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| Fuente: María González. Ramón, el de La Rubia. Patriarca de la familia Les Moranes. |
Capítulo 90.
Coses y casos de cases.
Parte VIII.
Casa Les Moranes.
"Entonces, extiendes
las imágenes dentro de ti,
como si todavía pudieras vivir
cada una de ellas".
Blanca Luz Pulido.
Hablar de la familia tradicional asturiana es hablar de un pequeño microcosmos, vinculante al respeto de las costumbres y arraigados protocolos, aunque no siempre hubo un refugio sensato en los hogares para testimonios y testigos de la memoria familiar. Tan solo la historia transmitida entre generaciones, permitía un anclaje emocional. Relatos, que al fin y al cabo, daban a las familias un sentido del porque y de pertenencia. Una pertenencia construida con la solidez inspirada en la cadena interminable de imágenes, sacrificios, conocimientos y sucesos vividos. Padecidos en primera persona por los miembros de aquellos linajes, cuya hoja de ruta llega hasta el origen de la humanidad, importando muy poco o nada el siglo o época vivida.
Las nuevas generaciones viven en la prisa permanente, priorizando la inmediatez y la caducidad instantánea de cualquier narrativa. El "aquí y ahora", obliga a sus incondicionales al destierro del pasado, manifestando con su actuación el poco interés que pueda tener el ayer, al que consideran irrelevante o caduco. Perdidos en esta inconsciencia que aboca al abandono, este último con toda seguridad, será la causa de la fragilidad de los cimientos sobre el que edificaran su futuro y la pérdida definitiva de su identidad.
Todo apunta y sin tentar a ninguna teoría conspirativa que los recios poderes fácticos, quienes manejan los hilos del mundo, nos quieren alineados, despersonalizados y planos. Con la descreída dinámica social actual les estamos facilitando el camino.
En esta lucha desigual, aportaremos nuestro granito de arena y recorreremos, una vez más, a través de recuerdos, los mimbres que se han ido entretejiendo con la fortaleza de los que saben lo que quieren, a la familia Les Moranes. Clan de personas que han afrontado con entereza y sacrificio el trasiego vital, exhibiendo como pocos la máxima : "la vida es lo que hacemos con ella". Todo un ejemplo y referente para una sociedad nihilista.
Vinculación toponímica y ubicación.
"Todo lo que existe proviene
necesariamente de una cosa".
Platón.
Les Moranes, nombre de esta familia de referencia, es un barrio de Antromero, que en su conjunto forma una quintana y cuya disposición física está perfectamente calculada: todas las viviendas, junto alguna edificación accesoria, alineadas al sudoeste y a su frente otros levantamientos complementarios, vinculantes a actividades agro-ganaderas. Esta estratégica ubicación en la parte superior del suave anticlinal, aquel que agrupa al primer núcleo del pueblo que se aprecia desde Piñeres, no es casual. Refugio privilegiado ante los desmanes procedentes de la mar, en un pueblo de raíces bizarras y habitantes gallardos.
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| Fuente: Google. En el recuadro, la quintana Les Moranes. Situación estratégica en el contexto geográfico del pueblo. |
Si especulamos con el incierto origen de las palabras en ejercicio de animoso rastreo, podemos iniciar la aventura de su etimología y tratar de llegar a entender como y de que manera nacieron y se incorporaron a nuestro lenguaje. El topónimo "Les Moranes", nos ofrece más incertidumbres que certezas, y pese a ello, no desistimos en la exposición que al menos bien pudiera esclarecer u ofrecer algún atisbo de claridad.
La lógica de este topónimo apunta al término "morán" o "morana", procedente del término latino "morum", esto es, mora, morera o zarzamora. Pese a esta aparente evidencia, surgen nuevas teorías que añaden más controversia a su origen defendiendo que su ascendencia es otra: " El barrio de Les Moranes, se llama así, porque hace muchos años había una familia que llamaben Los Morales. Y de ahí pudo venir el nombre".
Ante esta tesitura y la duda generada, recurramos a voces más doctas y así apagar las inquietudes que nos acechan. El doctor en Filología, Xulio Concepción Suarez, hace una matización partiendo de la misma raíz común, esto es, "mor_" y variando su sufijo de relación, aclara cualquiera de las exposiciones barajadas con anterioridad. Siguiendo sus pautas académicas, si acabara en "_al", esto es, "moral/morales" (una de las posibilidades aportadas), mantendría su procedencia latina pero con un significado específico: "en relación con tierra de moras". En cambio, si variamos el sufijo a "_an", esto es, "morán", estaríamos hablando de : " cosa de color oscura, objeto moreno".
Acompañados por el desasosiego que luce cuando hace gala el desconocimiento, recurramos a la alternativa del saber heredado y popular, este que representa el rico léxico asturiano. Atendiendo al mismo, el término "morán" o en su defecto "morana" se corresponde con la definición de "cereza menos dulce que la normal", o bien, el lugar donde abundan estos árboles o matorrales que proporcionan dichos frutos. Tal y como se puede deducir, estamos hablando de los guindales (Prunus cesarus) y uno de los ilustres habitantes de esta quintana, Basilio El Tercero, fortalece esta última tesis: " Siempre hubo muchos guindales, crecíen por todos los sitios".
La exposición etimológica se orienta inevitablemente a cualquiera de las posibilidades aquí planteadas, y con un nexo común vinculado a la tierra y sus productos. Bien sea en forma de mora o guinda, de morera o guindales, este topónimo está enraizado en la profundidad de nuestra tierra, esa por la que tanto ha luchado esta familia de referencia antromerina, Les Moranes.
Unos viejos caminos y una polémica actual.
"Lo que antes era un sendero,
ahora es Camino Real".
Marcial.
Retrocedamos al pasado, hurguemos en documentación y viejos legajos, para buscar un enlace que llega a nuestros días, y que indirectamente ha involucionado en polémica local y doméstica. En 1763, Tomás López (1730-1802), cartógrafo y geógrafo, remite una serie de preguntas a las autoridades eclesiásticas de nuestra comunidad y del país, con el loable objetivo de evaluar y detallar a través del interrogatorio el estado socio-económico, circunstancias vinculadas a la población y modus de vida. La encuesta enviada al cura de Luanco es extraviada por este, y las respuestas remitidas a el insigne estudioso se ajustaron más a la creatividad del eclesiástico que a la rigurosidad de la consulta dictada por aquel.
Por ello, y dada la fragmentación para reconstruir la historia, agudizada en la desidia demostrada por el cura de Luanco, recurrimos a nuestra condición de frontera geográfica entre ambos concejos. Así, hemos sacado más réditos a los interrogatorios de Carreño que de nuestro propio municipio. En ocasiones, la alineación de los astros juegan en contra de los intereses colectivos, tal fue el caso.
El sacerdote de Candás da cuenta, entre otros, del Camino Real de la costa (1): " ...se sale asimismo de Candás por otro Camino Real, y de carro que llaman de Rebolleres y es el propio de Candás a Luanco; este siguen hasta el río Pielgo que corre de poniente a levante, y desemboca en Antromero...".
Este mismo clérigo, describe en lo que a nuestro provecho respecta, un segundo Camino Real, con paso por Antromero: " Por dicho Camino Real, caminando a Avilés, que dista dos leguas de Candás, por este camino se encuentra el lugar del Regueral, arrabal de Candás...". Pese a la aparente imprecisión y detalle (al no figurar en texto el nombre del pueblo), una posterior consulta a la cartografía anexa ("Croquis n. 8, correspondiente al concejo de Gozón"), refleja el paso de esta ruta por nuestras tierras.
La supremacía de estos planos o mapas a mano alzada, respecto a la información escrita es evidente. Pese a alguna imprecisión (visible especialmente en los límites costeros), se plasma la realidad física y la existencia de estas rutas sin duda alguna.
Estos Caminos Reales, habían sido reseñados unos años atrás, en el Censo del Marqués de la Ensenada (1753): "Los vecinos de la parroquia de Bocines tienen la obligación de mantener existente y transitables dos puentes, la una nombrada de el Pielgo y la otra nombrada reefoma (?). Puestas en los Caminos Reales, por donde transitan naturales y forasteros. Los que tienen un coste anualmente de quince reales de vellón". El mantenimiento de ambos puentes, corre a cargo de los vecinos en canon fijo anual, ante la imposibilidad de un impuesto de sisa o consumo (2). Es evidente, que en el texto se reafirma la presencia de dos Caminos Reales, tal y como se expuso.
Todos estos trayectos, cuyos usuarios gozaban de la protección del Rey, son recogidos por el insigne González Posada ( 1745-1831) como "caminos reales y usuales de los peregrinos en ruta a Santiago" y el propio Padre Risco en su monumental obra "España Sagrada" (Tomo XXXVII, año 1789), los señala dentro del llamado "Camino de la costa asturiana" y en calidad de ramal del mismo.
Así y tomando los datos expuestos, se puede llegar a una evidente conclusión: el denominado "Camino Real de Luanco a Piedeloro para Oviedo", transita en la proximidad de esta quintana de referencia, Les Moranes y en dirección al Rellario, camino de Bocines. Desde esta atalaya, los habitantes de esta quintana, pudieron visionar el trajín del comercio y transeúntes que hacían uso de esta ruta, en una u otra dirección.
En la actualidad, y aprovechando esta conjetura del trazado de este histórico camino, se da paso a una decisión administrativa, desoyendo una vez más la voluntad popular, al tratar de sustituir el histórico nombre de este barrio (Les Moranes) por el del Camino Real. Arbitrariedad que genera malestar, confusión y controversia entre los moradores. Para nosotros, enemigos de posicionamientos impostados e impuestos, siempre será Les Moranes, aunque la "oficialidad" quiera empeñarse en otra cosa.
(1). Los denominados Caminos Reales, fueron caminos por los que se podía circular libremente. Todas las personas y mercancías estaban protegidas por el Rey. En supuesto de asalto y robo a los usuarios de los mismos, podían acarrear a sus autores graves condenas que incluía la pena de muerte (en los casos más graves). Será a partir del siglo XV cuando empiezan a tomar forma este tipo de vías, algunas de las cuales aprovecharon los asientos de antiguos caminos. Estas calzadas no podían ser ni vendidas, ni invadidas por propietarios adyacentes y mucho menos empleadas como suelo agrícola. Durante el reinado de Carlos III (1716-1788), su número se amplió considerablemente.
También conocidos popularmente como "camino de herradura", o "de rueda" al tener un pavimento más firme, empedrado para facilitar el tránsito de animales y carromatos. En Antromero, aun se puede apreciar un tramo que pasa al lado del antiguo Sanatorio Marítimo.
El Camino Real de la costa, que transcurre por nuestro paraje, bien pudiera haberse forjado en una variante del antiguo Camino de Santiago de la Costa. En este caso los peregrinos menos duchos en orientación geográfica preferían la permanente visualización de la mar para evitar confusiones.
(2). Los impuestos, tasas y pagos para el mantenimiento de infraestructuras ha sido una constante a lo largo de la edad moderna en este país. Felipe II, mantuvo un tributo, denominado de sisa, para los usuarios del puente que atravesaba la ría de Avilés en su paso entre este concejo y Gozón y que llevaban consigo mercancías varias, quedando exento el pan o trigo. Suponemos que en el caso de los puentes antromerinos, las autoridades establecen un tributo fijo, evitando la presencia de funcionarios reales para cobrar este gravamen.
Lucia Les Moranes, testigo de excepción.
"La memoria no guarda películas,
guarda emociones".
Eduardo Galeano.
"Mi padre iba a la mar, sobre todo y cuando podía a la costera del bonito. Eren tiempos de fame y necesidad". Así comenzaba una exposición de recuerdos imperecederos de Lucía, recogidos por Mariola Artime en los años ochenta. Sabiduría, conocimiento e historias imperecederas, construidas para convertirse en vehículo de transmisión, edificadas en la memoria del corazón. Ajenas a la vanidad de las cronologías oficiales y vividas por una fémina con talento especial, que nos van a conducir inevitablemente a otros tiempos.
Mujer nacida en el año 1916, intervalo este plagado de incidentes socio-históricos. El mundo conoce la verdadera brutalidad de la I Guerra Mundial (donde los poderosos pusieron las armas y los pobres los muertos), a la que se suma la aparición de los primeros brotes de la llamada "gripe española" (3), con veinte millones de víctimas en todo el planeta. Este mundo, manejado por los pudientes, saca las uñas a los más desfavorecidos, aquellos que forman parte del grueso de una población, que tienen por objetivo una infatigable obstinación por seguir viviendo, aunque sea a duras penas.
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| Fuente: María González Artime. Lucía Les Moranes |
Sus recuerdos de niñez y juventud, son una fuente de información y tesoro que nos hacen viajar a otros tiempos, en los que primaban el duro y agotador trabajo: "Trabajar tanto valió para sobrevivir, pero no dio tiempo a vivir". Infancia salpicada por el esfuerzo y la convicción de la necesidad del trabajo. " Fuimos ocho hermanos y mi padres murieron pronto, criándonos una tía ya muy mayor. Siempre trabayamos en casa, con dos o tres vacas, una burra, gallinas y conejos. En la tierra plantábase patates, fabes y mucho maíz. La faba de la granja que ahora todo el mundo quier, esa larga, casi no se plantaba. Y pa cuchar, que en les cuadres poco cucho había, íbamos a arrancar ocle y ramalotes a la ribera". Llegando a una conclusión indiscutible en el binomio tierra-mar: "Aquí, en Antromero, el que no cuchaba la tierra, era porque no quería o no tenía ganes de trabayar, teniendo la mar tan cerca".
La inquebrantable memoria, evoca a un pueblo mucho más pequeño que el actual, pero con gran actividad socio-económica: " Conocí unes 40 cases, y en Les Moranes estaben todes les de ahora, menos la de Fernando. Pero mirarases pa donde mirases, solo veías gente trabayando. Ahora hay más cases y menos gente que nunca".
Obligados nos sentimos, craso error sería lo contrario, a recorrer algunos episodios vinculados a sus evocaciones, salpicadas en ocasiones de curiosas anécdotas que no hacen otra cosa que facilitar el tránsito a otra época, vivida con la intensidad de una persona que ha tenido el coraje necesario para afrontar cualquier reto. Evitemos con su testimonio datos erróneos e impuestos y disfrutemos nuevamente esta fórmula ya aplicada en anteriores capítulos, para viajar a un pasado no demasiado lejano, sin necesidad de mayor equipaje que la imaginación, pero con la necesaria guía de Lucía.
Caseríes.
Las caserías, eran unas unidades de producción necesarias en el desarrollo económico de cualquier comunidad rural. En la imaginería popular se enumeraban siguiendo un ranking, ajustado a apreciaciones en función de ciertos parámetros. Tales eran el número de cabezas de ganado, propiedades y titularidad de la misma casería: " Las más potentes que conocí fueron la de Casa Norte, Casa Posada y la de Casa Artime. Nunca faltaron criáos que trabayaben pa elles. Pero por encima de todes estaba la de Casa Norte, teníen una riqueza muy grande: un comedor tremendo y guapo que no faltaba detalle, debajo teníen el llagar, un horro y una panera. Teníen perres y ficieron muches más prestándoles. A mi tocome dormir allí muches veces. Mi hermana Telvina trabayaba con ellos, limpiando y cocinando". La garantía de quien confía en su memoria, reivindica detalles que confirman exposiciones:" Acuérdome que había una habitación tremenda con cuatro cames y allí dormíamos todos los que trabajábamos, que éramos 8 o 9".
Socialización laboral.
Tal y como pueden atestiguar decenas de testimonios vecinales, había ciertas labores vinculadas a rutinas agrarias que a su finalización rompían rigurosas normas de moralidad mal entendidas y peor interpretadas: " Les andeches (4) más grandes eren les de La Piedra, también eren buenes les del Molín. Lo normal era que se juntasen trenta (treinta) persones. Después de trabayar dábente de comer tortilla, sardines y si había suerte un poco de chorizo. Pa beber agua y si pintaba algo de vino. Después con música o sin ella la gente bailaba. Gelía era muy animosa y bailaba el charlestón. Trabayar, trabayabase bien, pero cuando había que pasalo bien, también se pasaba".
También precisa otra de las actividades del otoño rural: " En les esfoyades (5), aquello era más de fiesta. Un día se iba pa una casa y al otro día a la otra. Después de terminar jugábamos a la suela, a las prendas. En les esfoyazes de La Piedra, venía mucha gente de afuera, de Carreño". Aclarando la duración y punto final de las mismas: " Podíen durar dos o tres días y el día del ramo de la esfoyada daben en muches cases galletes, sobre todo pa los rapacinos".
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| Fuente: María González Artime. Miembros de la familia Les Moranes, en plena esfoyaza. |
Tal y como hemos podido constatar, la recogida de frutos, de las cosechas, iban aparejadas de la necesaria labor y posterior recompensa a los colaboradores. Las castañas, que formaron parte de la dieta vital y necesaria de nuestros antepasados, eran motivo de jornada festiva: "Había muchos amagüestos (6), que antes de la guerra algunes de les cases poníen hasta música con gramófono . Después eso cambió. En casa, cuandose hacían, aprovechábamos pa jugar mucho los rapacinos. Era cuando más disfrutábamos".
Escuela.
La tierna infancia, es el periodo más importante de la formación del ser humano. Hay conceptos, formas y costumbres aprendidos durante este periodo que nos acompañarán hasta el último día de nuestra vida. La escolarización, enclave instructivo y objeto de batalla de cualquier sociedad civilizada, no siempre estuvo al alcance de todo el mundo. La presencia de la escuela nacional y gratuita en Antromero, tuvo que esperar algunos años después del nacimiento de nuestra protagonista, tal lo rescata de los recuerdos de su infancia: "No había ninguna escuela , era en la Capilla de San Pedro, y la maestra llamábase Perfeuta y había que pagar. Ella no tenía titulo, pero enseñaba muy bien. Sumar, leer, escribir y poco más y después a correr por ahí. Era de suelo de bolos, y en la entrada había un banco de madera alrededor de les paredes, también había dos ventanes que no eren muy grandes. Mientras soletreábamos, Perfeuta hacía mantes de aquelles tan antigues. A la hora de salir, muchos días teníamos que esperar mucho tiempo porque los de Antón de Menéndez teníen un caballo muy malo, que no hacía otra cosa que correr alrededor de la iglesia y no nos dejaba marchar".
La llegada a través de Orden Ministerial de la escuela nacional al pueblo, cambiará rutinas y algunos protocolos educativos, aunque los primitivos medios empleados permanecerían algunos años más, entre los sufridos escolines: "Después pasaron la escuela pa La Flor, donde Casa Joaquín. A mi ya no me tocó, porque después de hacer la Primera Comunión ya me sacaron. Llevábamos una doctrina, un cacho de cartón y una pizarra de piedra. Los pizarrinos pa escribir íbamos a buscalos a la ribera de San Pedro. Afilábamoslos contra una piedra más dura y rodábamoslos pa hacer la forma redonda como un lápiz".
Jugar.
Pese a todas las dificultades, trabas y escollos con los que la misma vida te recuerda el complejo transito terrenal, siempre hubo un momento de asueto, de evasión en los años mozos en forma de juegos. En muchas ocasiones a escondidas de los tutores y padres, donde se primaba más al encuentro entre amigos que al cumplimiento de las obligaciones. El juego formó y forma parte de la instrucción espiritual del ser humano. " Donde siempre parábamos era en La Saltadera, junto a Casa Pepín de Rosario, allí iben los homes y alguna mozuca a jugar. También delante de la Flor, en el Naranxal. Jugábamos al cascayo, soga y poco más y los mozos amarraben con un trapo una remolacha y jugaben a la pelota. Jugábase con lo poco que había. ¿Dónde estaben les muñeques, los cromos y tantes coses de ahora?".
Las relaciones sociales, el compadreo y amistades iban de la mano en aquel ocio limitado, pero efectivo: "Lo que si siempre se organizaba el ir a les fiestes y romeríes de alrededor. Éramos pandilles de 15 o 20. Íbamos a Bañugues, a San Bartuelo, Verdicio... ¡Qué se yo!". Aunque la inevitable selección formaba parte del encanto de la amistad más selecta y vinculante: "Yo siempre iba con les mismes: Josefa El Tuertu, Rosario Rosa, Esther. Un día, en una romería hicimos una foto y gastamos todes les perres en ella y luego tuvimos toda la tarde mirando unes pa otres como bobes, porque no teníamos nada pa gastar".
Carnaval.
El carnaval, ese viejo festejo popular enraizado en el paganismo, encontró entre la sociedad un caldo de cultivo óptimo. Un vez que el hombre creyó, de una forma u otra, que su vida estaba sujeta a fuerzas sobrenaturales, se rindió ante esta celebración. Fiesta apta para la puntual desinhibición, fortalecida entre sarcasmos, burlas, ritos y mitos puso en jaque a las autoridades religiosas y políticas, llegando en algunos casos a su total prohibición, tal y como bien sabéis. " Antes de la guerra, antes de que tuviera prohibido, había baile de carnaval. Iba la gente joven disfrazada con lo que podía y en Casa El Morrongo bailaba la gente. El disfraz hacíamoslo en casa. Había un pavo y quitábamos todes les plumes, ¡Quedaba el pavo tieso!. Si no tenía bastantes, íbamos a Casa La Pielora y, ¡Otro pavo sin plumes!. María, pensaba que el bicho taba poniéndose malo y nosotres muertes de risa". Pero, pese a la sensación transmitida por Lucía de libertad y ausencia de protocolo, nada más lejos de la realidad:" Eso si, a les 9 o 10 de la noche como muy tarde, había que estar en casa".
Baile.
Disfrutar del ocio es una válvula de escape para el bienestar del individuo, no siempre contemplada en sociedades y civilizaciones humanas. Dedicar un tiempo, por breve que sea este, a actividades gratificantes para el cuerpo y espíritu mejora la calidad de vida, genera mayor creatividad, fomenta las relaciones sociales y rompe rutinas enquistadas en formas de actuar. Aunque exponer esta disquisición hace no tanto tiempo, podría representar, en el mejor de los casos una etiqueta de vago, maleante u holgazán.
El baile, un arte, cuando lo despliegan los elegidos y una necesidad social para los menos exigentes y dotados. "En Antromero, siempre me acuerdo de ver un baile. ¡Qué bien lo pasábamos bailando!. Había uno en la Flor y otro en Casa El Roxu. Pero este duró poco más después de acabar la guerra. En La Flor, tocaba una pianola el fio de Teresa La Mata, José, que llamaben Tadeo y no parecía-i muy bien. De vez en cuando venía alguna orquesta. También me tocó muches veces ver gaita y tambor. Otros días al acabar el baile, venía algún teatrillo que andaba actuando por alrededor, en Luanco o Candás. No era lo mismo, pero el caso era pasalo bien",
Bañarse.
Hay un punto de inflexión recurrente entre la mayoría de nuestros declarantes, que lo marca el conflicto bélico "incivil". No se trata de casualidad, el cambio de hábitos, de comportamientos fueron de obligado cumplimiento, desterrando estilos de vida habituales hasta la triste fecha referenciada. "Antes de la guerra la gente iba a bañarse a la playa. Pero bañarse y pa casa, nada de tomar el sol como ahora. ¿Quién tenía una toalla?. Si llevábamos un vestido vieyo como trajebaño y venía el agua y levantábanoslo y quedábamos en pulguina. Bastante teníamos con tar pendiente de aquello".
Romería.
Nuevamente el testimonio y la información proporcionada, fortalece la tesis defendida con pasión por los vecinos respecto a la romería de San Pedro. Argumentos que robustecen uno de los pilares de la cultura inmaterial del pueblo.
La fiesta da forma a la idiosincrasia de un lugar y sus gentes, a pesar de los inevitables censores. "Esta romería era la mejor de todes. Mejor que la de Perlora, donde vas parar. Un año trajeron una radio que fundía el misterio, era lo que había que hablar. Había muches barraques, y siempre tres o cuatro de afuera. Les de Antromero teníen casi todes el nombre del dueño. Les de Antonón y Tamón siempre vendíen mucho".
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| Años 50. Miembros de Casa Les Moranes. Tito, Carmina y Cuca. Al menos se aprecia una barraca y una atracción, tras ellos. |
Aquella dinámica festiva, rompía inevitablemente comportamientos domésticos y estereotipos fijados: " En casa los días de la fiesta siempre se comía un poco mejor, y había algo pa llamber como leche presa o arroz con leche. La romería duraba tres días y no veíes más que gente por todos los laos, merendando y comiendo por los praos. Pa alumbrar cuando era rapacina había una foguera en el centro del campo de San Pedro (romería)". No había distinción de edad en el tumulto festivo: "Aquello era tremendo, era el mayor entretenimiento de la gente, pasábase de maravilla y no solo había juventud. El año que mejor lo pasé fue con gente mayor".
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| Fuente: María González Artime. Joaquín y Carmina Les Moranes, de romería. |
El Cristo de Candás.
Alineados como estamos en el hilo narrativo festivo, seguimos en el recordatorio de Lucía, quien subraya fechas sujetas al intermitente ocio y disfrute. El Cristo de Candás, concedía una prerrogativa puntual a sus devotos en el día de su celebración, respetada por todos los espectros y jerarquías sociales. " En les fiestes del Cristo teníamos un poco más de libertad. Pa nosotros era como la fiesta del pueblo, todo el mundo iba, daba tanta alegría ver tanta gente camín de Candás, caminando por la carretera. Teníes que estar muy malo, pa no ir a aquella fiesta". Tiempos de estrecheces, que inevitablemente afloran y reverdecen detalles vinculados a aquellos momentos: "Siempre comíamos pasteles en Bombita, parar allí no se perdonaba porque eren los más baratos".
Mojigatería social.
Normas sociales imperantes, especialmente exigentes y duras con la figura de la mujer, nunca faltaron. Comportamientos sujetos a censuras y reproches, vinculado a aquella máxima social expuesta en una frase dilapidadora, "el pecáo de ser muyer". "De aquella, cuando era chavalina no podíamos andar de manga corta, ni de pantalones y la falda por debajo de les rodilles. Todo era manga larga, no te dejaben en casa de otra manera. Una vez que fui al Socorro de Luanco, estrené un vestido muy guapo de raína, lino y seda. Estaba muy guapa y salí con Paulina Anxelín. Aquel día pillamos les dos una buena fartura de anís dulce. Lo peor fue al día siguiente, quería más morime de como tenía la cabeza".
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| Fuente: Laudina Artime. Escuela de Condres, años 20. Las mangas largas y prejuicios sociales en una imagen reveladora. |
"Siempre había que venir pronto pa casa, como muy tarde a las diez de la noche y podíes tardar un poco más cuando el Cristo de Candás y San Pedro de Antromero". Haciendo un añadido, vinculado a la protección tutorizada: "Si teníes la suerte de estar con gente mayor en la romería, entonces podíes llegar a casa más tarde".
El agua.
Vida y trabajo, mucho trabajo representó el agua a les muyeres de todas las casas. Cuando estas fallaban en la recogida y posterior traída al domicilio, se cumplimentaba fielmente su sustitución con el aforismo popular: " El más ruin, a la fuente y al molín". Cuantos esfuerzos físicos, acompañados de equilibrios imposibles para evitar un anunciado rebose de los recipientes: "Íbase a buscala donde la hubiera. Por el verano, había más escasez y también se gastaba más en casa. Entonces, había que caminar más: hasta Taluxia y La Mata. Se pasaba por Casa El Chato, pasar por la Ñora y subir por el camín un cacho p'arriba. Con un caldero en la cabeza, que se sujetaba con un rodillo envuelto pa que no te cayera y una lata en cada mano".
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| Fuente: Benigna Anxelín. Joaquín y Carmina Les Moranes, junto a Gelia, con el caldero en la cabeza, camino de la fuente. |
Si la intendencia sujeta a las abluciones semanales lo exigía, había que reforzar el transito a fuentes y manantiales: " Los sábados o cuando tocaba lavate un poco más, hacíase en un barreñón que había que llenar. Y todo era poco".
Si no apremiaba la prisa, se recurría a lo más próximo: " La fuente de Carín antes era más pequeña y no tenia el lavadero como lo tien ahora. Estaba de frente al caño y entonces la gente quejábase porque chiscaba, y el ayuntamiento, con algunos paisanos del pueblo acabaron cambiándolo de sitio. Esta fuente, por el verano no secaba, pero echaba un filo de agua y valía más morise que estar esperando a llenar los calderos, que aunque quedase más cerca de casa, muches veces valía la pena el buscar agua a otro sitio".
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| Fuente: María González Artime. María bebiendo en la fuente Carín. |
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| Fuente: Laudina Artime. Tito Les Moranes da de beber a la pareja, en presencia de Amparo Julián y Laudina afalagando a una vaca. |
Lavar.
Tareas domésticas distinguidas por la división de género, que siempre comprometieron e hipotecaron tiempos. El lavar, sin la logística necesaria en domicilio, fue durante décadas una nueva prueba de fuego para las sufridas mujeres. "Íbase al río a lavar, pero antes llovía mucho más que ahora. Llovía todo el invierno mucho y la mi hermana Telvina aprovechaba que salía detrás de Casa El Ingeniero (al lado de Les Moranes) un manantial y llevaba a lavar la ropa allí, también aprovechaba para coger el agua para casa". Pero, siempre manteniendo un protocolo necesario, que genera la propia experiencia: " Aquel sitio valía solo pa lavar pieces pequeñes, porque el agua no corría. El que llegaba primero era la que lavaba".
Después de acarrear la ropa sucia, lavar en las aguas fluviales o manantiales, quedaba regresar a casa con mayor peso de la colada humedecida y el cansancio en el cuerpo. "La ropa, después de lavarla tendíase en los bardiales y siempre se aprovechaba cuando los praos estaben recién segaos pa tender la ropa blanca, les sábanes, que con no tener tanto como ahora, quedaben más blanques". Aunque había ciertos recelos a la hora de desplegar este trabajo de limpieza en las riberas de los ríos y regatos: " El problema de lavar en los ríos era que como no tuvieras de les primeres, olíate que el agua estaba lavada, que era como si estuviera puerca. Por eso lo mejor, era madrugar y llegar antes que les otres".
Radio.
Hay tecnologías que calan en la profundidad de la sociedad, y más aun cuando las innovaciones se producen con cuentagotas, tal fue el caso de las comunidades rurales. "La primera radio que hubo en el pueblo fue en Casa Cardina. Aquello fue el no va más, la gente iba a escuchar los partes y la música. Cuando se casaba una moza dedicaben-i muchos discos, taben igual todo el día: pa Concha Antón de Menende fue exageráo, muchos discos dedicaron". Ante la ausencia se recurría a las habilidades vecinales: " Cuando no había radio, tocaba Marcelino La Salada el acordeón. Aquí en Les Moranes, dos o tres veces por semana. Venía un montón de chavalería y hacíen un baile tremendo". La conclusión ante la ilusión y expectativas que generaba la innovación, es resumida en breve sentencia por Lucía: "Antes la gente con tener nada, disfrutaba más de la vida. Pasabes por cualquier casa y era raro el no escuchar la radio tocando y a alguien cantando. Se cantaba a todes les hores, y ahora solo canten los borrachos".
Otros tiempos.
Los intervalos temporales vinculados a la actividad humana son fluctuantes e impredecibles. Nada de lo que está oficializado hoy, puede ser garantizado en el mañana más inmediato. Así, Lucía recuerda un tránsito evolutivo positivo, reflejado en mejoras de protección social. "Trabajé en la fábrica de conserva, en Candás y tuve que dejarlo por culpa de la humedad, que no me sentaba nada bien y enfermaba cada poco. Marché con una mano delante y otra detrás, sin nada de nada. Tenía que pagar cada vez que iba al médico: la consulta, les medicines y ya ves, ahora la gente quejándose por todo. ¡Alguno tenía que ir pa atrás y saber lo que era bueno, pa quejase por algo!".
Calzado.
Los moradores de la división jurídica-administrativa Conventus Asturum, tenían una forma de vida curiosa y singular a los ojos de los invasores romanos. El cronista de la época, Estrabón, recogía algunos detalles de su indumentaria de hace ya 2000 años, que se mantienen en la actualidad (7). "Siempre íbamos calzaos con madreñes. Les primeres que tuve propies teníen gomes, eren de clavos. Ibes andando con aquel ruido que se metía en la cabeza, que no lo sacabes en todo el día. Así que cuando puse les gomes, yo gocé. A todos los laos con madreñes y en el baile quedaben debajo de un banco. El problema era que rozaben les zapatilles y con el cisgo (8) de les cocines pintábamos el rozáo. Siempre teníes les medies todes ennegrecides. Ahora eso ya no pasa, cuentes estes coses a la gente de ahora y no te creen. No me gusta un calzáo y tengo 4 o 5 más esperando pa cambiar, y cuando era joven la que tenía uno, era rica".
Los curiosos.
Antes de llegar a los pueblos la medicina "oficial", se recurría al saber y conocimiento heredado, apoyado no siempre en base científica de prueba heurística (ensayo/error) y si en leyendas y tradiciones. "Siempre hubo gente que curaba o decíen eso. A mi, de rapacina lleváronme a pasar el agua, porque decíen que tenía mucho "agüello". Lo que tenía era enfermedad, estaba mala, pero éramos bobes y creíamos todo. También me arreglaron el dedo del pie, bueno mejor dicho me lo desarreglaron porque quedome todo torcido".
Su racionalismo y descreimiento personal, no lo aplicaba en el caso de los animales. "Hubo gente muy curiosa pa los animales. Pa ayudar en los partos de les vaques, pa arreglar les pates,...".
El transporte.
Hemos cambiado tanto (o nos han hecho cambiar), en tan poco tiempo, que en ocasiones produce vértigo el mirar hacía atrás. Afrontar un desplazamiento, por pequeño que fuera, estaba lleno de complejidades e inconvenientes. " Antes íbase a todos los laos caminando: a la plaza, a trabayar, pa Luanco, pa Candás, a les romeríes. Si teníes que ir a Gijón o Avilés, cogíase el Carreño (tren) en Candás". Aunque siempre había matizaciones, sujetas a la posesión y propiedad:" Algunos paisanos teníen bicicletes y esos eren los ricos. Iben y veníen sin tar pendientes de nada".
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| Fuente: María González. Mino El Civil a los mandos del biciclo, y atrás Avelino Les Moranes. Fuente: María Les Moranes. Avelino Les Moranes, a la derecha y abajo, manejando su propia bicicleta. |
El llar y las cocinas.
No hubo casa en la zona rural asturiana que no girara toda su dinámica familiar en torno al llar y cocina. Interminables conversaciones, estrategias productivas, disposiciones jerarquizadas, divagaciones interminables han sido elucubradas ante el calor del fuego, emitido en aquel receptáculo doméstico. "Les cocines de antes eren muy guapes. Como no había comedores en les cases, todo el mundo estaba siempre en la cocina, hablando y haciendo coses. Primero tuvimos una cocina de leña y el horno enfrente de la cocina. Tener un horno era muy importante, casi tanto como tener cocina. Luego ya compramos una más moderna que era de carbón. Digan lo que digan la gente moderna, no hay mejor comida que la que se hace con la cocina de antes, pero esta gente de ahora, ¿Qué sabrán de lo que ye bueno a la hora de comer".
De aquella actividad sujeta a la unidad familiar, vinculada a la elaboración del pan más popular, da buena cuenta la memoria de Lucía: "La cocina nuestra era de madera. Siempre se apiñeraba (tamizaba) la fariña de maíz. El agua pa facer la masa era de salmoria (de mar) que estaba limpia. Según estuviera la fariña, se hacía de una forma diferente: Si estaba muy gorda el agua tenía que estar muy caliente, si estaba más delgadina, entonces el agua templada. Después pa revolver la masa amasábase con una paleta de madera y dejábase media hora reposando. Metíamoslo en el forno que estaba arroxiáo y cuando la pasta cogía color ye que taba bien cocido. Después estábamos ocho días comiendo por aquella boroña".
Lanchas.
Entre los años 1895 y 1900, se publica una espectacular obra por Bellmunt y Cañella que llevará el título: "Asturias: Su historia y monumentos, bellezas y recuerdos, costumbres y tradiciones". Editada en tres tomos y cada capítulo sujeto a un concejo asturiano. En lo referente a nuestro pueblo, citan la presencia de "un humilde astillero", a los píes de la ermita (aquella derribada en 1969): "...en su territorio se halla la ensenada de San Pedro (Antromero), bajo su ermita, con humilde astillero". Dinámica laboral esta interrumpida, con toda seguridad, a los pocos años de haberla citado tan insignes investigadores. Así, nuestra informante, lo corrobora en inequívoca exposición: "Cuando era joven no había nadie que arreglaba lanches en el pueblo. Cuando se averiaban había que llevarlas a Luanco, al Aramar o a Candás".
Tendrán que transcurrir varias décadas, ya en los pasados años 80, para que un nuevo artesano autodidacta rescate una actividad muy vinculada a nuestra historia: " El último que les arregló, fue Cesar, en La Ería. Pero de eso, no fai tantos años".
La luz.
La tecnología, bien aplicada, es el complemento perfecto para alimentar cualquier reducto de felicidad doméstica. "Antes de venir la luz a les cases, se alumbraba con carburo, y cuando llegaba la noche siempre era el ismo cantar: ¿A ver a quien toca hoy encender el carburo?. Nadie quería. Después cuando llegó (la electricidad), era una chavalina y que felicidá. Con lo fácil que ye ahora dar a una llave y ¡ya está!". Su conclusión, ante ciertos avances, no deja duda. " La luz y el agua fue lo más grande que hubo en les cases".
Vender.
Uno de los pilares de la economía de esta comarca estaba en la venta directa de los productos derivados de la tierra y animales, evitando intermediarios. Basado en una relación de confianza entre ese binomio económico: Vendedor -comprador. "Nosotros íbamos a la plaza de Candás a vender, los de La Viesca y El Monte tiraben más pa Luanco. Era normal, ibes a donde quedaba más cerca de casa. Llevábamos la mercancía en una goxa, en la cabeza. Lloviendo, ventando, granizando y como paragües no había , ni se podía llevar, pues una manta en la cabeza negra. Cuando calaba la manta, quedabes peor que antes, con el doble de pingadura. Después ya empezaron a llevarse la mercancía con los carros de mano. Eso quitó mucho trabajo".
En aquella interrelación comercial había componentes fijos y muy pocas variables: "Vendíase leche, fabes, chichos, patates,.... ¡Muchas leche llevé pa Candás!. Todo lo que sobraba en casa. Y la gente que te compraba era casi siempre la misma. Ya te conocíen y veníen a tiro fijo. Otros veces llevabes los encargos a les cases".
Lo del pulmón.
Uno de los invitados más odiados, y que llega siempre sin avisar es la enfermedad. Cuando esta se acompaña del rigor de luto, no hay consuelo posible. " Mi padre murió, de enfermedad y joven. Murió del pulmón, eso que mató tanta gente en aquella época. No respetó a ninguna casa, caíen jovenes y vieyos, muyeres y paisanos".
Aquella enfermedad era endémica, de fácil transmisión y causó verdaderos estragos en nuestra mancomunidad. Fue hasta la década de los pasados 60, una afección social y muy vinculada a los desajustes económicos provocados por la pobreza y condiciones de vida precarias.
Suerte.
La buena o mala suerte, es una cadena invisible que está sujeta al destino, una brisa caprichosa que va viene sin previo aviso. " Yo siempre compraba lotería con Delfina y un día que fui hasta La Granda, dijéronme que había tocáo la lotería a Defina El Civil . Fui pa casa y mandome aviso de que teníamos 40.000 pesetes cada una".
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| Fuente: Laudina Artime. Arriba: Victor, Delfina y Lucía. Abajo: Paulina. |
La inversión no se hace esperar: " Compré una vaca y un horro. La vaca mejor que había en la Villa, 13.000 pesetes. Un abrigo pa mi y ropa pa los sobrinos".
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| Fuente: María González Artime. Hórreo de Les Moranes. "Compré una vaca y un horro". |
Elaboración de los embutidos.
"En casa siempre se criaron uno o dos gochos. Eso daba mucha tranquilidad". Criar gochos siempre tuvo un primordial objetivo, que no era otro que la consecución de carne para la alimentación de la familia. Esta antiquísima y eficaz fórmula se apoya en el aprovechamiento de los recursos disponibles, y nada mejor que este animal para cerrar el círculo del autoabastecimiento.
Lucía, una reconocida experta en el manejo de la manufacturación de este tipo de productos cárnicos derivados del gocho, transmite conocimientos y saberes: "Cada casa tenía un gusto y su propia receta pa hacer el embutido". Subrayando la importancia determinante de la materia prima:" Depende del gocho, pues no todos son iguales. De lo que comieron y como se criaron".
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| Fuente: María González. Preparando el embutido en Casa Les Moranes. |
La experiencia y mano que la ejerce aceleran los protocolos: "Después de tantos años el pimentón y la sal se echa a ojo. Algunes lo miden con un vaso o con la mano a puñáos". Aunque precisando y para evitar daños irreparables: " Pero siempre poco a poco y probándolo de vez en cuando". Y siempre manifestando una premisa que pasaba por la dirección de la fémina: " Esto era trabayo de muyeres".
Para iniciar el proceso del embutido, se requieren algunas pautas a seguir. El cerdo se mantenía en ayuno al menos el día previo a su matanza, para facilitar el lavado y preparación de sus tripas, que recogerán todo el embutido. " Pa lavar les tripes se necesitaba mucho agua y lo mejor era llevarles al río o a la fuente. Se solíen lavar con agua, jabón el chimbo y sal, y otres veces también con vinagre. Algunes echaben unos cachos de limón al agua donde estaben les tripes ya limpies". Los tiempos cambian y se aplica la comodidad:" Eso era antes, porque ahora la tripa se compra ya preparada y lista pa hacer el embutido".
Su sobrino, Tito, confirma sospechas y expone una certeza vinculante al conocimiento y experiencia de Lucía en estas lides: "Lucía tenia mucha mano para la matanza de los gochos y para hacer el embutido. Era muy servicial y siempre iba a ayudar sin problema a todo el mundo que se lo pedía".
El ceremonial vinculante, dependía del producto final: "Pa los chorizos había que picar carne con tocín, pimentón, ajos y sal. A veces tocaba comprar algo más de carne porque el gocho no tenía bastante pa los chorizos que quería hacer la familia". Aunque precisando respecto a un componente básico: " Aquí se echa siempre pimentón dulce, lo del picante ye más pa tierra adentro". Aquellos chorizos, de los que nuestro paladar ha sido testigo de su sabor y textura inigualable, estaban sujetos a fórmula ancestral e inamovible: " Una vez que taba la carne bien picada, se adoba con ajo, sal y se echa pimentón. Después se deja reposar en un barreñón y tapao durante por lo menos dos días. Pero siempre hay que revolverlo todo y muy bien dos veces al día . Una por la mañana y otra al oscurecer. Ye muy importante hacer esto pa que coja bien el sabor del adobáo".
El siguiente paso, estaba en comprobar el buen estado de la tripa y su posterior relleno del embutido: "Se ata con el filo vela (bramante) por les cabeces pa que no escape el mondongo. Después se van haciendo el tamaño de los chorizos, faciendo la riestra".
Si hablamos de la elaboración de la morcilla, la voz experta matiza detalles y saberes para el éxito final esperado: "Lo más importante pa la morcilla ye que esté bien la sangre, que se recogiera bien cuando se mata el gocho. Pa hacerla se necesita la sangre, cebolla, tocín que se pica en tacos y el pimentón. La cebolla se picaba antes de la matanza, pa ganar tiempo". Aclarando un detalle productivo: " Pa embutirlo todo en la tripa se ayuda de un embudo pequeño. Después hay que atarla pa que no se escape y hacer el tamaño de les morcilles con filo vela (bramante)". Advirtiendo de la necesidad de alfileres u agujas en la logística de ese momento: " Si no quiés llevar un disgusto, hay que pincharles pa que salga todo el aire, así no hinchen y revienten".
(3). Mal llamada "Española", pues no surgió en nuestras fronteras. Fue también denominada "muerte púrpura", debido al efecto visible que provocaba en sus víctimas. Esta gripe tenía la capacidad de teñir la piel se sus enfermos en un azul muy vistoso. a medida que los pulmones se llenaban de líquido, provocando la asfixia".
(4). Les Andeches, era una colaboración vecinal para cubrir los trabajos agrarios. Se basaba en la máxima: "hoy por ti, mañana por mi".
(5). La esfoyaza o esfoyada, es preparar y deshojar las mazorcas de maíz para enlazarlas unas con otras y poder colgarlas. Trabajo colectivo y con tintes festivos. Para más información consultar capítulo 3.
(6). Amagostar es asar, en este caso, castañas con las brasas de una hoguera.
(7). Estrabón, detallaba como los hombres lucían vestidos de lana negros y tupidos (probablemente elaborados con la lana de la oveja autóctona xalda) y las mujeres la misma indumentaria, pero de color. Los pies los protegían con calzado hecho de madera, antecesores de las actuales madreñas.
(8). El cisgo es carbón en polvo, que aun se puede apreciar en la superficie de la playa de San Pedro. Fue empleado como combustible durante décadas en prácticamente todas las casas del pueblo. Antaño su procedencia era de los lavaderos de carbón, que los ríos arrastraban hasta el Cantábrico. Desaparecida la actividad minera, esta puntual aparición en nuestro arenal, apunta a los depósitos de carbón que la siderurgia asturiana tiene en Aboño. Hay otras voces que discrepan de esta tesis y mantienen que son los restos del naufragio del buque "Castillo de Salas" frente a la playa gijonesa en el año 1986. Aunque los informes derivados de la granulometría de este cisgo rechacen esta última opinión.
(9). Los varales, o varas largas, eran empleados en esta ocasión para colgar los embutidos, el lugar cerrado, con una salida para el humo. La finalidad ahumar y curar aquellos. Y solo debían cumplir unas pautas básicas: ser lo suficientemente resistentes, estar secos y no desprender olor alguno.
Joaquín González, Carmina Les Moranes y sus hermanas.
"Poder disfrutar de los recuerdos de la vida,
es vivir dos veces".
Marcial.
No hay nada mejor que la exposición de la gente versada, con necesario conocimiento para evitar frustraciones informativas y errores garrafales. Contar con fuentes fiables que proporciona la propia familia, es una oportunidad que no dejaremos escapar. Por ello, disfrutemos de este relato, consignado en anterior capítulo, de un breve pero intenso resumen de la vida, obra y milagros del popular matrimonio compuesto por Joaquín , el de La Cuesta y Carmina Les Moranes, coordinado por dos de sus hijos: Tito y Marian.
"Joaquín González Heres nació en 1920 en Luanco, y era de La Cuesta. Trabajó faenando en la mar, algo que nunca abandonó, aunque trabajara en otros sitios. Vino a vivir a Antromero a Les Moranes, cuando se casó con mi madre, María del Carmen Artime García, Carmina. De aquel matrimonio nacieron siete hijos, de los que todos vivieron: María Angélica, Joaquín, Mariluz, María del Carmen, Avelino, Carmen y Marian.
Fue una persona muy trabajadora y durante un tiempo lo hizo en la fabrica de harinas, La Fedionda y después en la FEVE, donde se retiraría. Tuvo un bote, el popular "Punta de los Ángeles", con el que complementaba los trabajos en la tierra. Primero con la fuerza de los remos y después ya con un motor fuera borda faenó arrancando ocle, pescando o marisqueando.
Fumador incansable de tabaco negro. Primero los "celtas" sin boquilla y después "ducados", llevaba tanto su cajetilla como el mechero de mecha debajo de su reconocible boina para evitar que se mojara. En su menú marinero no podían faltar nunca dos elementos: tabaco y uvas. Cuando por el verano llegaba en el bote a la playa con la cesta llena de pescado y mientras los veraneantes se sorprendían de sus capturas, yo rebuscaba entre los restos de su comida, para encontrar suelta alguna de aquellas uvas, dulces como la miel, tenían aquel sabor que nunca más encontraría en ellas .
Su físico era inconfundible, vestido de mahón, boina negra, y siempre un cigarrillo en sus labios, encajaba perfectamente en la imagen marinera clásica. Delgado y fibroso, nervioso e inquieto, fuerza y puro nervio, tal heredó esa genética su hijo, Avelino.
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| Fuente: Marian González. Joaquín Les Moranes, una imagen típicamente marinera. |
Pese a ser de carácter explosivo, tenía un corazón que no le cogía en el pecho. Muy buena gente, servicial, ayudando en todo lo que podía. Lo acompañaba buenas maneras a la hora de hacer cosas. Siempre mañoso, construía recambios para la lancha, arreglaba cosas en casa, hacía varas para los garabatos del ocle, mangos para palas, fesories...
En el trato personal era cercano y animoso. Tenía una expresión característica y propia para todo el mundo: "mi niñín" o "mi niñina", en un ejercicio de demostración de cariño, proximidad y confianza. En todas las fiestas era el primero en salir a bailar y el último en abandonar el baile, en una animosidad muy contagiosa.
Mi madre, María del Carmen Artime García, o Carmina Les Moranes tal y como todo el mundo la conocía, formó parte de la prole creada por sus padres, Ramón y Filomena. Fueron ocho hermanos: Etelvina, María, Marcela, Lucía, Carmina, Avelino, Sergio y unos gemelos que murieron poco al poco tiempo de nacer.
Ramón, su padre, quedará viudo y se casará por segunda vez, En esta ocasión con una hermana de su anterior mujer, quien rechazará a todos sus hijos. Cuando murió su madre, Carmina tenía tan solo siete años y todos ellos tuvieron que sobrevivir como bien pudieron. Trabajaron por casas, tan solo por la comida. La vida fue cruel con su infancia. Etelvina, trabajaría como criada en una de las caserías mas potentes de Antromero, Casa Norte.
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| Fuente: María González. Joaquín y Carmina Les Moranes. |
La organización de aquellos huérfanos estuvo en manos de María, hasta que se casó, que marchó a vivir a su propia casa. Marcela tomaría el relevo, quien además de ser muy trabajadora era muy buena gente. Su hermana Lucía, tenía mucho carácter y siempre fue muy servicial con familia y conocidos. Aquella suya forma de ser, quedaría reflejada con el paso del tiempo: durante años coció las marañueles de medio pueblo en el forno de Laudina. Ella era la encargada no solo de su cocción, sino también de recoger la lloreda, para arroxar el forno y dar ese aroma característico a las galletas.
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| Fuente: Laudina Artime. A la derecha Lucía Les Moranes, acompañada de Amparo Julián. |
Aquella gente trabajó en todo lo que pudieron y nunca se quejaron por nada, y menos por trabajar mucho. En Antromero si había trabajo, había riqueza y la mar fue un tesoro para todo el mundo. Se fue a todo lo que se pudo: al ocle, al marisco, a les tierres, al laurel, a los caracoles...Fue un sacrificio duro, diario y donde nadie te regalaba nada. Acostumbraron su cuerpo a un esfuerzo casi inhumano, que para la gente de hoy sería imposible: ir a buscar el agua a la fuente con un caldero en la cabeza y uno en cada mano, llevar el cabeza a la plaza tanto peso y andando tantos kilómetros... y un día y al siguiente también.
Todo el mundo tenía una vaquina para la leche, unes pites y un gocho para matar para el año y con poco más la gente se arreglaba. Nunca ningún antiguo tuvo problemas de ansiedad y les sobraban los motivos para ello. Deberíamos mirar un poco para atrás y ver lo que hicieron los nuestros antepasados y aprender un poco de ellos. Y entre ellos mi padre y mi madre, trabajadores incansables y buena gente.
Tito y Marian Les Moranes.
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| Fuente: Geli Artime. Registro censal de 1867, de Casa La Pielora. |
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| Fuente: María González. De izquierda a derecha: Jovita González, Avelino Les Moranes y Benigna García, "Rexidorio". |
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| Fuente: Geli Artime. Censo de 1924, donde está enmarcado la relación de los miembros de la familia Les Moranes. |
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| Fuente: María González. El segundo por la izquierda, Avelino. Primero por la derecha, Marcelino Mori, marido de Marina Anxelín. |
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| Fuente: María González. Carnet del Carreño de Joaquín, donde figura imagen de sus primeros cuatro hijos, junto con su mujer, Carmina. |
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| Fuente: Tito Les Moranes. Espectacular imagen de la recogida de ocle en El Castillo. Miembros de las familias Anxelín y Les Moranes (al fondo, José Rodríguez Morán), se afanan en la tarea. |
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| Fuente: María González. De izquierda a derecha: Joaquín, su yerno Fermín y Avelino Les Moranes. Posan tras una Recolección de ocle arrancáo, en la Playa de San Pedro. |
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| Cartel de la exposición en el espaldón del viejo muelle de Luanco, donde figura Joaquín. |
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| Fuente: Mariluz Serrano. De izquierda a derecha: Perfecto, Paco Medero, Marcelo, Moncho La Piedra y Toño, sobre la legendaria "Punta de los Ángeles". |
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| Fuente: María González. Tito, cabruñando la gadaña, actividad obligada y de exigente conocimiento. |
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| Fuente: Laudina Artime. De izquierda a derecha: Tito Les Moranes, Álvaro Artime, Ángel Sampedrín, José Moris y José El Roxu". ¡No había nadie que lo pasara mejor que nosotros! |
Hagamos nuestras unas palabras de Tito, teñidas de sabiduría y experiencia, como el mejor epílogo para este apartado, que el paso del tiempo no ha cambiado: " Viviendo en la aldea, nunca dejes de trabajar del todo, siempre hay algo que hacer. Y más en Antromero, que tien tierra y la mar. Pero eso no es malo, aunque a lo mejor bueno tampoco".
(10). Para aquellos interesados en tener más información respecto a este artilugio y al ocle, consultar el capítulo 15.
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| Fuente: Geli Artime. Detalle del censo de 1924 de la familia de Joaquín. En el mismo, no figuran ni Álvaro, ni Carmen, al haber nacido con posterioridad a este documento. |
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| Fuente: Cruz. Familia de Joaquín. Sus padres, abajo y en el centro. En la parte superior y de izquierda a derecha: Álvaro, Carmen, Ángeles y Alfonso. Abajo: Ana, Isidoro, Teresa y Joaquín. |
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| Fuente: Marcelino Menéndez. Joaquín bailando la jota, en la fiesta de la Mancomunidad. Al fondo, su hija Marian, sentada en el suelo le observa. Años 80. |















































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