húmeda y yerba recién cortada. Un mundo de gentes recias y cuerpos resignados que abanderaron el sacrificio como forma de vida. Un mundo ya tan lejano, construido por hombres y mujeres que nunca han buscado gloria, ni reconocimiento alguno en su lucha diaria contra los desajustes mundanos.
Son estas gentes las que merecen el recuerdo, antes de que la dictadura que marca el paso del tiempo, acabe de desdibujar definitivamente sus rostros y sus vivencias. Por ello, recurrimos a los recuerdos y a las palabras de Covadonga, Monchu y José Ramón, Pepe, para atrapar y eternizar sus evocaciones con las palabras. La xente de Casa Corujedo, así lo merece.
Aunque ya se había proporcionado alguna información respecto a la llegada del apellido Corujedo a esta familia, hagamos necesaria parada para tratar de aclarar definitivamente su origen y así iniciar este trayecto familiar con la confianza de los que creen tener la hoja de ruta bien definida.
Para conciliar esta procedencia con nuestros intereses debemos viajar hasta el siglo XVIII, al año 1798, con el nacimiento de Antonio Fernández y hasta las tierras de San Pedro de Navarro (entonces parroquia de Gozón). Todo apunta que este hombre verá luz en Corugedo, en el actual Fondo de Valliniello y hoy despoblado de casas habitables.
El orgullo del patriarca e iniciador de este apellido en Condres hace, tal y como se acostumbraba, un añadido a su original Fernández (10) buscando un referente identitario. El empleo de este tipo de apellidos toponímicos, habituales en siglos pasados, era una forma de identificación funcional para distinguir a las personas, precisando el lugar de origen, especialmente cuando emigraban a otros lugares. Así de este modo, trataban de conseguir dos objetivos: el primero, evitar posibles confusiones con otros vecinos y el segundo, tal y como se expuso, ensalzar la raíz de su ascendencia, realzando su procedencia.
Lo frecuente era que fueran precedidos de alguna preposición, tal era "de", y así es habitual en el asiento censal de la parroquia de 1867 la presencia de varios apellidos con esta construcción: de Prendes; de Viodo; de Granda; de la Braña; de Luanco; de la Vega o de la Viña. La evolución registral va sustituyendo esta preposición por un guion (ejemplo: Fernández-Corujedo), hasta la práctica desaparición de este, junto el toponímico.
La evidente conclusión se manifiesta con argumentos irrefutables. Antonio Fernández, nacido en el umbral del siglo XVIII, será quien añadirá el apellido Corujedo a la familia, para recordar su procedencia vinculada a la parroquia de San Pedro de Navarro, ante su inminente segregación de aquellas tierras.
El inicio de Corujedo, en Condres.
Una vez hecho esta previa y necesaria aclaración, y con el imprescindible apoyo del árbol genealógico, desarrollado con el esfuerzo y tenacidad de los miembros de la unidad familiar, encabezada por Covadonga, nos disponemos a recordar, en tránsito histórico, aquella evolución vinculada a estas gentes.
Tal y como se detalló, Antonio Fernández de Corugedo (1787), nacido en la parroquia de San Pedro Navarro, contraerá nupcias con Manuela Muñiz (1807), quien pertenecía a la raíz primigenia de la familia y nacida con toda probabilidad en Condres. De la unión de ambos, se tiene constancia la existencia de dos hijos: Antonia (1837), soltera y José Fernández (1828), casado con Manuela de Granda (1829), nacida en Nembro. De este último matrimonio, nacerá María (1860). Todos ellos vinculados al trabajo que generaba la tierra, duro, exigente y poco agradecido, esto es, como profesión declarada, "jornaleros".
En paralelo y en la parroquia gijonesa de Ruedes, nacerá en el año 1857, Antonio Uría Nava, fruto del matrimonio compuesto por José Uría Fernández (1832) e Isabel Nava Blanco. Antonio, trabajará al servicio de la Delegación Provincial de Hacienda en las labores de recaudación de impuestos. Sospechamos que en una época dura como la vivida por él, no debiera de ser tarea fácil el recorrer puerta por puerta para el cobro de cualquier tributo.
Nuestra parroquia será una de las zonas encomendadas para tal ocupación. Arturo Artime, haciendo gala de una memoria envidiable, nos transmite información detallada de un cruce familiar que atañe a su familia y a la de Corujedo: "Una tía de mi güelo (María), estaba casada con el que fue el padre de Laureano y este hombre había sido recaudador de la contribución".
La certeza se evidencia una vez más y la chispa de la atracción nacería entre José Uría y María Fernández Corugedo, constituyendo una nueva unidad familiar. Covadonga, subraya en acción altruista, el apego de aquel hombre por la tierra que le acogería : " Mi bisabuelo era recaudador de impuestos de la contribución y era de Ruedes, en Gijón. Donó el terreno para hacer la escuela (11) en los primeros años del siglo XX, y también dinero".
Tal y como detallaba la declarante, en la relación de donantes para la construcción de la casa-escuela de Condres del año 1902, figura Antonio Uría con la cantidad de 15 pesetas, siendo la dádiva más importante entregada la correspondiente a José Manuel, Casa Condres, con 100 pesetas.
Años más tarde, su nieta Maruja Corujedo, será una de las beneficiarias de aquella edificación, tal lo recuerda Monchu: " Mi madre fue a la escuela, cuando se podía, de Condres y entre otras cosas cuando era pequeña lo alternaba con el trabajo. En casa había que hacer de todo, y más siendo hija única. A cuidar les vaques, a espantar los cuervos, para que no comieran el maíz...". Aunque estas ausencias obligadas por exigencias familiares, no le impidieron dominar con soltura los rudimentos y grafismos numéricos y ortográficos
José Uría Fernández - María Fernández Granda, Corujedo.
Este matrimonio se formalizará en la década de los ochenta del siglo XIX. Será una unión muy prolífica para los intereses demográficos de la parroquia. Siguiendo la pauta del árbol genealógico elaborado y cedido gentilmente por la familia, haremos breve, pero necesario recorrido para recordar los catorce vástagos nacidos con vida al amparo de esta unión:
-Feliciana, nacida el 10 de julio de 1882. Se casaría en dos ocasiones. La primera con el castrillonense Vicente Iglesias, formando inicialmente familia en Arnao. De ese matrimonio nacería su hija, Ramona (1906). Las segundas nupcias serán contraídas con José Heres Valdés, José La Rodil (1880), y sumará cuatro nuevos vástagos: Laureano (1916), Ángela (1920), Falina y Luisa (1923).
-Josefa, nacida el 17 de octubre de 1883. Casada con Manuel Ovies Gutiérrez. Sus hijos, Genaro y Ramón.
-Laureano, nacido el 27 de enero de 1888, (+ 6 de enero de 1969). Contrajo matrimonio con Consuelo Rodríguez González (1884), de Casa Pin. Solo tendrán una hija, Maruja Corujedo. Este matrimonio dará continuidad socio-económica a nuestra casa de referencia.
![]() |
| Fuente: Moncho/Covadonga Corujedo. Miembros de la familia Corujedo, posan delante de la panera repleta de riestres de maíz. Laureano, con camisa blanca y chaleco. |
-Manuel, nacido el 4 de noviembre de 1890.
-Carmen, nacida el 24 de mayo de 1892. Casada con Ramón Rodríguez Granda, en Casa Barrera. Tuvieron cinco hijos: Carmina, Jesusa, José, Ramón y Luisa.
-Vicente. Sin datos de su nacimiento. La fecha de su defunción, nos indica una muerte prematura (16 de octubre de 1894).
-Genaro. Nacido el 9 de junio de 1896. Casado con Esperanza Barroso Pérez. El matrimonio tuvo tres hijos: Reiselda, Arnaldo Orlando y Aleida. Fue uno de los tres hermanos que emigraron a Cuba, en búsqueda de fortuna.
![]() |
| Fuente: Monchu/Covadonga Corujedo. Genaro (1973). |
![]() |
| Fuente: Geli Artime. En el recuadro, los miembros de la unidad familiar de Casa Corujedo, en el censo de 1924. |
-Jesusa y Jesús. Hermanos mellizos. Nacidos el 20 de febrero de 1898. Jesús fallecería apenas un año después, en enero de 1899. Su hermana se casó con Jesús Blanco, viviendo en Aboño y tuvieron tres hijos: Oliva, Laureano y Carmina. A la muerte de Jesusa, y debido al estado de desamparo en que quedaron sus retoños hubo que tomar una decisión salomónica consensuada. " Sus hijos se repartieron por las casa de los familiares, para poder cuidarlos, pues eran muy pequeños".
-Aurora, nacida un 25 de junio del año 1899. Se casaría con Benigno Álvarez Menéndez, de Casa Capellán, en Bustio y tendrán seis hijos: Manolo, Eloína, Luisa, Luis, Ángel y Cecilia.
-Consuelo, nacida ya en el siglo XX, el 21 de marzo de 1902. Se casaría con el antromerín, José García (hijo de José Manuel, La Flor y Teresa La Mata) . Tendrán dos hijos: José Antonio y María Teresa.
-Paulino, el último hijo. Nacido el 3 de septiembre de 1904, fallecería sin haber cumplido el año de existencia (5 de agosto de 1905).
La labor desarrollada por los miembros de esta familia, con Covadonga como guía necesaria en la confección de su árbol genealógico, ha sido vital para adentrarnos en los entresijos sanguíneos de Casa Corujedo. Son este tipo de actuaciones las que nos hacen pensar que todo no está perdido en la búsqueda y recuperación de unas raíces que, en el fondo, son de todos. Al fin y al cabo, la historia doméstica, nuestra historia, se entremezcla convirtiéndose en un necesario muro de contención ante el avance de la desmemoria.
La emigración.
No hay nada más injusto que la tierra que te vio nacer te de la espalda, que niegue las oportunidades que una madre jamás negaría. La emigración /migración es la cara sucia de la humanidad. Nadie abandona su hogar, a su familia, a los olores de la infancia, si no es porque en tú tierra, o al menos así lo creías que era, te ha cerrado puertas que siempre debieron estar abiertas.
La escritora somalí Warsan Shire, describe como nadie esa angustia ante la incertidumbre en su obra "Home". Este poema, símbolo de la migración y sus injusticias, es el relato desgarrador que representa el abandono del hogar y el afrontar los peligros, el desasosiego del futuro incierto. En esta familia, comprobaron en propia carne estas desventuras vitales, en una marcha forzada allende los mares. Cuba les esperaba.
Los hermanos Alfredo, Genaro y Laureano, de forma escalonada, buscan el sueño americano en la isla antillana. Así lo recuerda Moncho: " Mi güelo, Laureano, emigró a Cuba con sus dos hermanos Alfredo y Genaro". La llegada al poder de Castro en el año 1959, trastocará los planes familiares. " Alfredo se quedó en la isla, no se quiso marchar y nunca supimos más de él. Genaro, ya de mayor, salió para EEUU con toda su familia, a la que fue reclamando poco a poco. Primero, la hija mayor y después el resto".
En cambio, Laureano tomará una decisión, tras su marcha, que marcará el devenir familiar: "Mi güelo, volvió antes de que pasara eso y conocería a mi abuela y nunca más marcharía". Los motivos, amén del encuentro con la que sería su futura esposa, estuvieron marcados por un aspecto vinculado al futuro de la casería, tal lo señala Covadonga: " Una vez que regresó, vio que en casa solo había mujeres, que hacía falta la mano de un hombre y se sintió obligado quedar para trabajar aquí".
Con esta decisión, Laureano pone punto y final a su aventura migratoria, para desarrollar todo su esfuerzo y empeño en sacar adelante a la familia. Decisión que le honra y demuestra un carácter tenaz e inquebrantable, muy propio de nuestros antepasados, quienes sabían como nadie el reto que representaba vivir cada día.
(10). El empleo de apellido toponímicos fue muy habitual en siglos pasados. El objetivo no era otro que hacer la pertinente distinción entre otros apellidos muy comunes. Así, realzar el origen y procedencia del individuo y evitar confusiones. Esta práctica comenzará a diluirse en el último cuarto del siglo XIX, con los registros civiles y las normas imperantes de registro.
(11). El comité de sabios municipal decidió construir en 1902 las escuelas en Condres, desoyendo el criterio del entonces maestro de Instrucción Pública, quien se sentía mucho más cómodo en Salines. El reto de subir por lo que sería el infernal estado de La Caleyona o en su defecto por el monte Alixio que unían estos lugares, junto con su avanzada edad, era con toda seguridad, su mayor argumento no confesado. Los motivos esgrimidos por aquel comité para esta nueva ubicación estaban apoyados en varias consideraciones: Condres estaba más en el centro de la parroquia (teniendo en cuenta el desplazamiento de los escolares de Antromero) que Salines, además de estar mejor comunicada al disponer de "tres caminos de peón (de pie) y dos de carro". Estos últimos, también llamados de rueda o piedra, por su pavimento estar adaptado al tránsito de los carros y carretas de entonces.
Laureano Corujedo y Consuelo Rodríguez (Casa Pin).
"Yo puedo hacer cosa que tú no puedes,
tú puedes hacer cosas que yo no puedo;
juntos podemos hacer cosas grandiosas"
Madre Teresa.
Un tiempo después, y a la vuelta de Cuba, Laureano se casará con una vecina. " Nuestra abuela era de Casa Pin, en el barrio de La Uz". Esta mujer, atendía al nombre de Consuelo Rodríguez González, nacida en el año 1892. Para entrar en más detalles respecto a su familia, recurrimos al censo municipal, aun asumiendo posibles errores derivados de la transcripción de los censistas del momento, tal y como pudiera ocurrir.
Consuelo / Casa Pin.
Acompañados, una vez más, de estos datos abrimos la espita de la información oficial, que no por ello debe de ser tomada con precisión matemática, aunque representa una orientación aprovechable e importante para este rebusco histórico. Los padres de Consuelo serán Evaristo Rodríguez García (1868) y Ramona González García (1872), quienes completan la unión familiar con siete hijos: La primogénita Consuelo, Balbina (1900), María (1903), Evaristo (1906), Manuel (1907), Avelino (1908) y Ramona (1910).
De los miembros de esta prole, rescatamos información derivada de la prodigiosa memoria de Arturo Artime: "Evaristo, el mayor, estaba casado en el barrio de La Uz. Avelino, al que llamaban Abel, se casó con Isabel de Fumayor y vivieron en Condres, en la casa que fue de Marcelo Gonzale, matándolo al acabar la guerra. Y las tres hermanas de Consuelo, quedarían solteras. Ramonina, moriría muy joven".
![]() |
| Fuente: Geli Artime. Registro censal de 1924 de Casa Pin. |
Si entramos en los detalles de este informe, podemos sonsacar algunas cosas curiosas. Todos los hijos manifiestan saber leer y escribir, con la excepción de la propia Consuelo, quien admite conocer los rudimentos de la lectura y no así de la escritura. De estos, llama la atención el registro de las ocupaciones de Manuel y Evaristo, quienes declaran dedicarse al "comercio". Dato curioso en un ambiente rural como aquel, y ante la ausencia de establecimientos en la parroquia donde se pudiera desarrollar este tipo de negociados, estarían obligados a un desplazamiento territorial para poder ejercer tal oficio.
![]() |
| Fuente: Monchu/Covadonga Corujedo. Consuelo. |
Atendiendo a los fiables criterios vecinales, las gentes de Casa Pin, se distinguían por un carácter pausado y tranquilo. Trabajadores incansables en el mundo material de tierra y muy creyentes en el mundo espiritual, hacían gala de estas virtualidades en la rutina diaria, tal y como pudieron comprobar aquellos quienes lo conocieron.
En unos tiempos plenos de supersticiones, agorerías y sortilegios, había gentes consideradas como portadoras de facultades para adivinar y sentir como el futuro dejaba señales. Interpretables tan solo por los escogidos (12), la hermana de Consuelo, María, era una de esas personas elegidas. " Decían que era vidente. Y había cosas que parecía que así fuera. Las de Casa Pin, venían por La Sierra a buscar la leche o a traer huevos, aquí a casa. Donde Casa Marcos, por la parte de arriba hay otra casa que llaman Los Puerros y María al pasar por delante dijo que iba a morir alguien porque vio un muerto salir por la ventana. A mucho no tardar moriría una mujer en ese sitio y la tuvieron que sacar por la ventana, pues por la puerta fue imposible". Años más tarde, atinaría en el infortunio de la familia Corujedo. " Cuando murió mi padre, María venía por La Sierra y oyó gritos. Dijo que alguien iba a morir y al día siguiente lo hizo mi padre". No tan solo sus vivencias estaban ligadas a las defunciones, también aventuraba la vida: " Sabía antes de nacer la criatura si iba a ser niño o niña".
Reconocida su potestad con el futuro inminente, ninguno de sus consejos pasaba desapercibido, sino todo lo contrario. " Decía cosas como si soñabas que la mar ardía o si lo hacías con sangre, la desgracia te esperaba. Así que se lo decía a mi madre y esta a nosotros. También que no se podía comer trece personas en la misma mesa. Mi padre moriría al poco tiempo de haber comido ese número todos juntos. Así que, mi madre si había trece, ella no comía".
Si buscamos una unanimidad y consenso respecto a la figura de la matriarca Consuelo, la coincidencia es unánime:" Mujer trabajadora y tranquila", manifiesto este que no vencería con el transcurso de los años. "Le gustaba mucho el estar funcionando por la tierra. Prefería esto antes que las labores de la casa. Iba a sallar por la mañana y siempre nos decía que le lleváramos al mediodía la comida, así no tenía que volver".
Los excedentes lácteos de la ganadería, eran objeto de venta o trueque, tal lo detalla Monchu: "En esta casa siempre las mujeres fueron a vender a la plaza de Candás. Mi güela iba todos los días con la leche encima de la cabeza camino del mercado". Aquel exigente tránsito, requería resistencia y algún que otro descanso. "Y siempre se hacía la pausa para descansar. En Casa José Manuel y en Casa El Sevillano se hacia la parada. Se quitaba el peso, la goxa de la cabeza para coger aire y poder seguir". Este espíritu de sacrificio exhibido, no tendría cabida en la actualidad: "Si mandas hoy en día a cualquiera que vaya andando a Candas todos los días, sin nada, solo andando, te ponen pingando". En aquellas relaciones comerciales, el objeto de la transacción no siempre estaba sujeto a intercambio monetario, como lo recuerda Covadonga: " Seguramente no toda la venta se traducía en dinero. Cambiaría la leche por otras cosas que se necesitaban como sardines, pescao, ...lo que fuera".
El aspecto físico e indumentaria de Consuelo, común a tantas mujeres de la época, estaba sujeto a esfuerzos, rictus del empeño permanente y como no, a costumbres enraizadas en lo más profundo de la sociedad rural:" La conocí de negro, siempre de negro y con la pañoleta en la cabeza. Nunca fue joven. Si moría alguien cercano a la familia, el luto ya no se quitaba jamás".
![]() |
| Fuente: Monchu/Covadonga Corujedo. Consuelo, con sus nietas gemelas: Dolores e Isabel. |
Su compromiso religioso no ofrecía fisuras y se manifestaba con la evidente fidelidad del creyente y practicante. "Era muy religiosa. Iba andando a Bocines a misa, con el cura Don Genaro. Iba con Cecilia Rosa y alguna más, todos los viernes de primero de mes y poco importaba el tiempo que hiciera: lloviendo, ventando, granizando. Además, tenía la costumbre de bendecir todos los años la cuadra, con agua bendita". Aquel cometido de asistencia a los oficios religiosos, sería compartido con la sabia nueva de la familia: "Cuando nosotras éramos mayores echábanos a ir con ella".
El transcurso de los años, va a generar una alianza inopinada en la casa originaria de Consuelo. " En Casa Pin, a última hora quedaron solas dos hermanas suyas, María y Balbina". Su avanzada edad facilitó un acuerdo con el joven Marcelo Lluisa y su esposa, Joaquina: "Los güelos de Arturo Artime trabajarían a porcentaje de la producción, pues aquellas mujeres ya no tenían edad para faenar. Fueron la únicas que conocí de Casa Pin y entonces ya eran muy mayorines".
Laureano Corujedo.
Según los expertos en relaciones sociales, no hay mejor aprendizaje que conocer mundos diferentes y sus gentes. A principios del siglo XX, aquel esfuerzo que representaba la aventura de explorar nuevas tierras no estaba al alcance de todos los mortales. Tan solo la ambición de superación, en la mayoría de los casos, te invitaba a afrontar tan solemne riesgo.
Laureano, tal y como se expuso, tratará de conseguir unas mejores expectativas en Cuba. Regresará de forma voluntaria y una vez en la tierra que le vio nacer, formará familia. De aquel matrimonio con Consuelo nacerá una sola hija, Maruja Corujedo (1926). Esta mujer, con el paso de los años, estará llamada a ser el pegamento necesario e imprescindible de la familia.
Llama poderosamente la atención que solo hubiera un único fruto en la unidad familiar, teniendo en cuenta los antecedentes familiares de los cónyuges (catorce hermanos por parte de Laureano y siete por Consuelo). El motivo pudo estar desencadenado por la edad. " Para aquellos tiempos, se casaron muy mayores, con cuarenta y bastantes años".
Su personalidad, no pasaba desapercibida a quienes convivieron con él. Hombre adusto, muy serio, al que no le hacían gracia las frivolidades. Lucía un imponente mostacho, que además de cumplir con los cánones de moda, imponía inevitablemente un manifiesto respeto, además de estar siempre acompañado de su inseparable boina. " Siempre lo conocí con bigote. Cuando llamaron a Reija para hacer las fotos de familia numerosa, en una de ellas están mis abuelos con sus cuatro nietos. Mi abuelo, no lleva la boina y se puede apreciar perfectamente la línea que marcaba el moreno y donde siempre tenía la gorra, porque no se separaba de ella". Hombre recto y de costumbres perennes.
![]() |
| Fuente: Monchu/Covadonga Corujedo. "...y se puede apreciar perfectamente la línea que marcaba el moreno." |
En el pueblo, le rendían una merecida deferencia, que no impidió el reconocimiento de sus vecinos : " Era una persona apreciada y querída. Fue muy servicial, siempre ayudando en todo lo que podía a los vecinos". Virtuoso en la exigente manejo de útiles y aperos agrícolas. " Muy hábil segando, enseñó sus artes a mucha gente". Cumpliendo con los trabajos rutinarios de la casería, también transportaba madera con la pareja de vacas. Pendiente de todo, nada quedaba al libre albur, metódico y práctico: " Segaba los sábados, evitando la imposición de la iglesia, que prohibía trabajar los domingos".
| Fuente: Monchu/ Covadonga Corujedo. La "pareja", a la puerta de la cuadra, con Monchu y su primo José Luis. |
Mientras Maruja Corujedo, su hija, estuvo soltera hubo una colaboración, entendemos necesaria, para cubrir la intendencia diaria de la casería, tal lo recuerda Arturo Artime: "Mi güelo, Marcelo Lluisa, decía que antes de casarse Maruja, solo estaba como paisano Laureano y que tenían un criao. Este dormía en una habitación que estaba separada de la casa, entre esta y la antigua Casa Lluisa". La necesidad de garantizar las cosechas y atención del ganado, así obligaría.
La rutina laboral se rompía en fechas concretas, que estaban marcadas en el calendario: " Iba todos los años a la Virgen de Lugas, en Oviedo, una santa vinculada al mundo de la ganadería y la protección de los animales. Allí se reunía gran cantidad de personas que tenían mucha fe en aquella virgen, pues había gente que donaba hasta un xato". La proximidad de Avilés y de su mercado semanal, era un atrayente inevitable: " Todos los lunes al mercao de Avilés, iba a coger el tren a El Regueral, andando. Acompañado del de Segundo La Capilla y del de Casa Carreño. Comían allí y de noche volvían".
El anuncio de su vejez, le generará problemas de salud varios, y de los que está pendiente su hija, Maruja: " Mi güelo estuvo muchos años enfermo, del corazón , de la orina, y mi madre cada poco iba andando hasta Luanco para buscar al practicante y así poder sondarlo, a media noche, a cualquier hora, porque no había coche todavía en casa".
Si tuviéramos que destacar el genio vital de Laureano Corujedo, podríamos hablar de un hombre práctico, resolutivo, serio y muy trabajador. De aquella personalidad, da cuenta una anécdota Arturo Artime: " Laureano Corujedo era un hombre muy serio, recto, metódico. Nada más que ver el bigote ya imponía. No creo que nadie se atreviera a pisar un prao, un regato o un bardial suyo. Bueno, nadie menos Güelín (13). Aquello le llevaba a chupar más palos de Laureano, que otro poco. Un día, tras la provocación de Güelín, este cayó al suelo fruto del empuje del Corujedo. Mi güelo recuerda que pegara con la cabeza en el suelo y sonara como si cayera un calabazón. Una vez en el suelo y pensando que nadie lo iba a librar de lo que se le avecinaba, empezó a gritar: "¡Auxilio, vecinos, que me mata Laureano Corujedo!". Su nieto Monchu, pone la guinda a aquel respeto exacerbado, que no distinguía edades: "Los guajes, cuando jugaban al balón en la escuela y les caía al prao donde estaba segando, nadie se atrevía a ir a buscarlo".
![]() |
| Fuente: Monchu/Covadonga Corujedo. Laureano, primero por la derecha, porta con indisimulado orgullo al patrón San Martín, en procesión. |
Laureano, genio y figura.
(12).Según antiguas creencias, solo las personas que habían sido bautizadas en Jueves Santo, o bien por el error cometido por el sacerdote al haberles bautizado con los óleos de ungir los muertos, eran los privilegiados de anunciar las muertes antes de que ocurrieran.
(13). Apodo familiar que ha llegado a nuestros días. Sus varones siempre se caracterizaron por el permanente conflicto vecinal.
María Uría Rodríguez, Corujedo y José Ramón González González.
"La fortaleza no viene de la capacidad física.
Viene de una voluntad férrea".
Mahatma Gandhi.
Recordar, aunque pudiera parecer, no es mirar atrás con añoranza, es tender un puente entre aquello que fuimos y en lo que nos hemos convertido. Recordar, es recuperar palabras, cada historia, los gestos y andanzas de las personas que nos abrieron un camino entre el desasosiego amenazante. Recordar, es revivir la entereza y determinación de afrontar retos imposibles, con los que ha puesto a prueba el destino y transmitida de generación a generación, para convertirse en un acto de resistencia.
Por eso, preservar la memoria no es un lujo ni un gesto romántico, es una necesidad. Los pueblos y las familias que recuerdan mantienen viva su esencia, aprenden del ayer para mejorar el mañana. La familia Corujedo, representa plenamente ese espíritu inconformista aplicado con la tenacidad y rigor necesario. Son sus antepasados un claro ejemplo de la dignidad y el trabajo honrado, en la que se han reflejado sus últimas generaciones.
Ese, y no otro, es el motivo por el que estamos obligados a ejercer la memoria, esa fuerza invisible que nos sostiene vivos y unidos. Por ello, es el momento de recordar la gallardía de María Uría, Corujedo y su esposo José Ramón.
| Fuente: Monchu / Covadonga Corujedo. José Ramón y Maruja,disfrutando de una romería. Por la inclinación del prao, bien pudiera ser la de San Pedro. |
María Corujedo.
La fortaleza de la sociedad rural se basa, sin discusión, en la pujanza y el ánimo de las mujeres. El mal llamado sexo femenino, ha sido un claro ejemplo de resiliencia ante la adversidad y pese a la estudiada discriminación social que restaba iniciativas y frustraba ilusiones. Hay féminas que si no existieran habría que inventarlas, tal fue el caso de Maruja.
Hija única del matrimonio compuesto por Laureano y Consuelo, supo bregar como nadie contra la adversidad y un destino salpicado de incertidumbre. No era solo una trabajadora incansable, era también una mujer que cargaba el mundo sobre sus hombros, sin una mala palabra, empapada en superación física y fortaleza espiritual, tal lo recuerda su hija Covadonga: " Siempre fue muy sociable. Una mujer que siempre tenía para todos los que se le acercaban. Allí no había diferencias y mientras vivió estaban las puertas abiertas para todo el mundo, sin excepción. Nunca distinguió entre pobres o ricos. Todos eran iguales".
Disfrutaba como nadie con la presencia ajena en su casa, y las visitas eran gentilmente agasajadas, como excelente anfitriona que era: "Aquel que entrara en casa, lo hacía con confianza familiar y no salía sin tomar café, vino o lo que fuera". Persona meritoria y muy apreciada, incluso fuera de su entorno de convivencia: "Muy buena gente y muy querida. Tenía una gran relación con la gente de Antromero".
Profundamente religiosa, virtualidad heredada de su madre, predicaba con el ejemplo: " Perdonaba a todo el mundo, por mucho mal que le hicieran. No tenía ningún problema en dar el perdón: ¡Que mas da, déjalo pasar!, decía siempre". Había fechas señaladas, que recurrían a sus recursos y dominios píos: "Era quien rezaba el rosario cuando moría alguien de alrededor. En casa también rezaba el rosario todos los días del año".
Fruto de aquel apego por el mundo espiritual, rehabilitó una imagen de culto, seguramente condenada a la desaparición: "Tenía una virgen que representaba a la Inmaculada. Era de Casa Pin, donde nació mi güela. La ropa que tenía estaba muy estropeada y Marujina de Casa Benita, la vistió y al final, para mejorar su aspecto, le puso en pelo natural de su propia coleta . Esta imagen la donaría a la iglesia de Bocines". Hoy forma parte del arte sacro del retablo del templo parroquial.
Aquel compromiso religioso, no solo se manifestaba con su persona, también ayudaba a cumplir responsabilidades adquiridas por los suyos, tal lo recuerda uno de sus nietos, José Ramón Heres, Pepe :"Cuando fui monaguillo, era ella quien me acompañaba hasta la iglesia, pues mi madre estaba navegando con mi padre ".
| Fuente: Monchu/Covadonga Corujedo. Maruja, de joven. |
Las relaciones entre la vecindad rural, por obvios motivos, pueden estar contaminadas, salpicadas de injerencias que envenenan la sociabilidad. La idealizada Arcadia no siempre se manifiesta, salvo en determinados casos que facilitan el engranaje perfecto de empatía y cordialidad, especialmente cuando coinciden en la comunidad dos personas buenas, como lo recuerda Monchu : "Mi madre fue hija única y siempre se llevó muy bien con Marcelo Lluisa, criándose como familia. Cuando mi madre quedó viuda, aquel aprecio común lo demostró Marcelo con su ayuda".
Infatigable trabajadora, mantuvo las pautas de venta heredadas por su madre y la misma orientación geográfica de aquella: " Iba a vender a la plaza de abastos de Candás. Llevaba todo lo que sobraba de la huerta, huevos,...En cambio, casi todos los vecinos iban a Luanco, ella prefirió siempre, tal y como lo hacía mi güela, ir a Candás". El paso de los años en ningún momento venció la intensidad que emanaba su personalidad: "Ya con ochenta años, iba con nosotras a la tierra y trabajaba como las demás. Sacaba patatas como una máquina".
Vida sacrificada, a la que no amedrentaba los esfuerzos improductivos derivados de decisiones ajenas e injustas:" Antes de que se recogiera la leche por las casas los camiones cisternas de las empresas, había que llevar la leche hasta Casa Jesusa, en La Cardina. Llevaban las latas de leche en la carretera general, y lo hacían con La Caleyona destrozada e impracticable. Allí, lo recogía José El Lechero y metía un comprobante para mirar si estaba buena. Si decidía que estaba mala, otra vez de vuelta, sin protestar". Aquel abuso se demostraba en ejercicio doméstico: " Llegaban a casa, lo hervían y la leche estaba buena". La explicación de semejante desafuero estaba en un exceso lácteo del almacenista:" Cuando hacían eso, es que ese día tenían mucha leche y no la necesitaban. Para suerte de todos, eso es historia pasada".
Durante su niñez, tuvo un paso intermitente por la escuela, que no le impidió dominar los números y las letras, con las que disfrutaba: "Fue cuando pudo a la escuela, pero leer y escribir lo hacia perfectamente. Ella leía mucho. Disfrutaba leyendo, le gustaba muchísimo. Cuando iba a la plaza, siempre traía revistas que le daba su prima. Siempre estaba leyendo, cuando no tenía nada que hacer". Manteniendo un curioso hábito, común en otras personas muy lectoras: "El periódico lo empezaba por les esqueles. Y muchas veces decía: "Murió una de ochenta y pico y siempre repetía: pues no era tan vieja". Tal y como hemos podido comprobar, este tipo de enjuiciamiento tras la lectura de los obituarios, es habitual en muchas personas de edad madura.
En sus últimos momentos, la dominaba una especie de desasosiego que solo calmaba el refugio de la oración: "Una vez que estaba enferma y que estaba en estado de agitación, le decía vamos a rezar y eso le calmaba, le relajaba".
Una vez más, a la hora de rendir cuentas finales, el destino quiso jugarle una última mala pasada, a esta persona caracterizada por su sociabilidad: "Murió cuando la pandemia del Covid, a los pocos días del confinamiento. Las visitas prohibidas, se enterró sin prácticamente gente. Nadie pudo dar el último adiós a una persona tan querida y apreciada". Una mujer que correspondía con la honra a los fallecidos en todos los entierros.
Maruja, fue el claro ejemplo de las mujeres de una época, marcadas por el esfuerzo y resiliencia necesaria para fortalecer a su gente. Un motor incombustible, salpicado de bondad natural y cariño resistente a cualquier desafío. Trabajadora incansable que afronta los retos sin queja, demostrando con hechos que el cariño se gana estando presente, desplegando sus lazos invisibles con los que mantuvo firme a toda su familia, y dejando aun, atadura para que cualquier desconocido se sintiera parte de su familia. Así era y será siempre Maruja.
José Ramón González, Pepe.
José Ramón, más conocido por Pepe, nació en San Jorge de Heres, en Casa Xelad. Su nieto, quien comparte mismo nombre y apelativo familiar proporciona algún detalle, vinculado a sus orígenes: " Fueron cuatro hermanos, Manolo, Antón, Lola y él. Todos, excepto mi abuelo, permanecieron solteros y no tuvieron descendencia". La querencia familiar a la tierra que pisaban, no pasaba desapercibida. "A todos los varones les gustaban los animales y el trabajo en la caseria. Mi abuelo y Manolo, que era muy buen carpintero, fueron muy aficionados a los caballos. Antón, el último en morir, prácticamente hasta sus últimos días, trabajó en la casería, siendo muy asiduo a las ferias ganaderas".
| Fuente: Monchu/Covadonga Corujedo. Pepe, manejando la salladora, junto a Pepe Rosa. |
Los animales fueron su verdadera pasión y muy especialmente los caballos, no en vano era su medio de locomoción recurrente. " Decía mi güela que siempre venía a cortejar en caballo". Entonces, eran muy pocos quien podían disfrutar de tal comodidad .
Una vez casado, su presencia estable en Casa Corujedo, representó un punto de equilibrio frente a la personalidad arrolladora e inquieta de su suegro, Laureano. Pepe, a decir de quienes lo conocieron era la serenidad personificada. " Era una persona muy tranquila". Arturo Artime, resalta por encima de cualquier otro valor, su bonhomía: "Era muy bueno, muy hablador, muy amigo de ayudar a los vecinos y a quien lo necesitara. No hubo nadie que habiéndole pedido un favor, no se lo hiciera. No hay nadie que pueda hablar mal de él".
![]() |
| Fuente: Monchu / Covadonga Corujedo. Pepe, posando con un xato de su propiedad. |
El matrimonio.
María Uría Rodríguez, Corujedo y José Ramón González González, Pepe, tras el perceptivo noviazgo se casaran en el año 1949. Fruto de esta unión, nacerán cuatro hijos.
![]() |
| Fuente: José Ramón Heres, Pepe. Maruja y Pepe, en el día de su boda. |
-Las gemelas María Dolores y María Isabel, nacidas un año después, esto es, en 1949. Su llegada al mundo estuvo repleta de dificultades. " Nacieron sietemesinas". Nada extraordinario en los tiempos actuales, pero que añadió en aquella época un reto a su supervivencia. " Nacieron en febrero, con una gran nevada y ante el miedo de que murieran las llevaron a bautizar al día siguiente". El milagro y el misterio de la vida, estuvo acompañado de la incipiente y escasa tecnología: "Compraron mantas eléctricas para que salieran hacia delante". Y así fue.
![]() |
| Fuente: Monchu / Covadonga Corujedo. Maruja y Pepe, posan con Dolores e Isabel, en el día de su Primera Comunión. |
María Dolores se casará con el candasín Enrique y tendrán dos hijas: Mónica, quien a su vez traerá al mundo a Lucía y Gonzalo y su otra hermana Patricia, quien optará por la soltería. La otra gemela, María Isabel, se casará con Jesús, nacido en Boal, y de su unión fructificará un hijo, Ricardo, quien añadirá a la sangre familiar un nuevo retoño, Deva.
- Covadonga. Nacida en 1955, se casará con el gozoniego José Antonio Heres García (San Jorge de Heres). Del matrimonio nacerá, nuestro habitual informante, José Ramón, Pepe. Este, se unirá con Tamara, y de esta unión nacerán dos retoños, Borja y Raúl. Últimos eslabones de la larga cadena de la progenie familiar.
La profesión de José Antonio, capitán de la Marina, hará que Covadonga, participe en calidad de esposa de oficial superior, en algunas de las travesías marinas a las que debía atender su marido.
| Fuente: Monchu / Covadonga Corujedo. Covadonga, en su niñez. |
- José Ramón, Monchu, nace en 1966. Se casará con la cudillerense Belén Suárez en el año 2004. De este matrimonio, no habrá descendencia. A la muerte de su padre, Monchu será uno de los puntales necesarios que de continuidad a la casería.
![]() |
| Fuente: Monchu /Covadonga Corujedo. Monchu, en el día de su Primera Comunión. Acompañado de sus padres. |
La inesperada muerte del cabeza de familia, provocará una incertidumbre sin par. "Fue un palo muy duro para todos. Aunque no faltaron brazos para echar una mano". La edad de Monchu, un preadolescente y el estado de Covadonda, embarazada, añadieron más desasosiego. Hubo andechas vecinales para las labores agrarias y no faltaron las colaboraciones consanguíneas: "Los maridos de las gemelas, Kike y Jesús, junto con los tíos de San Jorge, ayudaron en todo lo posible".
Recurrimos a las palabras de José Ramón, Pepe, para poder contextualizar el efecto solidario de la excepcional situación: " Cuando murió mi abuelo, fueron una temporada a vivir a Condres mis tíos de Candás, Kike y Jesús. Mi padre estaba navegando y no podía. Mi tío Monchu, entonces, tenía 12 años, iba al colegio y todo el peso recaía sobre mi abuela. Entonces, igual había 12 o 14 vaques de leche, una casería muy grande para la época".
El carácter de Monchu, facilitará una dura adaptación a los nuevos tiempos: "Mi tío con 14 o 15 años, ya se manejaba él. Con un carácter igual a su padre tranquilo, pausado y reflexivo". Será Monchu quién tomará una decisión vinculante y definitiva: "Empecé muy pronto, de guaje atendiendo las cosas de la casería. La prematura muerte de mi padre, cuando tenía 12 años, así obligó. Seguí estudiando en la escuela, después en el Instituto de Luanco y lo dejaría en 3º de BUP. A partir de aquel momento ya trabajé más en serio con todo esto y me hice cargo de todo". Matizando una continuidad, que casi llega hasta nuestros días: "Al principio, fue fundamental la ayuda de mis cuñados para salir adelante. Años después, con otro socio hicimos una cuadra más grande, que se vendió hace tres años, en el 2023".
![]() |
| Fuente: Monchu /Covadonga Corujedo. Foto sacada por Reija, de la unidad familiar, para el carnet de familia numerosa. Pepe y Maruja, con sus hijos. |
Son tiempos duros, exigentes para los miembros de esta familia trabajadora y honesta, pero que supieron como nadie sacar adelante todas las cuitas con las que el destino les abrumó. Aunque nadie como la propia Covadonga, para incidir en detalle de lo mucho que ha cambiado todo en poco espacio temporal: "Las cosas antes eran diferentes, había más colaboración, se ayudaba más unos a otros. Nunca faltaba una mano para ayudarte, sin pedir nada a cambio. Se pedía menos a la vida y por eso se era más feliz. Unas galletas, envueltas en un papel, podía ser la alegría de cualquier crio. ¡Hemos cambiado tanto!". Palabras sabias, que nunca debiéramos olvidar.
La nueva savia.
"Somos el trabajo de nuestros padres,
de nuestros ancestros
y de nuestra familia".
Bert Hellinger.
Atrás quedan empleos y costumbres aplicados durante generaciones a la explotación de las caserías. Tiempos duros y exigentes, en la que la máxima contemplada era sobrevivir. Sociedades rurales sometidas a la precariedad más absoluta, tal se puede contemplar en informes, documentos y textos no tan antiguos. En el año 1832, la Sociedad Económica de los Amigos del País, se escandalizaba de la decadencia de la ganadería asturiana: " Hemos visto la fatiga, trabajo y esmero que cuesta a nuestros labradores el cuidado de sus ganados: cinco o seis personas que componen una familia rústica, todos ellos se ocupan en atender a los animales domésticos, y apenas nacen, apenas llegan a los cinco años, ya van con la aguijada a pacentar sus vacas...".
Atrás, como bien expusimos quedan esos tiempos, y actualmente transformados en otros, cuando menos muy diferentes. La mecanización ha facilitado la faena a los sufridos agricultores y ganaderos. La globalización, las tasas y exigencias administrativas se han convertido en su mayor y peor caballo de batalla. Nada es igual que hace un puñado de años, y será el paso acelerado que marca los nuevos ciclos, quien se convierta en juez y parte.
Pese a los abruptos cambios, aun se mantiene la trasmisión de este milenario trabajo y la garantía de su continuidad. " Muchas veces no compensa tanto esfuerzo. Aunque hoy tenemos maquinaria que nuestros abuelos jamás pudieron soñar, los tiempos no son buenos. Esto es como un veneno, es algo que se lleva dentro, algo que vi desde pequeño y si no fuera así, hace tiempo que lo hubiera dejado", confiesa José Ramón, Pepe, penúltimo eslabón de la Casa Corujedo.
Antes que él, había tomado el relevo de la casería, siendo un adolescente, Monchu (1966). La juventud emprendedora y la necesidad de continuar con el legado familiar fue su hoja de ruta. La adaptación a la exigencia evolutiva, marcada por los tecnócratas, una lucha permanente. Siempre en el inmediato horizonte se observa al abusivo futuro y su incertidumbre amenazante golpeando a la puerta del presente, intimidando cualquier tendencia.
Solo su persistencia impediría lo que otros muchos acabarían haciendo: tirar la toalla, abrumados ante tamaño reto. Hoy sigue sus pasos, su sobrino, con las ganas e inercia que denota la juventud. Es el tesón, porfía y resistencia activa de Pepe quién hoy mantiene viva aquella esencia laboral heredada.
En esta nueva identidad rural, desconocida para sus antepasados, pone en jaque a una forma de vida original y única. El precio, no solo económico, es elevado. Atrás han dejado otros tiempos de solidaridad colectiva, andeches y sestaferies ya forman parte del pasado. " Se echa de menos aquella forma de vida, siempre hubo momentos para todo, para trabajar y para hablar. Hoy las cosas han cambiado y las prisas son las que mandan. Igual pasan meses antes de que cruce unas palabras con el vecino". La famosa máxima latina "quid pro quod", esto es, "hoy por ti, mañana por mi", duerme el sueño de los justos, a la espera de tiempos diferentes.
![]() |
| Fuente: José Ramón Heres. El matrimonio compuesto por Pepe y Tamara, junto a sus hijos Borja y Raúl, posan junto a un ejemplar de raza frisona. |
Nadie sale inmune de la tasa impuesta por el progreso. Estos supervivientes que ya forman parte de una nueva identidad rural, han ganado con la dictadura de la mecanización, pero perdiendo inevitablemente su personalidad consuetudinaria, aquella pausa campesina heredada de los antepasados. Pese a la incertidumbre amenazante, tan solo nos queda desear a estos jóvenes como Pepe, que su confianza en el trabajo jamás resquebraje, manteniendo viva la llama heredada del esfuerzo de sus ascendientes.
Conclusiones.
La familia Corujedo, como tantas otras, es el tipo de familia troncal, perpetuada durante siglos en toda la cornisa cantábrica. Casa tradicional, cuya funcionalidad estaba basada en un formato experimentado en la continuidad y estabilidad.
Sus raíces, conforman la red de nuestra identidad social y cultural, tan igual y diferente al resto de las comunidades circundantes. Pese a lo que pudiera estimarse erróneamente, es la figura de la mujer quien sobresale y estabiliza los avatares diarios. La sociedad matriarcal rural, se exhibe con la seguridad del éxito esperado y Maruja Corujedo, representa como nadie estos valores.
Cada recuerdo expuesto por nuestros declarantes, forma parte de la sólida raíz que alimenta al futuro con sentido y pertenencia. Preservar la memoria, no es tan solo una obligación, es también un acto de amor y de resistencia. Todas las complejas circunstancias que envolvieron a los individuos o componentes de esta unidad familiar reflejadas a lo largo del capítulo, son claves para entender y comprender la evolución de este clan. Solo así, con esta colaboración prestada de rememoración entre el pasado y el presente, la identidad de Casa Corujedo sigue viva.

























No hay comentarios:
Publicar un comentario
los comentarios son libres y todos serán públicos