(2). Durante este periodo, el regimiento participó en importantes campañas internacionales en Orán (1732), Italia (1744), Cartagena de Indias (1761) y en las guarniciones de La Habana y Veracruz.
La xente de Casa El Tercero.
"Todos los orígenes tienen para
nosotros en interés del misterio".
Anatole France.
La historia de nuestra gente, es la historia de migraciones, esfuerzos imposibles, elecciones personales y legados impagables. Esa es también la historia diseñada por la gente de Casa El Tercero.
Todo lo que acontecerá en las próximas páginas es el resultado de la unión de piezas del pasado, rescatar recuerdos olvidados y detallar las ramas de un árbol familiar que se pierde en la oscuridad de los tiempos.
Nombres, hombres y mujeres nacidos al amparo de viejas historias moldeadas antes de cualquier nacimiento recordado. Miedos, triunfos y fracasos que han labrado la madera que ha sustentado a esta familia durante siglos. Todo ello nos invita a un viaje al pasado, con ralo equipaje e ilusiones mayúsculas. Conocer y rebuscar detalles de aquellos antepasados, constituye el objetivo perseguido y las facilidades de los mimbres familiares para conseguirlo, nuevamente determinante.
Siguiendo la ruta marcada e iniciada por Rafael Gutiérrez (hijo), quien nos ha facilitado certificados registrales de sus antepasados, se escarbará en el angosto pasado, para elucubrar sobre procedencias e intereses familiares. Son tan extensas las ramas del árbol que provoca un inevitable vértigo, cruzadas con ramificaciones salpicadas de lazos consanguíneos y más familias que se extienden a la sombra de esta unidad matriz.
María de la Viña, El Tercero y Manuel Fernández Martínez.
En el censo de 1867 tenemos una referencia nítida de los ancestros. En este documento se manifiesta, una vez más, la interrelación entre parroquias y concejos en la formación de unidades familiares, algo no tan habitual en aquellos ya lejanos tiempos. El patriarca Domingo Viña es originario de Luanco y nacido en el año 1791, de profesión labrador y registrado como viudo. Sospechamos que su esposa, de la que desconocemos su filiación era originaria de Antromero y por supuesto natural de Casa El Tercero. En el mismo registro censal figura su hija María de la Viña, nacida en 1825 ya en Antromero, casada con Manuel Fernández Martínez (1828) (3) y oriundo de Prendes, en Carreño.
Constan de aquella unión matrimonial al menos seis hijos: José ( 1853); Ramón (1855); Ramona (1856); Ventura (1859) (4); Juan (1861) y Manuel (1866).
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Fuente: Geli Artime. Censo de 1867. Registro de los miembros de Casa El Tercero, en dicho año. |
Llama poderosamente la atención en el registro censal que el autor de dicha anotación sea el propio Manuel Fernández Martínez, tal y como se sentencia en preciosista firma y acompañada de envidiable tipología de letra. Curiosamente y apenas treinta años después, en posterior certificado de nacimiento de la que sería su nieta, María de la Concepción, manifiesta "no saber escribir".
El conocer los rudimentos de la escritura en aquella segunda mitad del siglo XIX podía ser considerada una "anomalía" social, teniendo en cuenta que tan solo un tercio de la población total del país tenía aquella facultad. Si el dato es cierto y fiable, Manuel habría tenido una formación educativa en su Prendes natal, solo al alcance de unos pocos privilegiados.
Tras esta elucubración en torno a la instrucción pública, regresemos a los archivos, quienes nos facilitaran o al menos guiaran en el tránsito evolutivo de Los Tercero. Aunque no debiéramos olvidar que la falta de más guías documentales nos impide el cerciorarnos de la evolución de otras ramas familiares, y para evitar caer en especulaciones y teorías que no siempre llegan a buen puerto, nos centraremos en la cuarta hija del matrimonio compuesto por María (1825) y Manuel (1828), esto es, Buenaventura o Ventura.
No sin antes recordar, como en otras ocasiones, el duro entramado que la vida reservaba a nuestros antepasados cada día, prácticamente sin distinción. La supervivencia no era una garantía, sino un éxito diario que exigía esfuerzo, resiliencia y una fortaleza inquebrantable. Y si fuera necesario, tal y como ocurre ahora, se recurría al préstamo. En este caso, el patriarca Manuel recurrió, como tantos vecinos, a los servicios de Casa Norte, y así consta en los archivos documentales de esta familia. En el libro de contabilidad, entonces gestionado por José García Norte, se detalla en el año 1882:" Manuel Fernández El Tercero, vecino de Antromero, se compromete al pago anual de una fanega de trigo, por préstamo". En unas líneas más abajo y con esa misma fecha, se hace un añadido:"...entregó 195 reales que le correspondieron de las ganancias de un jato (ternero) que vendió. Finalizando la descripción registral con una inequívoca sentencia: "El Señor Fernández nada debe de esa obligación".
La evidencia, una vez más, referencia años duros, sacrificios interminables y vidas muy austeras para facilitar pagos y llegado el caso generar ahorro.
Pese a no tener una evidencia documental con la que se cerciore exposiciones y teorías, nos adentraremos en cábalas en torno a algunas ramas familiares vinculadas a María de la Viña. Los testimonios y algún dato avalarán este riesgo que vamos a correr. La matriarca, al menos tuvo dos hermanos varones: Ramón (1817), ahogado en el naufragio de 1877 que asoló estas costas y del que daremos cuenta en posterior epígrafe y José de la Viña (1892).
Respecto a este último, su vinculación familiar se sonsaca por dos evidencias. La primera, el propio censo de 1867, donde el poderoso José García Norte da cuenta con su estilismo ortográfico de ese asiento familiar, y que demuestra que aquel domicilio estaba en las proximidades de Casa El Tercero. Manteniendo así una pauta de convivencia con la raíz familiar, tal se estilaba entonces. Y la segunda, es que el hijo de José de la Viña, cuyo nombre coincide con el de su padre, se casará con Isabel González, de Casa Arenes. Dato sin mayor importancia, sino fuera porque la prodigiosa memoria de Benigna Anxelín, que durante décadas fue vecina de esta familia, así atestigua: " Isabel, casose con José, un pariente de los de Casa El Tercero. El padre de José y María Arenes".
Este matrimonio, vincula a dos familias del pueblo: Casa El Tercero y Casa Arenes. El entresijo social que provoca estas relaciones y uniones es tan extenso que da vértigo tan solo pensar en ello. La unión de este varón con Isabel Arenes, evitará la pérdida del apellido Viña, que recordemos es procedente de la parroquia luanquina.
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Fuente: Geli Artime. Censo de 1867. En este asiento figura la familia del hermano de María de la Viña, José. Casado este con Teresa Menéndez Corvera. Y sus dos hijos: Teresa (1851) y José (1894). |
Sin más añadidos, damos paso al recorrido de algunos de los matrimonios que configuraron lo que hoy es Casa El Tercero.
(3). Como es habitual, no siempre los datos correspondientes a los nacimientos son precisos en documentos de cierta antigüedad. Así, en este caso, el censo de 1867, concede el año 1828 al nacimiento de Manuel Fernández, y en cambio en el registro de su nieta (del que fue el declarante) consta nacido en 1826. Detalle probablemente sin mayor importancia, pero en cualquier caso necesaria aclaración para los lectores más puristas y exigentes.
(4). Ventura o Bentura es el nombre registrado en el censo de 1867, aunque algunos miembros de la familia insisten que se trata de una abreviatura. Así lo dictamina José El Tercero: " Mi güela llamábase Buenaventura".
Ventura Fernández, El Tercero y José Fernández.
Buenaventura o Ventura Fernández Viña, tal y como consta registrada en documento público, nace en el año 1859. Es una época de fragilidad económica y política. Los avatares sociales no garantizan unas expectativas óptimas. Formará matrimonio con el entonces vecino de Antromero, José Fernández García, Pepín El Tercero (1866) y de profesión labrador.
Ventura, pese a ser la cuarta hija en orden cronológico, será quien se "case para casa" y de continuidad a la saga familiar. Los motivos tomados por sus padres para esta resolución familiar los desconocemos.
Se da la curiosa circunstancia que ambos contrayentes eran primos carnales. Atendiendo al registro de nacimiento de la propia María de la Concepción, a la postre hija de estos y cedido por Rafael Gutiérrez (hijo), se puede corroborar este dato. Así, el padre de Ventura era Manuel Fernández Martínez, tal y como se expuso con anterioridad, nacido en Prendes (Carreño) en el año 1826. La figura paterna del otro cónyuge, Vicente Fernández Martínez, nacido en Prendes (Carreño) también en el año 1826 confirma este dato y dada la común fecha de nacimiento, bien pudieran ser gemelos o mellizos.
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Fuente: Rafael Gutierrez. Acta de nacimiento de María Concepción, donde se documenta la vinculación familiar entre sus abuelos maternos y paternos. |
Enlaces constituidos en lazos de cuarto grado de consanguinidad (primos carnales) poco frecuentes en la sociedad actual, pero que en las entonces áreas rurales asturianas constituían una abundante red social endémica. No hay mejor explicación que la expuesta por el propio José El Tercero, quien analiza aquella tendencia con sabias y atinadas palabras: " Antes se casaba vecinos con vecinos, primos con primos. Antes no se viajaba como ahora y se buscaben les coses cerca de casa".
De aquella unión canónica, nacerán tres hijos: Carmen, María de la Concepción y Manuel Antonio Fernández Fernández. De estos vástagos tomará el relevo de la continuidad en la casa familiar de Les Moranes, María, quien se casaría con el ínclito Basilio Gutiérrez. Hombre simpático y sagaz en bromas y quehaceres cotidianos.
En el censo municipal de 1924, se registra con notables errores la entonces filiación del clan en la casa matriz. En aquel año, ya se habían independizado de la unidad familiar la primogénita, Carmen y el benjamín Manuel Antonio. En este registro, el censor anota en el reducido linaje como viudo a José Fernández García y a su esposa Ventura, como soltera y hermana de este (eran primos, pero matrimonio). Acompaña a estos registros, Ramona, hermana soltera de aquella y la hija de ambos, María, entonces con 26 años.
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Fuente: Geli Artime. Censo de 1924. Unidad familiar de Casa El Tercero, registrada con notables errores. |
Solventadas las dudas surgidas por el desacierto del escribiente, y antes de seguir la ruta genética obligada, hagamos un pequeño inciso en torno a la figura de José Fernández García, Pepín El Tercero. Las circunstancias vitales le llevaron a emigrar, al menos junto a uno de sus hermanos, tal lo detalla su nieto José: " Mi güelo estuvo trabajando en Cuba. Uno de sus hermanos que se llamaba Genaro, había marchado con él. Cuando yo era rapacín venía a las fiestas de San Pedro a comer a casa, y por eso lo conocí". Aquel emprendimiento no debió cumplir las expectativas iniciales: " En aquella época no se tenía el conocimiento de las cosas de ahora y la gente debía de pensar que en Cuba amarraben los perros con longaniza".
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| Fuente: Rafael Gutierrez. Pepín El Tercero. |
De la aventura americana, se salvó un recuerdo de uso cotidiano y que permaneció durante años en el ajuar doméstico: " Siempre presumía de los cubiertos que había traído de allí. Cada vez que se cogía uno, recordaba que en pocas casas o ninguna del pueblo los tenían".
El espíritu de lucha inquebrantable y su iniciativa fueron forjando el origen del patrimonio inmobiliario familiar, acompañado del trabajo, esfuerzo e inevitable ahorro. Así lo recuerda María del Rosario Muñiz, quien detalla alguna de aquellas adquisiciones inmobiliarias:" "Había visto escrituras de principios del siglo pasado, donde mis bisabuelos, los de Casa el Tercero, habían comprado a Fermín toda la zona del Bardascal, y otras fincas más en la Ería". Este razonamiento, corroborado por Falo Basilio, no deja lugar a dudas: " La familia compró varias fincas por La Ería. Y se puedo comprobar con el reparto de las herencias entre los familiares". Aquellas adquisiciones, darán paso a la iniciativa de Félix y Maruja El Tercero, quienes abrirán la espita inmobiliaria de la zona: "Félix, mi cuñao, fue el que hizo la primera casa de La Ería, después se hicieron les escueles, Casa Anxelín y un poco más tarde ya hice yo la casa, estando trabajando en Alemania".
Sobre el recuerdo del matrimonio de Ventura y Pepín, recurrimos a la fiable memoria de José, quien una vez más, ofrece unas pinceladas sobrias y aclaratorias: " No me acuerdo mucho de ellos. Murieron cuando yo era todavía un rapacín y primero lo hizo mi güela. Sus últimos años los pasó en la cama, impedida y sin moverse sin ayuda. El recuerdo de mi güelo, siempre fue estar por la casa de un lado para otro. Fue la casería su vida y su único trabajo". Rafael, Falo Basilio, añade una información a la proporcionada por su hermano: "Por mi edad, no me acuerdo de mi abuela, pero si a Pepín El Tercero. Sus últimos años no debieron de ser buenos, pues lo habían operado de la próstata y siempre estaba acostado. Pasaba los días quejándose y llamando a mi madre, María".
Habiendo hecho necesario recordatorio de estos esponsales, hagamos una parada obligada en sus tres hijos y respectivos cónyuges, quienes van a crear nuevas ramas familiares y fortalecer otras ya existentes:
Carmen Fernández Fernández, El Tercero y Genaro García (Casa Carma).
La primogénita Carmen Fernández (1899) se casara con el antromerín Genaro García, Rexidorio (1898), en el año 1917 y enseguida formalizarán su prole. Atendiendo al censo municipal de 1924, esta es la relación de sus hijos hasta dicha fecha: Alfonso (1918), María (1919), Piedad (1920), Vicente (1921) y Esperanza García Fernández (1923).
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Fuente: Geli Artime. Censo registral de 1924 del matrimonio compuesto por Carmen Fernández y Genaro García. |
Este matrimonio y por ende su prolífica descendencia garantizará la continuidad de otra familia de referencia antromerina, Casa Carma. Nuevamente la interrelación de dos familias locales: Rexidorio y El Tercero, fortalecerá los intereses de una comunidad agotada por las desgracias marinas.
Como curiosidad, y respecto a este apodo familiar (Carma), nos decantamos por una procedencia etimológica derivada de la locución latina "carma", que significa "encanto".
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Fuente: Rubén Rodríguez. Arriba y en el centro: Genaro Rexidorio y Carmen El Tercero. En la misma línea y primero por la izquierda , su hijo Alfonso. Primero por la derecha, el otro hijo varón, Vicente. Abajo y de izquierda a derecha, las hijas María, Piedad y Esperanza.
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Manuel Antonio Fernández Fernández, El Tercero y Ramona Fernández López, Llaranes.
En esta ocasión recurriremos a la memoria y conocimiento de una de sus descendientes para conocer, con los límites que condiciona el paso del tiempo, retazos de estos consortes. Formula esta, que repetiremos a lo largo del presente capítulo para dotar de mayor viveza y sentimiento al relato. Así, María del Rosario Muñiz Fernández nos va a hacer un interesante esbozo de la vida de sus abuelos.
"Mi abuelo nació en Antromero, en Casa El Tercero, el día 16 de diciembre de 1901, recibiendo como nombre Manuel Antonio Fernández Fernández, pero que por abreviar en los documentos figura como Manuel. Era el tercer hijo y único varón del matrimonio formado por Ventura Fernández Viña y José Fernández Martínez.
Durante su niñez, iba todos los días con Florentino El Catalán a Piedeloro, a la escuela. Aun recuerdo como de niña me encantaba ver como manejaba aquellas plumas que se mojaban en el tintero. Tenía una muy buena letra, y se le daban muy bien las matemáticas. Leía, conversaba y razonaba perfectamente los argumentos que manejaba.
Su juventud estuvo marcada por un viaje a Cuba. Aunque en casa nunca se habló de aquel, se lo escuché de mayor a Félix. Aquella estancia en la isla caribeña se prolongaría durante un año. El servicio militar lo haría enrolado en el Jaime I (5).
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Fuente: María del Rosario Muñiz. Manuel Antonio en su juventud. |
En su familia querían hacerle un matrimonio de conveniencia con María Arenes. Siendo más que probable que entre ellos hubiera un vínculo familiar próximo, dado el apellido común "Viña" que ambos tenían (6).
Entonces, en Avilés era costumbre popular salir los lunes. Los jóvenes de la época paseaban por el Parche, Galiana, Carbayedo,...El destino quiso que allí se conocieran mis abuelos, puesto que mi abuela Ramona Fernández López siempre iba a Avilés. Ramona, era hija del matrimonio formado por Rafael Fernández Muñiz (natural de Truyes-Trasona) y Ramona López Bango (Tamón -Carreño). Nació el 29 de septiembre de 1901 y fue la primera de una descendencia de nueve hijos (tres mujeres y seis varones): Ramona, Rafael, Consuelo, José, Manuel (Ángel y Angelina, parto gemelar), Gonzalo y Luis.
Ramona y Luis contraen matrimonio civil en el juzgado de Nubledo (Corvera) y religioso, el día 6 de septiembre de 1924 a la edad de 23 años. Viven en Antromero y lo hacen en un principio con una hermana por parte de Manuel (Carmen Fernández). Fue durante un breve tiempo ya que estaba casada y con una prole de cinco hijos. Allí estuvieron hasta que pudieron alquilar la casa que mi madre decía que era la del palomar y cuya propietaria era Teresa La Mata. Tiempo después ya tomaron en alquiler la de José Antón de Menéndez, y en ese intervalo tuvieron tres hijos. A finales de la década de los 20 lograron comprar la casa de Donato el Tuertu, que es la casa actual, lugar donde nacería el último de los hermanos.
El primer objetivo que manejaron cuando tuvieron posibilidades de juntar un poco de dinero, fue comprar un terreno en La Ería. Con ello se garantizaban poder cosechar, sacar adelante sus hijos y esquivar el hambre. Todo ello lo hicieron como gran parte de los vecinos de este pueblo con notable esfuerzo y sacrificio.
Manuel fallece el 7 de diciembre de 1959 a la edad de 58 años y su esposa el día 24 de septiembre de 1976 a la edad de 75 años".
Este matrimonio tendrá cuatro hijos. dos varones y dos mujeres: Manolo, José, Esther y Marujina. Esta última fallecerá en plena juventud. Todos heredarán el sobrenombre de su madre, "Llaranes", desvinculándose del apodo de su casa matriz, "El Tercero".
(5). El Jaime I, fue un acorazado que se hizo para la Armada Española a principios de siglo. Durante la guerra civil, luchó en favor de los sublevados y el 17 de junio de 1937, explosionó en el puerto de Málaga, mientras le estaban haciendo reparaciones. Nadie pudo certificar si había sido un sabotaje o un accidente.
(6). En el censo de 1924, el patriarca de Casa Arenes, que atendía al nombre de José González Arenes (San Jorge de Heres, 1834), y ya viudo, estuvo casado con Manuela de la Viña, nacida en 1837, y vinculada a Casa El Tercero, aunque se desconozca más filiación. Este matrimonio tendría tres hijas: las solteras, Laureana (1869) y María González Viña (1878). En cambio, la primogénita Isabel, nacida en 1864, se casaría con un pariente directo suyo, José Viña (1858) y sobrino de la matriarca de referencia de Casa El Tercero, María de la Viña. De aquella unión, nacerían dos hijos José (1892) y María Viña González (1894) y con quien querían casar a Manuel El Tercero. Las relaciones endémicas han sido una constante en las áreas rurales.
María de la Concepción Fernández y Basilio Gutiérrez.
María, será la segunda hija nacida al amparo del matrimonio de Ventura y Pepín El Tercero. Nace a las once de la mañana, el 5 de diciembre de 1896. Será, según consta en el propio acta de registro de nacimiento, su abuelo Manuel Fernández quien se persone dos días después, como feliz declarante en el Registro Civil municipal. Atendiendo a aquel documento cedido por Rafael Gutiérrez (hijo), en esa fecha ya había fallecido la matriarca María de la Viña.
La otra parte de esta unión, Basilio Gutiérrez Fernández, viene madrugador al mundo, el día 5 de noviembre de 1898, a las seis de la mañana. Su padre, Rafael Gutiérrez Alonso (1856), natural y vecino de Vioño, casado con la candasina Josefa Fernández García (1865), será quien declare su nacimiento en el Registro Civil, un día después: "A las diez de la mañana del día 6 de noviembre".
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| Fuente: Rafael Gutiérrez. María Concepción y Basilio El Tercero. |
En ese documento registral se da cuenta de la pluralidad sanguínea de Basilio: sus abuelos paternos, Rafael Gutiérrez Pumarino y María Alonso son de la parroquia de Vioño y los maternos, Manuel Fernández Luanco, es de Candás, mientras que Rosalía García Otero es natural de Guimarán (ambos difuntos en la fecha del registro).
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Fuente: Rafael Gutiérrez. Acta de nacimiento de Basilio Gutiérrez. |
De aquella unión nacerán con vida ocho vástagos, tal lo recuerda José El Tercero: " Fuimos ocho hermanos, pero dos murieron siendo rapacinos. De uno de ellos, me acuerdo, llamábase Alfonsín y fue el último en nacer". El reparto de los supervivientes se hace de forma equitativa y curiosa:" Al final, quedamos tres mujeres y tres hombres. Primero nacieron ellas: Maruja, Carmina y Josefa. Después los hombres: Yo (José), Basilio (Like) y Rafael". Nuevamente, Falo Basilio, añade información a la manifestada por su hermano: " Alfonsín moriría de tosferina cuando era muy pequeño y mi hermana Rosalía murió más tarde que él. Ella tenía más años cuando murió".
Basilio, tras una adolescencia y juventud salpicada de acontecimientos caóticos, recalará fruto de la llamada del amor, en Casa El Tercero: " Mi padre casose y siempre trabajaría en la casería. Fue el que la llevó". Nuevamente, José proporciona un dato añadido que no hace otra cosa que prolongar la sombra familiar: " En Candás hay también otra Casa El Tercero, en San Antonio, y eren parientes . De allí era Andrés, el de Casa Bolla".
La exposición familiar, siempre más fiable y reconocible nos añade datos impagables: "Mi madre era la nacida en Casa El Tercero. Mi padre vino de Vioño. Se conocieron cuando él vino de la guerra de África y empezó a trabajar para la Casa Norte, que era la más importante que había en aquellos momentos en el pueblo. Y así se conocieron". Respecto a la figura de María: " Ella tuvo dos hermanos más: Carmen y Manuel y fue la que se casó para casa. Mi madre era lista y vivaracha. Muy espabilada, había gente que recurría a ella para cuando tenían dudas sobre cosas de la tierra o de la misma vida".
Su marido, era el contrapunto perfecto a la personalidad discreta de María: " Lo de mi padre, Basilio, era otra cosa. Era muy simpático y guasón. Le gustaba la juerga". Aquella disposición se manifestaba espontáneamente: " Teníamos una huerta con manzanos al lado de casa y en aquellos años de fame había que vigilar cuando había manzanas, porque sino quedabes solo con les rames del árbol. Una vez, tocome ir con mi madre a llindarles (cuidarlas) y sentámonos debajo de un manzanal. Y el tiempo que tardó mi padre en hacer ruidos y lanzar cosas para hacernos de rabiar, como si estuvieran robando les manzanes".
En todo el pueblo se sabía de su legendaria afición por el Real Oviedo: " Era muy fororo del Real Oviedo, aunque nunca lo vio jugar". Aquel sentimiento, no pasaría desapercibido al propietario del Restaurante Mesón 7 Villas, Ricardo Fernández, Calo: "Algunas veces los jugadores y el presidente venían a comer a La Frontera a Casa Calo. Y en más de una ocasión Calo se presentó en Les Moranes con gente de la plantilla a ver a mi padre: Prosinecki, Oli, Onopko, Eugenio Prieto (presidente)...muchos jugadores". De aquella relación afectuosa, se dio muestra en un gesto final: "Y cuando murió, ya con 101 años, se presentó el Oviedo con una corona preciosa".
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Fuente: Juan Carlos. Eugenio Prieto, entonces presidente del Real Oviedo, junto con el jugador Oli, visitan a Basilio. |
Para refrendar aquella pasión, nada mejor que publicitar las declaraciones de su nieto Rafael: " Mi abuelo, Basilio El Tercero, era muy forofo del Real Oviedo y siempre estaba escuchando los partidos a todo tren por la radio. Pero cuando marcaba o ganaba el Oviedo, se enteraba toda la quintana. Cuando perdía, no estaba de humor".
Retazos de la juventud de Basilio.
Nuestro hombre, tal y como se expuso, nace en Vioño un 5 de noviembre de 1898. Y lo hace en una casería de poder, regentada por su familia: Casa Arispol (7). La figura de su padre, Rafael Gutiérrez Alonso (1856) va a condicionar el devenir de toda la familia, tal lo detalla el propio Basilio: "Mi padre era labrador y vivíamos en una casería grande y muy rica. Éramos ocho personas y nunca nos faltó de nada. Cuando mi padre se quiso marchar para México, se jugó la casería y nos abandonó. Se marchó desde Avilés con su hermano y arrancaron para América". De aquella fuga tienen noticias meses después: " Nos mandó una carta con una foto, para cada uno de los hermanos, pidiendo perres, que no tenía". Esta sería la primera y única noticia llegada desde ultramar. Entonces, en aquellos años se estaba desarrollando en aquellas tierras americanas una revolución en contra del dictador Porfirio Díaz, que oficialmente duró diez años, pero que a todos los efectos se prolongaría dos décadas más.
Tras este deleznable comportamiento del progenitor, Basilio busca trabajo y sus conocimientos del mundo agro-ganadero, le facilita incorporarse a finales de la primera década del pasado siglo como criado en Casa Norte, tal lo testimonia él mismo: "Mi padre marchó pa México, entonces yo vine de criao pa Casa Norte. Estuve de maravilla porque aunque se trabayaba muncho, era muy buena gente". Describiendo su iniciática experiencia laboral, vinculada a una familia con demostrados recursos económicos: " Teníen muchos criaos, éramos entre muyeres y paisanos ocho, porque la casa era tremenda. La sala estaba en la parte de arriba y había que subir por unes escaleres de castaño. Era muy grande y había un armario muy grande, muy grande. El suelo era de madera, de tables muy anches y había colgao de la paré un cuadro muy grande de uno de aquellos vieyos que vivíeron allí. Pero lo mejor era el comedor, que taba en la parte de arriba de la cuadra. No había comedor como aquel en todo Luanco y Candás".
Sus primeros recuerdos en el pueblo de Antromero, que finalmente sería el suyo, están vinculados a la seronda: " Según llegué lo que vi fueron montones de castañes. Se amogostaben (asaban) fuera de la casa, al lao de la panera, de noche y pa alumbrar traíen faroles de carburo". Aprovechando aquella demasía del fruto del castaño, se buscaba su máximo rendimiento: " También se cocíen les castañes, se machacaben y se facía un pan que estaba tremendo. A mi siempre me gustó mucho". Aunque el exceso o abuso estragan las mejores voluntades: " Comí tantes, que acabe fartuco".
En el año 1919, cuando contaba 21 años, es llamado a filas para luchar en la guerra de Rif: "Llamáronme pa dir a la guerra y tocome marchar pa Africa. Viajamos en tren de carbón hasta Cádiz, y después en un barco que se llamaba "Delfín". Una vez en la ciudad andaluza hubo que hacer tiempo para el embarque: " Dimos una vuelta y escuchamos tocar música. Pasamos dentro el bar y era una muyer que tocaba el piano. Eren tres muyeres de la gran vida. La que me tocó a mi era muy curiosa, sentose encima de mi y me empezó a dar abrazos. De repente el barco empezó a pitar, y ella no me dejaba marchar. Al final, al soltame de la moza, rompiome el chaleco".
Las tierras rifeñas no iban a recibirles con tanto cariño: " Taba todo lleno de alambres con pinchos, pa que los moros no pasaren. De todos los que fuimos pa África de Gozón, solo volví yo. Unos murieron y otros quedaron allí pa siempre". En todas las guerras los poderosos ponen las armas y los pobres los muertos:" Mi padre cuando se fue a la guerra decía que no se teníen de pie de sarna y piojos. Las guardias de noche eran terribles con los ataques de los moros. Aunque al final, tuvo hasta suerte pues durante un tiempo no estuvo en la primera línea".
A la vuelta, le toca la añorada rutina laboral en Casa Norte, aunque ya por poco tiempo. El matrimonio con María, le reconduciría la vida, tomando decisiones y gestionando el día a día, y que recuerda con la sorna metafórica que lo caracterizaba: " Cuando me casé, estaba el cucho delante de la puerta de la casa. A poco tiempo se puso donde tenía que estar".
(7). Según Ignacio Pando, el término "Arispol" deriva del latín. "Ara", es altar y en este caso se interpreta como lugar consagrado al dios romano Apolo (una de las deidades más importantes de la mitología romana). Erika Álvarez, corrobora la importancia de esta casería: " Era muy buena casería, que pasaría a manos de los Mori. Sus últimos habitantes murieron hace unos diez años". Basilio, detalla aquella riqueza productiva: " La casa tenía de todo. Árboles que daben de todo: castañes, nueces, manzanes,.. Era del Conde Peñalva y acabo en manos de los Mori, de Luanco".
Los fios de María y Basilio El Tercero.
"Confieso que he nacido donde hubiera elegido
por encima de todo
cada vez que naciera".
Aurelio González Ovies.
El llanto de un recién nacido en una casería en las primeras décadas del siglo XX, era la melodía más esperada y a la vez temida. Mezcla desigual de milagro, temor a su supervivencia y esperanza en el futuro. El miedo a la enfermedad sobrevolaba las expectativas y al recelo del catre vacío. Un niño sano era el éxito garantizado que superaba las duras exigencias de la vida. Nuevas manos para trabajar y fortalecer el proyecto de continuidad familiar.
Las muertes prematuras de los más pequeños fueron un denominador común y tragedia cotidiana, golpeando las puertas sin distinción. Las enfermedades y la desnutrición los perfectos compañeros de viaje de una muerte que jugaba con las cartas marcadas. El milagro científico que ayudaría a la supervivencia del neonato aun tendría que esperar, acompañado de las primeras vacunas, la aparición de la penicilina, y una mínima higiene.
Nadie estaba indemne ante la tragedia amenazante y en Casa El Tercero, como tantas otras sufrieron los excesos de la parca, arrebatando la vida de dos de sus pequeños. Es preceptivo una evocación de sus otros seis hijos, que en orden cronológico cumpliremos.
María Gutiérrez, El Tercero y Félix Hevia.
María Gutiérrez Fernández, Maruja El Tercero, fue el primer retoño de Basilio y María. Mujer trabajadora e incansable que supo del reto que representaba vivir, aunque el tránsito golpeó prematuramente en su puerta. Será su nieta Isabel Hevia, quien desglose un breviario emotivo y respetuoso para perpetuar su memoria.
"De mi abuela María, nacida en el lejano 1926, sé muy poco, murió joven, dejando un vacío tan hondo que mi abuelo hablaba poco de ella, un silencio que sus hijos también compartieron como una forma de respeto. A falta de detalles concretos, me han bastado esos pocos susurros familiares para reconstruir en mi mente la vida que le tocó vivir. Igual me falla algún dato, es probable, pero escribo desde el más profundo cariño con la única intención de que no se olvide.
María era la primera de los cinco hijos de Basilio y María el Tercero. Poco me han contado de su juventud, pero la imagino con las manos curtidas por el frío de la mañana, ayudando a sus padres con el ganado. En los años 30-40 la vida no se elegía, se heredaba, y ella heredó la tierra, el olor a paja y animales, y la constancia de quienes saben que, si no se trabaja, no se come. Nacer en 1926 significaba crecer en un mundo que se rompía a pedazos, donde la resiliencia no era una opción, sino la única forma de amanecer al día siguiente, sobre todo si eras mujer.
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Fuente: Isabel Hevia. María El Tercero.
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Cuando rondaba los veinte años, en esa mitad de la década de los cuarenta donde la vida se abría paso a pesar de las dificultades, se casó con mi abuelo Félix. No sé exactamente cómo cruzaron sus miradas por primera vez; supongo que coincidirían en el baile, en casa de algún vecino o en alguna romería del pueblo, que eran los pocos espacios que el destino ofrecía por aquel entonces para encontrarse.
Félix, era un joven de origen candasín pero que había vivido prácticamente en Antromero durante toda su vida. Mi abuelo era el menor de los tres hijos de Rafael, guarda del Sanatorio Marítimo Provincial de Candas y alguacil del Ayuntamiento de Carreño, y su esposa Emilia. Su padre Rafael asumió el cargo de Guarda del Sanatorio desde 1920 hasta 1943, año en el que falleció. Durante ese tiempo, la familia vivió en la casa del guardes del Sanatorio, en la que nació mi abuelo Félix en 1927, el último de los hijos del matrimonio tras Isabel y María, sus dos hermanas. A la muerte de su padre, con 19 años, junto con su madre y hermanas, abandonan la casa del Guardes. Aun así, Félix tenía grandes amistades en Antromero dada su proximidad durante tantos años en ese entorno. Por eso no es de extrañar que en esos años de juventud se encontrase con mi abuela María, con la cual se casaría.
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| Fuente: Isa Hevia. María y Félix. |
Los primeros años de su matrimonio estuvieron ligados al origen de mi abuela, compartieron techo en la Casa el Tercero de mis bisabuelos, entre el calor de los animales y el trabajo de la tierra que la vio nacer, ahí nació su primogénito Ángel, después se irían a Candás en donde nació su segundo hijo José (Pepe) y, anhelando la vida en Antromero, a fuerza de constancia y trabajo, decidieron construir ahí una casa, en donde nacería su tercer hijo Félix.
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Fuente: Isabel Hevia. Pepe y Ángel.
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Fuente: Isabel Hevia. Félix y su hijo Félix.
Mi tío Pepe, el único de los tres hijos con vida, recuerda el nacimiento de mi padre, ya en Antromero, “el día que nació el mi hermano Félix, nunca se me olvida, tendría yo 6 o 7 años, Ángel y yo fuimos a dormir donde vive Ángel de San Pedrin, dormimos el mi hermano Ángel y yo allí, porque nació de noche”. Desde ese momento, eran tres bocas que alimentar, tres vidas que cuidar. Me cuentan que cocinaba en ollas de barro y que lavaba la ropa en el río, como hacían todas las mujeres del pueblo. Desde la distancia me imagino inviernos de agua congelada, manos agrietadas por el jabón y rodillas clavadas en la piedra.
La casina de mis abuelos fue una de las primeras en construirse en la zona de la Eria y próxima a la zona más costera de Antromero, después se construirían la Escuela y la Casa Anxelín. También recuerda mi tío Pepe que fue de las primeras casas del pueblo en tener un televisor “la primera tele que hubo fue en la Frontera y luego tengo miedo de que fuera la nuestra, venían de casa Anxelín y el maestro Manolin a ver la tele”. María siempre conservó una buena relación con la casa de sus padres, algo que mantuvieron sus hijos, y que sus nietas recordamos “de pequeñas siempre íbamos cada dos o tres días con nuestro padre a buscar leche, jugar en la fuente de agua que había en la quintana, ver nacer algún xatin y ver si bisabuelo Basilio adivinaba quien era cada una. En verano ya era tradición ir una o dos tardes a recoger patates, momento en el que coincidíamos con tíos y primos, aunque de pequeñas siempre protestábamos porque queríamos ir a la playa en lugar de a la tierra. Echando la vista atrás, ahora con la sensatez de la adultez, son momentos de encuentro que se echan en falta hoy en día”.
Mientras María se ocupaba de los niños y el hogar, mi abuelo Félix trabajó desde los 19 años hasta su jubilación en la compañía del Ferrocarril de Carreño, que en 1974 se integró en FEVE. Mi tío Pepe lo recuerda así “empezó muy joven, enseguida subió a capataz porque dibujaba muy bien y tenía una letra muy buena y todos los días tenía que hacer el parte. Cuando se jubilo tenía el cargo de sobrestante”. En este desempeño, coincidía con sus cuñados José (casado con Josefa hermana de María) y Sergio (casado con Carmina hermana de María) y diversos vecinos de Antromero. Años más tarde, mi tío Ángel comenzó a trabajar en la compañía ferroviaria al igual que sus primos Basilio y Avelino.
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Fuente: Isabel Hevia. Trabajadores del Ferrocarril Carreño. Félix, el primero de la primera línea de abajo por la derecha. |
No obstante, más que de su trabajo, de lo que algo estaba orgulloso mi abuelo era de una tradición que había heredado de su padre y que empezó a desempeñar con 17 años, cuando su padre enferma y tiene que tomar el relevo en uno de los actos más esperados en la villa candasina: el Encuentro. Durante 57 años, y hasta que la salud se lo permitió, fue el encargado de arriar la bandera cuando llegaba la Virgen cada Domingo de Pascua.
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| Fuente: Isabel Hevia. Félix, en una imagen del Encuentro en Candás. |
Mi abuela María se fue demasiado pronto, la enfermedad quiso que falleciera muy joven, dejando un hueco que mi abuelo nunca reemplazo. Se fue joven, pero dejó los cimientos de una familia que supo sostenerse. Mi abuelo Félix siempre mantuvo relación con sus cuñados, durante muchos años, en especial tras su jubilación, pasaba las tardes con su cuñado José echando la partida en el chigre, en algunas ocasiones se les unía su cuñado Like o alguno de sus hijos o sobrinos. Alrededor de las mesas de madera del chigre, entre el ruido de las cartas y los vasos, habitaba el recuerdo de la mujer que un día los unió a todos".
Carmina El Tercero y Sergio Artime, Les Moranes.
Hay parejas que se formalizan a la puerta de casa, sin más complicaciones. Eso mismo fue lo que ocurrió a la segunda hija de María y Basilio. Carmina El Tercero, se casará con su vecino Sergio Les Moranes y de ese matrimonio nacerán cuatro hijos: Agripina; Avelino; Carmen, Carmenchu y Basilio.
Formalizarán residencia a pocos metros de sus casas matrices, en el barrio de La Flor. Carmina, desempeñará el esforzado trabajo de ama de casa, criando a su prole y la huerta que siempre exigía. Mientras tanto, Sergio cumplirá sus sus obligaciones laborales en los ferrocarriles de Carreño, donde coincidiría con sus cuñados Félix y José.
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Fuente: Asociación Gritos. Carmina la segunda por la izquierda. A su lado, Josefa, su hermana; Basilio El Tercero y Rosario Rosa. |
Josefa Gutiérrez, El Tercero y José Fernández, La Maestra.
Josefa es la tercera hija del matrimonio de María y Basilio, nacida en el año 1929. Mujer extrovertida y cercana, se casaría muy joven, tal y como se estilaba, con José Fernández. Formalizarán familia y vida en el barrio de La Viesca. Tendrán dos hijos: María José y José. Nadie mejor que su nieta, Natalia, para hacer un breve y emotivo recordatorio de su persona.
"Mi abuela fue, sin lugar a duda, el pilar de mi familia, mi segunda madre. Yo me crie, además de con mis padres y mis hermanas, con ella y con mi tío José, su hijo. Siempre he sentido que he sido afortunada por haber crecido con dos madres y dos padres, porque su presencia en mi vida fue constante, esencial y profundamente significativa.
En mi familia, todos los asuntos giraban en torno a ella. Era el centro, la referencia, la persona a la que todos acudíamos y alrededor de la cual se organizaba la vida cotidiana de casa.
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Fuente: Rafael Gutiérrez. Josefa, acompañada delate de su casa con su hermano, José y sobrino Rafael. |
La recuerdo como una mujer fuerte y cercana al mismo tiempo. Tenía un carácter firme, de esos que dejan claro quién es la persona que manda en casa, pero a la vez sabía dar cariño, acompañar y hacer sentir a cada uno en su sitio. Esa mezcla de fuerza y afecto es, para mí, lo que mejor la define.
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Fuente: Juan Carlos. Josefa El Tercero y su hermano Like, departiendo. |
Siempre hablaba mucho de sus padres y de sus hermanos, y nos contaba numerosas historias de ellos. A través de sus recuerdos, nos acercaba a su propia vida, a su infancia y a su familia de origen, y de esa forma también nos transmitía parte de nuestra historia familiar. Escucharla era, en cierto modo, viajar al pasado con ella.
Mis abuelos se casaron el 7 de junio de 1952. Ella tenía 23 años en ese momento y mi abuelo 29. Lamentablemente, mi abuelo falleció muy joven, con apenas 66 años. Yo no tengo tanto recuerdo de él, pero su ausencia se sintió profundamente en la familia, y su presencia ha permanecido siempre entre nosotros.
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Fuente: Natalia Cuervo. José La Maestra. |
Recuerdo a mi abuela como una persona muy trabajadora, ya que ella se ocupaba, de las tareas de la casa, de la tierra y de cuidar de los animales. Su vida estuvo siempre marcada por el esfuerzo constante y por una gran dedicación a la familia y al hogar".
Mi abuelo, por su parte, trabajaba fuera de casa, pero también ayudaba en lo posible con la tierra y con el ganado" .
Natalia Cuervo.
José Gutiérrez El Tercero y Visita Gutiérrez Álvarez.
El cuarto hijo en orden de nacimiento y el primero de los varones, nos facilitará una recreación de los años de su adolescencia y juventud a través de su testimonio. Experiencias tan comunes y diferentes con la gente de su generación, que serán enriquecidas con los detalles aportados, y con los que se podrá construir un tiempo desaparecido y sin ánimo de regreso alguno.
Los recuerdos de su tardo-infancia derivan inevitablemente en la escuela: "Fui a la escuela de La Flor, donde Casa de Teresa La Mata. Allí, teníamos un maestro que era de Perlora y pasó unos cuantos años poniendo escuela. Les coses antes no eren como ahora y tenía que dar clase por la mañana y por la tarde, y por eso estaba hospedado en Casa Teresa. Allí dormía y comía por semana". La memoria selectiva se desgrana dependiendo de ciertos estímulos que no se controlan, y que recuerdan detalles aleatorios: " Pocholo, que era como lo llamábamos, siempre iba de traje. Era muy rígido con todo y la mano ligera. La educación la llevaba a rajatabla". La combinación con la presencia de la autoridad religiosa en la escuela, multiplicaba aquel excesivo formalismo: " Era aparecer el cura Genaro, cuando venía de inspección y Pocholo gritaba: ¡En pie!. Pegábamos un salto y quedábamos tiesos como una tabla". Entonces era el momento que el maestro tenía que demostrar todas las enseñanzas cristianas generadas en sus discípulos: " Siempre sacaba a un par de elegidos, que sabían las preguntas". La conclusión de nuestro informante no deja lugar a dudas: " El maestro era muy riguroso y el cura peor". Y el fin de semana, se complementaba con formación del espíritu nacional, en forma de música: "Los sábados, nos ponían pegados al muro, cantando el "Cara al sol", una y otra vez, no fuera cosa que se nos olvidara".
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Fuente: Mariluz Serrano. Pocholo, al frente de los escolares antromerinos, posa delante de la fachada de la escuela d'arriba. Años 40. Entre el tumulto, está o debiera estar José. |
A la formación cultural se la complementaba con la espiritual:" Había que ir también a la iglesia. En el cabildo íbamos a aprender la doctrina y el catecismo. La que nos lo enseñaba era Perfeuta". Concluyendo en sentencia que no deja lugar a dudas: "La doctrina había que saberla sí o sí". Manteniendo la pauta explicativa sobre la religión, no olvida algunos tiempos señalados en el calendario cristiano: " En Semana Santa todo era luto. En la iglesia de Bocines los santos estaban tapados. Y en esa fecha murió una mujer del pueblo y me tocó ir a avisar al cura. Después de esperar ni se sabe cuanto tiempo por él, apareció y todo eran malas caras". La apreciación de José, demuestra el mordaz humor de Los Terceros: "¡Es que en aquellos años no podías morirte en Semana Santa!".
Su juventud estuvo vinculada a las labores propias de la casería y al trabajo por cuenta ajena:" El primer trabajo que tuve fue en Jove, en Gijón, en un taller que se hacían piezas para los barcos. Pero siempre había que hacer en casa: segar la yerba a gadaña, sin máquinas, como siempre se hizo. Semando en El Riego, patates, cebolles,... Y con diez, once años, cuando no se estaba en la escuela a lo que se te mandara: arrancar fabes, recoger patates, y sin protestar". Precisando la logística animal a atender: "Entonces había entre seis a ocho vaques. En la cuadra había espacio preparado pa ocho vaques. Eren animales que servían para trabajar y para dar leche. Nada que ver con les de ahora que están especializadas en algo".
Tras su primera experiencia laboral, cambia de aires, a la sombra de la gran empresa siderometalúrgica de Asturias:" Trabajé en ENSIDESA, que entré un poco mayor para aquella época con 27 o 28 años. Y lo hice en una compañía francesa Appleby, que fueron los que hicieron el teleférico que tiraba restos de la fábrica a la mar, a Cabo Negro. Pasé un examen y me dieron aprobado y después de pasar una prueba en el taller, al día siguiente ya estaba con ellos". Su periplo en la compañía auxiliar tiene fecha de caducidad: "Una vez que se entregó la obra a ENSIDESA, estos no admitían a más gente porque ya tenía muchos y mi jefe francés fue el que informó que tenía que seguir trabajando allí. Porque era el que había instalado todo y así entre con el número de matrícula 12.658. Y allí estuve de mantenimiento hasta que se cerró el teleférico. Los últimos años ya los pasé en el puerto, que fue cuando llegó la reconversión y me mandaron para casa con 57 años".
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Fuente: Juan Carlos. José El Tercero, en la celebración de su 90 aniversario. |
Los excedentes agroganaderos de Casa El Tercero, eran destinados en venta diaria, que tenían una responsable: " A la plaza de Candás iba a a vender mucho mi hermana Maruja. No era mucho, lo que sobraba del consumo para casa. Se plantaba fabes, maíz, escanda, patates y cebollas para casa. Lo que sobraba se llevaba a vender. También se llevaba leche. La escanda era un problema pa hacer harina, pues había que llevarla a moler a un molín de Carreño, para la parte de Coyanca".
Otra de las labores cotidianas de cualquier domicilio, era el ir a buscar el agua a la fuente. Y dada su proximidad, la opción más razonable era ir a la fuente Carín: " Íbamos todos los días, para la necesidad de casa. Al principio no me gustaba ir, pero después si. Allí coincidía con Fausto, y más gente y estábamos entretenidos". La fama de aguas salutíferas de aquel manantial, no pasaba desapercibida:" Iba mucha gente porque se creía que aquella agua era muy buena para la salud". Para la logística animal se buscaba otras alternativas: " A los animales se llevaban a beber al Fontán, aunque en el verano había menos agua. Se construyó un bebedero hecho de obra, que después de tantos años y de que secara ese manantial, todavía se pueden ver restos de aquel muro".
En el rescate de momentos vencidos por el tiempo, surge de la nada el recuerdo del ocio y fiesta programada: "Había tiempo para todo, para trabajar y para la fiesta. Ahora los jóvenes piensan más en la fiesta que en el trabajar. Y no hacen mal del todo. No había romería, ni fiesta de los alrededores que no hubiera gente de Antromero. Íbamos andando o en bicicleta. Había tantes bicicletes como paisanos en el pueblo". Y cuando no se disponía de este transporte quedaba una alternativa económica: "Alfonso el de Belarmina alquilaba bicicletes".
A la edad de 27 años, emprende una nueva aventura vital, casándose con la luanquina Visita Gutiérrez Álvarez. "Tuvimos dos hijos: María José y Juan Carlos". La primogénita se convertirá en la primera mujer policía del concejo. Iniciativa laboral y vocacional seguida años más tarde por su primo carnal, Rafael Gutiérrez Feito.
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| Fuente: José El Tercero. José y Visita. |
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Fuente: Rafael Gutiérrez. María José y su primo Rafael, en la Peña Larga. Entonces, futuros policías de Gozón. |
Basilio, será el quinto hermano en orden cronológico. Encargado de dar relevo generacional a su padre, en la casería. Con él se pone punto y final a estas actividades ganaderas en la familia, que no agrarias. Tuvo algunos intervalos laborables ajenos, pero muy puntuales: " Yo trabajé en la Fedionda (8). Fueron unos meses, cuando más pescao se traía".
Hombre trabajador, servicial y muy dadivoso prefirió mantener su soltería. Hizo el servició militar en Zaragoza, y aquella experiencia le reportó grandes y eternas amistades, que aun se mantienen. Formó parte del regimiento de pontoneros en los inicios de la década de los 50. Allí conocería a Franco, en una visita programada. El dictador fue preguntando a los soldados de donde eran. Like respondería con aplomo que de Antromero, y la respuesta inmediata de Franco fue que conocía bien al pueblo.
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Fuente: Rafael Gutiérrez. Like, en primer plano, jurando bandera.
Fuente: Rafael Gutiérrez. Like a bordo de una moto con sidecar. |
(8). La Fedionda fue una fábrica de harinas de pescado, instalada en Antromero. Su apelativo venía derivado de los olores que su producción generaba. Aquello "fedía". Para mayor información consultar el capítulo 22.
Rafael Gutiérrez, Falo Basilio y Visitación Feito.
Rafael, Falo Basilio, será el ultimo hijo en nacer de este clan. Su infancia transcurre como la de cualquier otro niño de la época: ir a la escuela y colaborar en lo que se podía en casa. Es en la juventud, cuando marcará su orientación profesional, convertida en pasión, trabajar en la madera. "Empecé al acabar en la escuela, a los 15 años, a trabajar en un tallerín que había en Candás. Allí se aprendía el oficio, trabajando con las herramientas, no con máquinas como ahora". La relación de jóvenes antromerinos que toman esta decisión es notable:" Conmigo fueron Manolo Balsera, Luis El Catalán, los de Sampedrín, Pepe El Casao (vivía en el Rebuñón)".
Una vez aprendido el oficio, cambia de aires:" De allí pasaría a otro que llamaben el de Félix de La Mexiona, que era panadero en Candás. Algún tiempo después, Pepe El Casao y yo montaríamos un taller por nuestra cuenta". Aquella aventura empresarial, tuvo eco y reconocimiento entre la potencial clientela: " Defendíamonos y hacíamos muebles de encargo. Muchas camas y mesitas de noche. Aun me acuerdo los precios de lo que se hacía: cames a 1000 pesetas y la mesita a 500. Muebles que duraban toda la vida. Madera maciza de castaño".
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Fuente: Rafael Gutiérrez. Falo Basilio, primero por la izquierda en su proceso formativo, en Candás. |
En sus años mozos, y con la coincidencia de sus hermanos estén en la mili al unísono, le exige trabajar por la mañana en la casería con su padre y por la tarde en el taller, aprovechando el momento para cumplir un sueño:" A mi, siempre me gustaron las motos, algo que heredó mi hijo. Mi amigo Suso ya tenía una vespa. Crié un xato en casa y lo engordé para venderlo. Con las 18.000 pesetas, fui con Suso a Gijón al concesionario. Primero pasamos por la casa de la Lambretta y estaban todas reservadas. Fuimos a ver las vespas y estaban descargándolas de un camión. Me dijeron que tenía que esperar al siguiente viaje, que todas estaban vendidas. Cuando saqué del bolso y me vieron les perres, las cosas cambiaron. Ese mismo día, volvimos pa Antromero cada uno con su moto".
La compra de este vehículo, representó una gran ventaja, con alguna inevitable desagradable sorpresa. " Un día que veníamos de romería paramos como siempre en La Flor, con Jovita. Echar una partida, una botella de vino y el que perdía pagaba la botella. Dejaba siempre delante la moto, un poco separada de la puerta para que no molestara. A la una o las dos de la mañana me dicen que están andando en la moto. Salimos y un chaval subió a la moto que dejó a la altura de la fuente al no poder arrancarla y echó a correr por donde está ahora el hotel. Atravesó bardiales , maizales y el rio. A los siete días vemos un chaval en Luanco que no podía andar todo lleno de arañazos y golpes que era de Santolaya y cortejaba en Candás. Seguramente venía cansado y quiso hacer el viaje de vuelta en moto y le salió mal".
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| Fuente: Rafael Gutiérrez. Falo Basilio, sobre una de sus pasiones. |
Las querencias van contigo, aunque cambies de aires: " Una vez en Alemania, también compraría otra moto. En una gasolinera, vi una inglesa, una Triump y la compré. Se la dejé a uno de las cuencas y en una curva me la desgració. La idea que tenía era traerla para España, pero... Después me hice con una lambretta, que se quedaría con ella el que nos cogió la casa, una vez que regresamos de modo definitivo".
Aquella decisión de marchar a Alemania, pese a tener vientos favorables su iniciativa con Pepe El Casao, tiene un condicionante físico y tangible: "Conocía a un paisano que el padre era alemán y vino cuando la guerra y se quedaría en Perlora, casándose allí. Al terminar la guerra marchó para Alemania. Pero cada vez que venía de visita paraba por Candas y una vez que coincidí con él en Casa Antón de Pano y también con Panín y me animaron para marchar. Lo pensé y hable con Pepe Medero, que no tenía trabajo y allí arrancamos dos de Antromero de turistas, sin papeles ni permiso de trabajo". A la aventura programada y sin conocer el idioma. "Marché pa Alemania en el 60 y mi mujer, que aun no estábamos casados en el 63, tres años más tarde".
Volvamos sobre los pasos ya recorridos, abandonemos por un momento la experiencia migratoria, que se detallará en epígrafe posterior y específico y dejémonos llevar por las declaraciones de Falo sobre sus años mozos. Será este momento para recordar tiempos, que de otro modo se desvanecerán para siempre jamás: "De chavalín salías de la escuela y siempre había un momento para trastear, para jugar, pero no mucho. De chaval, ya se iba a Casa Marcelo Sierra, a jugar a los bolos. Todos los chavales del pueblo paraban allí. Antes había más camaradería, había una unión tremenda. Íbamos a jugar a la playa al balón". Práctica deportiva muy popular y de la que detalla algunos practicantes más estilosos que otros: " En Antromero, había una afición tremenda al fútbol. Fausto era muy bueno, tenía un drible que para quitar la pelota había que darle con un palo. Manolo Robés era también muy bueno y en la defensa eran Jesús de Capacha y Falo Miterio los mejores. También jugaba muy bien Mino, el padre del futbolista". Aunque, siempre había una fecha marcada en el calendario, para reunir a todo el pueblo en torno al balón, con independencia de las habilidades: "Por San Pedro, aunque no hubiera romería, siempre se jugaba el partido entre los solteros y los casaos. Este ambiente ya se perdió".
Recordando esta atmósfera festiva citada, nos recuerda un calendario a respetar:" Se iba a todes les romeríes de alrededor. No se dejaba una atrás. Íbamos en grupos de amigos: Pepe Medero, Luis el Catalán, Pepín de Rosario, Manolo de Belarmina, Suso de Bernarda,...unos cuantos". La distancia al lugar acordado, marcaba la forma de transporte: " Si la romería estaba cerca, igual se iba andando. Si estaba más lejos, en bicicleta. En aquellos años el que tenía una bicicleta, tenía un tesoro". En caso de que no fuera así, se recurría a los servicios de Alfonso el de Belarmina: " Alquilaba bicicletas".
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Fuente Rafael Gutíerrez. De izquierda a derecha y arriba: Falo Basilio, Luis El Catalán y Pablo de Belarmina. Abajo: Manolo de Belarmina y Pepe Medero. El niño, Alfonso de Belarmina . Romería de San Pedro.(1957). |
En el periodo juvenil había un tiempo para cumplir las obligaciones con el Estado, intervalo inexcusable sujeto a la suerte, que en esta ocasión sonreiría a José: "En el sorteo de la mili me tocó ir a África, como a mi padre, Basilio. En la Caja de Reclutas de Pravia, alguien dijo que el que tuviera algo que alegar que lo dijera. Subí unas escaleras y enseñé un dedo que tenía hinchado de andar en la moto, por los sabañones y el frío. Lo miraron y libré la mili".
De sus padres, recuerda el sacrificio, el trabajo y el ahorro, que heredarían sus hijos. " Mi madre era muy trabajadora y hasta los setenta y pico años anduvo con la fesoria. Maruja, mi hermana, no paraba. Todo el día en función, era la encargada de vender lo que sobraba de la tierra y la leche. Por la mañana a la plaza con una cesta en la cabeza y por la tarde en casa trabajando. Carmina se casaría con Sergio, Josefa en La Viesca con José La Maestra. Todos nos casamos y el que quedó para la casería fue Like, que era el soltero".
Fueron años diferentes, nada que ver con el mundo desbocado de hoy: " Antes había mayor unión y más confianza. En las casas había tanta confianza, que no había cerraduras. Una tarabica (9) para cerrar las puertas bastaba".
Falo, tal y como se reseñó, emigrará a Alemania en 1960, dos años después lo haría su prometida Visi. En 1963 contraerán matrimonio, tal lo recuerda hoy su esposa: "Nos casamos en Alemania en 1963 y tuvimos tres hijos: Rafael (1967) que nació en Alemania. Antes de que fuera demasiado tarde y que nuestro hijo enraizase allí, decidimos regresar. Entonces yo estaba embarazada de María de los Remedios (1968). Dos años más tarde nacería la tercera, María Belén".
(9). Mecanismo de madera y giro, que se coloca en las puertas para evitar que se abran solas.
La emigración de Casa El Tercero.
"¡Adiós, llanos de la mar!
¡Adiós, montas de la costa!
¿Cuándo os volveré a mirar?
La suerte me lleva lloñe,
la tristura empoderar...
¡Ay de quien dexa la patria
ensin saber si ha de tornar!".
Pepín de Pria.
Emigrar es empezar de cero, pero con el corazón partido. Nadie abandona a su familia sin motivo, nadie deja a su pueblo, a su aldea, sin una convicción de mejoría. La decisión se toma para buscar lo que la tierra que te vio nacer, te niega. Atrás queda el hogar, la familia, los recuerdos y los olores de la infancia. En el ralo equipaje se acompañan los miedos y temores: el rechazo del nuevo mundo, la aprensión que representa una nueva cultura, un nuevo idioma y la angustia de recibir una mala noticia desde la distancia.
La incertidumbre hace más pesados a los escasos bártulos de la huida programada. Días difíciles en la búsqueda de una mayor tranquilidad, de un mañana estable que pueda garantizar un futuro mejor. Emigrar desgarra y seca las raíces, pero solo la superación personal puede mitigar tanto descalabro. También la fortuna de la compañía, de los compañeros de aventura hacen más llevadera la apuesta y el riesgo programado.
El primer miembro de Casa El Tercero en probar suerte allende los mares, fue José Fernández García, Pepín El Tercero (1866), quien acompañado de su hermano Genaro. Juntos harán viaje y escala laboral en Cuba. Todo apunta que la ventura orientada a la mejora económica no dio el resultado apetecido y la vuelta fue prematura. De aquella estancia, trajo preciado menaje de cocina, en forma de cubiertos que el adquiriente se encargaba de publicitar cada vez que se les daba uso.
Algunos años más tarde, y aunque se trate de vinculo familiar político con esta casa de referencia, será el padre de Basilio El Tercero, nacido en la parroquia de San Esteban de Vioño, quien tomará la decisión, también junto a un hermano, de marchar a México. Aunque, en esta ocasión para no regresar jamás.
En la segunda década del pasado siglo y sin posibilidad de poder precisar fecha concreta, tomará el testigo de su padre, Manuel Antonio Fernández Fernández (hijo de Pepín El Tercero), quien recalará brevemente en la isla cubana, como recuerda su nieta María del Rosario: "Aquella estancia se prolongaría durante un año". Breve, pero suponemos intensa experiencia.
Tendrá que pasar casi media centuria, para que otro miembro familiar retome una inercia laboral adormecida, en la figura de Rafael Gutiérrez, Falo Basilio. Rompiendo estereotipos y normas se acompaña de su amigo Pepe Medero: "Íbamos sin papeles de trabajo, como turistas para poder pasar por la frontera, porque no sabíamos lo que nos esperaba, estábamos como topos. Nos paró la policía pidiendo pasaporte y dijimos que éramos turistas. Después nos preguntaron por el dinero y comprobando el poco dinero que teníamos, nos apuntaron para trabajar en la mina. Sin trabajo no se podía estar y así que para la mina".
El contacto que tenían en Alemania allanó aquel tormentoso inicio." En taxi llegamos hasta donde estaba la mujer de nuestro amigo alemán y nos llevaron a la fábrica. Allí nos dieron una casa , adelantándonos dinero para poder vivir y comer. Muy bien. Éramos como una familia".
La ciudad que los acogió era Langenfeld, en la rica Renania del Norte -Westfalia. "Trabajamos en una siderúrgica de hacer tubería sin soldadura. Tubos estirados. Nos juntamos varios de Gozón: estaba uno de Santolaya, Manolo; uno de Bustio, de Verdicio a los que les que les hablé y vinieron. También otro de San Jorge, que se casaría con una prima de Visi, mi mujer". La aventura laboral con este hombre se prolongaría en el asfalto que los llevaba en una y otra dirección: " Tenía un coche alemán, un wolf. Con él venimos mucho tiempo a España".
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| Fuente: Rafael Gutiérrez. Falo y su primo político, apoyados en el wolf. |
Los cambios de aires no tardarían en llegar: "Allí estuvimos 5 0 6 años trabajando muy bien y muy contentos. Hacía mucha horas, porque pocos querían hacerlas. Un par de ellas todos los días, ellos contentos y yo más. En la fábrica era muy apreciado". Su contacto alemán le aconseja el cambio de trabajo: "Me dijo de un taller de un amigo para hacer embalajes y ganar más dinero. Tuve un buen compañero alemán. La faena era hacer porterías y colocarlas en los edificios de las estaciones de esquí". Los propietarios, viendo el potencial de nuestro vecino, temen por el regreso definitivo a su tierra, que trataban de convencer con extras económicos: "El dueño y yo nos entendíamos, él tenía prisa por los encargos y yo estaba allí para ganar el dinero. Siempre me metía unos marcos en el bolso, en señal de agradecimiento. Apreciaban a la gente con ganas de trabajar y responsables".
Su aun novia, no tardará en emprender viaje a aquellas tierras del norte, tal nos lo recuerda: "Yo marché en el 1962 y yo fui con trabajo de trabajo. Estaba entonces en Madrid, que tenía familia allí, al no haber encontrado trabajo en Asturias. Alquilé un piso y llevé mi maquina de coser, pues era modista. Hacía 14 0 15 trajes todos los días para niños y niñas. Trabajaba todos los días, festivos, domingos y hasta media noche". La decisión de emigrar estaba tomada, pero sobrevolaban dos opciones y había que escoger: "Tenía los papeles para trabajar en Londres". Será una carta de Rafael desde la distancia, quien decantaría la balanza, una vez que supo de la noticia: " Al final fui para Alemania. Mi madre, estaba loca de contenta con él y una estrategia entre ella y su hermano me llevó a Alemania, donde me esperaba Rafa".
La necesidad de mano de obra en la locomotora económica alemana, era una evidencia, tal lo detalla Visi: "Yo fui con los papeles de trabajo. Los alemanes querían a cualquiera con ganas de trabajar y si eras espabilado te apreciaban muchísimo. Empecé en una empresa muy buena, era una siderúrgica como ENSIDESA. Tenía muy puesto de trabajo, encargada de una máquina, que aunque era complicada me hice rápido a ella. Ganaba mucho dinero y no querían que me marchara a otro sitio". Pero la situación familiar, le hacen tomar, en aquel momento, una dolorosa decisión: " Rafa y yo, estábamos en ciudades diferentes y fui yo la que decidió ir junto a él. Allí estuve en una empresa textil, de tejedora. Un buen puesto. También trabaje con uno de Candás, Tino que estaba de mecánico en la fábrica".
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| Fuente: Rafael Gutiérrez. Falo Basilio y Visi, en momento de asueto. |
El esfuerzo y las ganas de ahorro, van de la mano y son concluyentes : " Falo, reparaba todas las casas de alrededor, en los festivos. Había que tabicar las habitaciones para las familias numerosas. Aunque yo también trabajé lo mío en Alemania".
Siempre sobrevuela el día del regreso, la vuelta definitiva y antes el cumplimiento de un sueño: " Queríamos hacer una casa en Antromero". El reparto en vida de la herencia por su madre, le facilitará aquella ilusión: " Mi madre reparte la herencia en vida y a mi me da lo que me tocó el primero, antes que el resto de los hermanos. Como no me hizo boda, me compensó con el terreno. Y una vez que lo tuve, tomamos la decisión de hacer la casa. Los ahorros de Alemania se invirtieron en la casa. A los tres años de estar allí, se empezó a hacer. Y el encargado fue Sergio La Flor. Levantarla todo y tejado, acabada por afuera fueron 100.000 pesetas, que mancaban. Y dividirla por dentro con portería, que la hicieron Suso y Manolo Bernarda fueron otras 50000 pesetas. 150.000 pesetas el total". La mejor y más moderna casa del pueblo entonces, aunque no comprendida su ubicación por algún sector del vecindario antromerín: " Hubo gente que llegó a pensar que mi madre no me quería, al darme estos terrenos y que era un error que hiciéramos la casa aquí, donde está. Ahora la cosa ya cambió y aquellos que pensaban eso han cambiado la opinión. Ya dicen , ¡Qué suerte ha tenido Falo!".
Entonces, La Ería era un vergel prácticamente virgen: "Felix, mi cuñao que había sido el primero que haría la casa en La Ería, fue el que me animó. Siempre me decía que este era el sitio más tranquilo y más guapo del pueblo". Las posibles dudas previas a la construcción, se solventarán a la vuelta a España, durante unas vacaciones: " Él me llevó al arquitecto y ya no hubo marcha atrás. La idea que tenía en la cabeza era la de una casa que había bajando Albandí. Siempre me llamó la atención y al final se hizo parecida a ella". El sueño de Rafa y Visi, empezaba a cumplirse.
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| Falo y Visitación, posan en la terraza de un sueño realizado. |
De aquel "abrupto paisaje", Falo hace necesario apunte, un recordatorio para pergeñar un paisaje muy distinto al actual en el entorno de su casa." No había edificaciones. Casa Félix, les escueles y las casas de los maestros y Casa Anxelín. No había más. Los terrenos de alrededor de la casa eran casi todos de la familia, que fueron heredados. El Bardascal lo llevaba Félix y trajo una semilla de cañaveras. Allí iba la gente para coger cañas para pescar y plantar fabes. Esto era una zona de cantera. Lo llamaban la Cantera de Basilio, que era mi padre, aunque lo había comprado su suegro. Desde tiempos de mi güelo siempre se sacó la piedra para reparar la carretera de Candás a Luanco, aunque seguro que para más cosas". La visibilidad de aquella actividad se ocultará irremediablemente:" La cantera de la lado de casa se rellenó con los escombros de la Fábrica Herrero de Candás, no hace tantos años".
La estancia en el país teutón tocaba fin: "Yo ocho años en Alemania y Visi seis, y siempre nos sentimos muy queridos y apreciados. Coincidir con el interprete y su mujer fue una bendición, que nos ayudó para todo". Era el momento de quedar definitivamente o regresar: "Nuestro hijo tenía siete meses y yo estaba embarazada de nuestra segunda hija. Si esperábamos no volvíamos, pues ya iban a tener raíces alemanas". La decisión estaba tomada.
Ya en Asturias, la adaptación laboral, tras casi una década de usencia, no fue fácil. "Cuando Vine de Alemania estuve encofrando para ENSIDESA, porque no me acaba de adaptar a los pequeños talleres de carpintería que había por aquí. Venía de un mundo diferente". En este periplo transita por varias instalaciones:" Trabajé en uno que hacía todas las Cajas de Ahorro de Asturias, Gargayo. Allí estuve 5 años y también perdí un dedo. El dueño estuvo viviendo en esta casa de alquiler, mientras nosotros vivíamos en Gijón Trabajábamos a destajo y hacíamos mucho dinero. Hasta que cerraron. También en Azcano, mucho trabajo y mucha batalla". Visi, no deja lugar a dudas: "Era muy buen carpintero, venían a buscarlo a casa".
La suerte en el tramo final de su recorrido profesional le va a sonreír: "Mi mujer y yo vimos una nave de carpintería muy grande en Gijón. Fuimos a enterarnos de si había trabajo. Nos dijeron que se trataba de socios, explicando que se trataba de una cooperativa de trabajadores. Entregabas 200.000 pesetas y eras socio. También nos hablaron de los riesgos y los beneficios". La decisión se toma sobre la marcha: " Al final fue nuestra mayor suerte. Trabajo bueno, para toda España y para sitios tan buenos como El Corte Inglés. Allí, hasta que me retiré, en el año 1972 por enfermedad".
Aquel experto conocimiento del mundo de la madera, fue aprovechado por Falo para complementar las viviendas de la familia: " Amueblé las casa de las hijas, de Rafa, el piso nuestro y el de la madre de Visi. Muebles, suelos, puertas. Unos muebles para toda la vida, de los que se ahora no se hacen". Su mujer no se queda a la zaga y aquellas habilidades adquiridas en el mundo de la costura no se quedan atrás: " Yo le puse cortinas, forré sofás...".
Hablar de este matrimonio, es hablar de un mundo de trabajo, de esfuerzo y de mejora. Sacrificio lejos de los suyos, pero finalmente compensado. Otros muchos no pueden contar lo mismo.
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