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| Tres generaciones de Casa Posada. |
Capítulo 89.
Coses y casos de cases.
Parte VII.
Casa Posada.
"Una palabra, un rostru,
la memoria d'aquello que quiximos...".
Berta Piñán.
Hace ya los suficientes años que la familia campesina se reunía a la luz del llar, en las oscuras, frías noches invernales y se recordaba como el gran milagro era estar juntos y seguir vivos, aunque nadie lo dijera. Las aspiraciones pasaban por sobrevivir un día más, el futuro incierto no ayudaba a hacer mejores planes.
El tiempo, ese demonio amenazante, es una rueda que jamás se para, no hay pausa. Sentimos como arrolla con su dinámica todo aquello que ha formado parte de nosotros, vivencias de todos aquellos que han pisado esta tierra, que ingenuamente creíamos de nuestros antepasados. Ante la imposibilidad de frenar su marcial paso, recurrimos a otros antídotos más socorridos, domésticos y eficaces. De todos es sabido que para resucitar a los sarmientos abandonados, en los que se convierten en más ocasiones de las aconsejables los recuerdos, es necesario abonarlos con las palabras, con los testimonios de personas que han sido testigos de periodos históricos pasados. Este es el reto, la medicina que restaura el recuerdo a través de textos. Por eso escribimos, investigamos y luchamos contra el desaliento que provoca el abandono y vosotros, los lectores, sois la mejor munición de una guerra en la que nunca se firmará armisticio alguno.
Para elaborar este capítulo, hemos contado con declarantes de excepción, vinculados a una casa y familia enraizada en las simas más profundas de la crónica de esta parroquia, Casa Posada. Emilia, Raimunda, Emilio y Pepa, a quienes se ha sumado la penúltima generación de esta saga, Maite García Viña y Fran Viña. Estamos de enhorabuena, no siempre se testimonia en favor de una historia doméstica, que podéis estar seguros, a partir de este momento ya será de todos.
Vinculación toponímica y ubicación de Casa Posada.
"Todo comienzo
tiene su encanto".
Goethe.
Casa Posada, está ubicada en el barrio con más altitud del pueblo. Colonia esta que tiene asignado un nombre acorde con su condición topográfica que no deja lugar a dudas: El Alto el Monte. Luce sus encantos en una altitud que oscila entre los 50 y 55 metros (aunque algunos informes dictaminen la misma en torno a los 40 m.). Forma parte de un pequeño entramado de viviendas que configuran una quintana de aspecto familiar y acogedor. Su llosa, aquella tierra de labor próxima a la vivienda, está orientada al noroeste, pulsando temerariamente con tempestades y nortes amedrentadores.
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| Fuente: Betsabet García. Fachada (planta baja) de Casa Posada. Emilia, en la esquina inferior derecha y en el primer plano Rosario Rodríguez. Años 50. |
Vivienda de doble planta, con anexa cuadra, que hoy aun reta al tiempo con robustez demostrada. El diseño de su espacio frente a la puerta principal, permitió a sus moradores el desarrollo de un sinfín de actividades, vinculadas a la actividad agro-ganadera. Entonces, disponer de esta área era un lujo y privilegio al alcance de seleccionadas casas.
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| Al fondo, Casa Posada, desde la carretera AS-388. |
Hasta el inicio de los años 70, la propiedad de su entorno estuvo cerrada con cierre vegetal, tal y como se venía haciendo desde tiempos inmemoriales. Entre aquellos arbustos prevalecía el laurel (laurus nobilis), vinculado por creencias ancestrales a la suerte y protección, que fueron eliminados con el nuevo diseño y trazado de la carretera.
Sobre el origen de la expresión "Posada", se puede asignar al término latíno "Pausam", esto es, pausa, lugar de descanso. Podríamos dilucidar que esta expresión pudiera estar relacionada con una parada, casa de huéspedes, taberna o mesón, que históricamente bien pudiera dar este servicio. Esta conjetura pudiera ser no muy descabellada, teniendo en cuenta la proximidad del trazado del vial que comunica este concejo con los vecinos de Carreño y Gijón. Antaño, dado el prolífico transito de viajeros y caminantes de esta ruta, era recurrente aquel tipo de instalaciones derivadas de la hospedería a pie de camino para cubrir la demanda de los transeúntes, incluso con cuadras para el acomodo de animales, tal y como bien pudimos comprobar en anteriores capítulos.
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| Imagen actual de Casa Posada. |
El propio Xosé Lluis García Arias confirma, con más detalle esta procedencia latina: " Un alto en el camino es una pousa o posa, del latín "Pausam" (pausa), lo mismo que una posada se genera en "Pausatam", participio del verbo "Pausare" (cesar, reposar), responsable del asturiano "posar". Dictando sentencia los versados en la materia, callemos los legos. Poco más podremos añadir.
Es cierto, extrapolando al resto de Asturias esta exposición, hay algunas localidades que se acompañan de este topónimo, dando pábulo a esta teoría expuesta. Así, Posada de Llanera, Posada de Llanes (la parroquia lleva esa misma denominación) y otros topónimos en asturiano nos llevan a la misma línea inicial: Pousadorio, Pousadoiro, Posadoriu, Posaorio o en el mismo Gozón, Posadorio. Todos ellos vinculados a la acción de reposar, descansar o dejar algo en deposito para alguien (posar).
Vincular esta casa de referencia a esta teoría, es un ejercicio de riesgo, pero un riesgo calculado, en el que debemos de considerar que en esta vida no hay nada casual. Y siempre abanderando como postulado a seguir que el origen y porque de las palabras, nos ofertan más certezas que incertidumbres.
Otra posible vinculación del nombre de la casa nos la proporciona Maite García Viña quien, conocedora como nadie de la historia familiar, expone una sólida teoría basada en el propio apellido González Posada: "Este apellido lo llevaron todos los integrantes y se conservaría hasta Generosa (1886). El primer miembro que aporta este apellido a la familia es Pedro González Posada, natural de Candás y casado en el año 1762, con Antonia González, natural ella de Antromero. Se desconoce el origen de la casa y quienes fueron sus fundadores. Podrían ser Pedro y Antonia los institutores de la casa o bien pudiera ser esta la casa natal de Antonia y que al casarse con Pedro, adoptara como nombre el que aportaba Pedro como apellido. En el caso de Antonia, únicamente se conoce el apellido González, pero parece poco probable para aquellos tiempos que ese apellido no fuese compuesto (quien sabe si la casualidad no querría que fuese una González Posada). Todas estas posibilidades no son sino conjeturas. No obstante, la vinculación del nombre de la casa y el apellido no parece producto de la casualidad , o quizá si...".
Esta teoría expuesta por la investigadora local, abre una puerta más al conocimiento y toma fuerza y sentido en base a la propia raíz familiar.
Emilia Posada, la perspectiva sociológica de una comunidad.
"Aquí empieza nuestra historia".
Tobías Wolff.
No hay mayor reto que poner letra a la sinfonía musical mundana, en ocasiones estrepitosa; cruzar vaguadas, colinas eternas instaladas sobre pesadumbres y luchas; sacar conclusiones, interpretar las señales, buscando el equilibrio imposible con el que te reta el día a día; observar y analizar. No hay mayor reto, viviendo en primera persona tantas y tantas cosas, para quien narra con detalle envidiable los aconteceres sintiendo un escalofrío emocional, que de otro modo formarían parte de la apatía que conduce al abandono definitivo.
El pasado es un jeroglífico, que en determinadas circunstancias edifica un laberinto cimentado por una red de recuerdos, esos que inevitablemente se entremezclan con ensueños que se escapan de cualquier control humano. No siempre se puede amordazar a la fantasía que salpica con sombras de dudosa credibilidad, los relatos históricos. Cuando se encuentra a la persona adecuada, quien empleando envidiable rigor, traslada los retazos de memoria por ensalmo a la actualidad, es motivo de regocijo. Su memoria va a reconciliar y reconstruir días, meses, años que alguna vez fueron de todos.
Emilia Posada (1923), con su fina analítica, ha construido un esbozo sociológico de los tres últimos tercios del pasado siglo de Antromero, que bien pudiera aplicarse a toda la comarca. Detalla con precisión quirúrgica, acontecimientos y procederes populares, con la certidumbre de aquellos que confían plenamente en su memoria.
Hagamos un recorrido aleatorio, sin orden ni concierto, por algunos episodios que formaron parte de los primeros años de nuestra declarante, y convocando una vez más a la imaginación, podremos construir un paisaje que camina poco a poco al siglo de existencia. Indicios inequívocos de un mundo conocido y experimentado por Emilia, diferente al actual y en vías de extinguirse.
Romería.
Emilia, tiene grabada en su prodigiosa memoria, una fiesta que durante años fue el pistoletazo de salida del resto de festividades comarcales: " Todo el mundo esperaba a San Pedro (29 de junio), era la romería más importante de todas, después estaba la de Perlora. Llegué a ver veinte barraques. Antes de la guerra eran dos días, después pasaron a tres". El secreto del éxito festivo lo detalla en análisis inapelable: " Aunque, también ye verdad, que la gente antes pedía menos cosas a la vida. El que quiere bailar, poca música necesita". La participación del gremio marinero, era una apuesta garantizada, para rendir honores y buscar amparo, ante "su patrón no oficial", San Pedro: " Aquella romería era de mucha gente de la mar. Los marineros de todos los sitios iban a la capilla, entonces se bendecía la mar entre San Juan y San Pedro. Iban a rezar y a festejar porque empezaba la faena para ellos. Empezaba la costera del bonito, la mejor de todas".
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| Fuente: Fran Viña. Las hermanas Emilia y Raimunda (ambas con vestido claro), de romería. |
La organización y logística de la fiesta, debía adaptarse a las circunstancias del momento, y nuevamente Emilia, expone el desarrollo y origen de la misma: " La comisión de fiestas pasaba casa por casa para pedir dinero. También se hacía para la misa, pero eso ya era cosa de mujeres. El primer día se llamaba la foguera y antes de que llegara la luz, se prendía una foguera en el campo de la romería para alumbrar. Y el último día, se llamaba el fiestín. Siempre se acababa bailando una danza prima".
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| Fuente: Emilia Posada: Procesión de la romería de San Pedro. Fecha sin datar. |
Aquel baile primitivo, perfectamente organizado jerárquicamente era un acto fijo en estos festejos. Así, Benito Pérez, editaba en 1842 "El Romancero de Riego", donde daba fe, no sin sorpresa, de la capacidad resolutiva de la gente de Candás a la hora de formalizar una danza prima: " El día 14 de septiembre de 1819 en Candás, se reunieron en una gran danza circular, o prima que llaman, más de 500 mozos, con otro circulo dentro de mozas, cantando y danzando en romance triste de la muerte de Porlier". Sobrepasado más de un siglo, Emilia confirma en otro escenario aquel registro: " En San Pedro, eren los de Candás los que mandaban a la hora de hacer la danza prima. Era de tres círculos, uno dentro de otro y siempre metiendo piquilla a los de Luanco. Les de la familia de Les Cerveres, eran las que llevaban la voz cantante, y siempre acaban con este cantar:
"San Pedrín el de Antromero,
está estallando de risa
al ver a les fates de Luanco.
con cadena y sin camisa".
La lógica nos hace pensar, que aquel reto no iba a quedar así, tal lo confirma Emilia: " Los de Luanco, trataban de contestar, haciendo otra danza al lao, pero nada que ver con la que armaben los de Candás. Aunque siempre cantaben otra copla:
"Si la mar fuese de lleche
y les peñes de boroña,
quien viera a les candasines,
fartucar la barrigona".
El resultado final, en este "conflicto de raya" (1), tenía un ganador mejor ordenado y resolutivo: " La diferencia entre una danza y otra era muy grande, para estes coses la gente de Candás tenía mas gente y mucha más picardía".
Este colofón festivo, traducido en danza popular, hoy prácticamente abandonada en romerías, reflejaba el anacronismo de las disputas localistas entre Candás y Luanco. El escenario elegido, la romería de San Pedro, para regocijo y disfrute de los lugareños, quienes como convidados de piedra disfrutaban de aquella bronca oral.
Aunque, como de todos ya es sabido, lo habitual era otro tipo de reyertas. Preocupación de mandamases y líderes espirituales (Feijoo, González Pisador,..) las peleas con palos o armas blancas (2), siempre fueron una constante en estas festividades populares: " Siempre hubo peleas, entre gente joven y no tanta. Por eso, siempre había una pareja de la guardia civil en el campo".
La dimensión festiva de nuestra fiesta, no dejaba lugar a dudas si se cuantificaba a través de la presencia de la gente: " Había gente por todos los sitios, la gente iba a comer , beber y bailar. Llegaban hasta los praos de La Flor. Miraras pa donde mirases, no se veía más que familias enteras sentadas comiendo". La conclusión final la apostilla Emilia, con una sentencia inapelable: "Aquella era una romería tremenda".
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| Fuente: Fran Posada. Fran y Jesús, en la romería de San Pedro, tras ellos su abuela, Raimunda. |
Rosario.
El último rito de paso del ser humano, es la muerte. Vinculada a ella, comportamientos, supersticiones y rutinas que no pasan desapercibidas: " Cuando moría alguien, siempre se iba a rezar el rosario a casa del muerto. Dependiendo del cura, pero casi siempre había alguna mujer que era la encargada de llevar y dirigir el rezo". En el velorio se mantenían formas y usos que la aparición de los tanatorios, erradicaron: " En los velatorios, no podía faltar café, coñá y anís. La comida era lo de menos". Con estos componentes etílicos, las madrugadas se alargaban: " ¡Cuantes veces se amanecía en la casa del muerto!. Paisanos que no queríen ir pa casa. Para algunos, aquello era una fiesta".
El pan.
El pan, fue la vida. Desde siempre estuvo vinculado a la básica supervivencia familiar. Deseado, necesario y oscuro objeto de deseo durante tantos periodos de fame, de mucha fame. Su germen, no podía ser de otro modo, estaba en las manos femeninas: " El pan, la boroña, era cosa de las mujeres de la casa. Los paisanos estaban a otras cosas. Nunca vi a un paisano hacer un pan, como mucho arroxar el forno".
Hagamos un apunte en la distinción de los diferentes panes que hubo en tierra astur, dependiendo de la época o estación del año. El pan, elaborado con trigo, escanda o centeno (cereales de invierno) , término que procede del latín "panis" y la llamada "boroña" (pan prerromano, probablemente celta y que en ese periodo se elaboraba con otros cereales ajenos al maíz) cuya materia prima eran dos los cereales de los llamados de primavera: mijo y panizo. Aunque si rebuscamos testimonios de hace 2000 años, el cronista de la época, Plinio el Viejo, se sorprendía como los pueblos astures elaboraban un pan ácimo (sin levadura), pesado y poco digestivo, amasado con la harina de bellota silvestre, diferenciando con su consumo a los pueblos civilizados (romanos) y los bárbaros ( astures). El consumo del tipo de pan marcaba, según él, la diferencia entre ambos estadios de "civilización".
Tras la llegada del maíz en el siglo XVI, desde América la palabra "boroña", se designa exclusivamente al pan de este cereal, tal y como ocurre en la actualidad. En este último caso, a partir del siglo XVII, será esta la opción elegida por el grueso de la población campesina para su alimentación. Mientras los cereales de invierno (trigo, escanda, centeno) se emplearán en pago de rentas y otras retribuciones. Este éxito se acompañaba de la buena introducción y producción del maíz en esta tierras, además de que para hacer su pan no admitía levadura o "nicio" alguno, facilitando en grado sumo su elaboración: no levadura, no alta temperatura. Todo se reducía a unas brasas o un poco de fuego.
Regresemos sobre lo andado y recuperemos el protocolo para la elaboración del pan, ya descrito en anteriores episodios, que se establecía con el rigor del procedimiento que garantiza el éxito:" Después de traer la molienda del molín, había que piñerar la fariña, separar el salváo. En casa teníamos una masera muy guapa, era allí donde se hacía la masa: con agua caliente, sal, fariña de maíz o trigo y aquí, en casa echábamos un puñáo de centeno para suavizar la masa. En muches cases iben a la ribera a buscar el agua, que ya tenía sal". Para elaborar la masa madre, el futuro pan, estaba sujeto a un protocolo basado en antiguas creencias judeo-cristianas: "Échabase el fermiento , que se llamaba el nicio, que era un trozo de la última amasada. Cuando estaba hecha, tapábase con una sábana para que fermentase y mi madre hacía una cruz encima de cada trozo".
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| Pan con cruz. "...basado en antiguas creencias judeo-cristianas". |
Las connotaciones religiosas sobre este alimento no se quedaban ahí: " Era costumbre que si que te caía el pan a suelo, besarlo". Entonces, el pan representaba algo más que un alimento, era vida y supervivencia, nunca sobraba y se consumía hasta el último resto: "¿Tirar el pan?. Eso ye de ahora" . Después tocaba cocerlo.
Forno.
En los tiempos de la fame, la línea roja que bien pudiera marcar una mejor transición para pleitear con la necesidad o no, estaba en la posesión doméstica de un horno: " En casa hubo siempre un forno. Aquello te daba una tranquilidad muy grande. Se podía cocer el pan, la boroña y les bolles". La exigencia estaba en su alimentación con el carburante, para adquirir una temperatura óptima: " Había que arroxialo bien, hasta la misma boca. Una vez que quedaba bien rojo, se metía dentro con una pala de madera el pan y la boroña. Después solo había que estar pendiente que no cocieran mucho. La ceniza barríase con una rama de lloreda (laurel)". Tal y como se puede deducir, no queda duda alguna de la responsabilidad de esta tares: " Era cosa de les muyeres de casa. Como mucho los paisanos apurrien (acercaban) la leña al forno".
Tiempos de fame.
Asturias, probablemente por razones sociopolíticas y geográficas, conoció pocos periodos históricos de tranquilidad y desarrollo continuado. Nuestros antepasados supieron lo que era bregar contra la adversidad, que se manifestaba con una crueldad sin fisuras. El hambre y la necesidad, eran el primer plato en gran parte de las casas e infraviviendas de los ancestros.
Emilia, nuevamente ejercita su memoria, y dicta sentencia inapelable: " En muchas casas se pasó un hambre terrible, fame de verdad. Y eso se vio años más tarde, en los cuarenta y cincuenta, la juventud tuvo muy poco desarrollo. Había gente joven muy ruina. Cuando nacieron, había poco o nada pa comer y eso se notaba, estaban menos desarrollados que sus güelos".
Los periodos de posguerra, estuvieron marcados en rojo en el calendario de las necesidades, y por ello el Régimen trata de paliar la miseria con un invento ya aplicado en otros países: la cartilla de racionamiento. Se implanta en el año 1949, con el objetivo del reparto de alimentos y productos domésticos de primera necesidad. Sus resultados fueron dispares, con mayor predicamento en áreas urbanas: " En Antromero, siempre funcionó mejor el estraperlo (3) pa todas las cosas o casi, que la libreta de racionamiento". Esta cartilla desaparecerá, al menos con carácter oficial en el año 1952.
Les muyeres.
No descubriremos nada si decimos que la figura de la mujer, fue la pieza angular de una sociedad acosada por las estrecheces y miserias. Su papel, siempre en segundo plano, condicionado por los roles históricos imperantes, fue determinante en la lucha de la supervivencia: " La casa donde no había muyeres se pasaba mal, muy mal. Siempre fueron les encargades de todo, dentro y fuera de les cases. Modistes, cosiendo roteros con remiendos y más remiendos, cocinaben lo que había, lavaben si hacía falta sin jabón, ...Todos los días en les cases había un milagro...".
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| Fuente: Fran Posada. Emilia. |
A la hora de comer.
La mayor preocupación, con toda seguridad, desde el origen del ser humano, ha sido vencer al reto de la fame. Un pulso desigual, alimentado por el vértigo del desasosiego para cubrir esta primaria necesidad. Emilia, analiza con lógica aplastante la forma de afrontar la amenaza de la carestía diaria: " A la hora de comer, no era lo mismo tener una par de vaquines y un poco tierra para semar, que no tener nada. Y esa era la ventaja de los pueblos y les aldees. En Luanco y Candás pasose mucha más hambre y necesidad que en Antromero. ¡Donde se va a parar!".
Había determinadas variables, que aliviaban sobremanera aquella dictadura de la escasez: " Dependía de la época del año. De cuando se recogía les patates, el trigo, les fabes,...También si había matanza, si la vaca estaba parida. Eren buenos meses los de la seronda, los de otoño. Había de todo un poco de lo que se semaba y además había también castañes".
El menú se reducía a potaje y de vez en cuando, alguna variedad significativa: " En la romería de San Pedro, tratábase de comer algo más curioso: en muchas casas no faltaba pitu caleya, fabada, arroz con leche o leche presa". La rutina en la mesa se reflejaba en la distribución alimenticia: " A los paisanos de la casa que trabajaban, siempre se les reservaba mayor cantidad de comida. Y si sobraba algo, lo cenaban por la noche. En invierno, muches papes (4) con un poco de leche y si la vaca paría y había leche de más, rabón (5) pa todo el mundo. También se comía mucha boroña con leche". Este pan de maíz (boroña), cumplía sobradamente con el objetivo de matar la fame. Su ingesta provocaba digestiones más pesadas y con ello la sensación de estar saciado durante mayor tiempo.
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| Fuente: Reyes de Vicente. Boroña, con la cruz en la parte superior. |
Con el paso de los años, hubo un menú común en casi todos los domicilios y recabado por varios informantes: " Los domingos sopa de cocido y garbanzos".
Con la llegada a los domicilios de los primeros libros de cocina, durante la década de los 70 se pone un punto de inflexión. La aparición de aquellos textos, sobremanera los de la entonces popular María Luisa García, marcará la línea de división de la alimentación en los domicilios , entre el comer para satisfacer la necesidad de alimentación y el comer con la satisfacción y placer del disfrute.
Escribir y les cuatro regles.
Los índices de alfabetismo han sido, desde siempre, uno de los parámetros empleados para comprobar el desarrollo cultural y social de un país, que casi siempre coinciden con el desarrollo económico. Antes de la aparición de las escuelas nacionales, la educación no era gratuita. Estaba sujeta a una serie de pagos por alumno, bien en dinero contante y sonante o en especies: " En el cabildo de la iglesia, daba clase Perfeuta, y había que pagar". Algunos de nuestros declarantes, confesaban la poca participación en esta educación, "saliendo" para trabajar y con la formación justa y necesaria. Emilia, manifiesta esta percepción : " A principios de siglo, solo sabíen leer y escribir los paisanos, poques mujeres cuando yo era joven, se manejaban con las letras y mucho menos con los números". La explicación a esta connivencia social se apoyaba en una obligación administrativo-militar: " Los mozos teníen que ir a la mili, y era bueno que supieren las cuatro reglas, leer y escribir, aunque fuera pa defendese un poco". La discriminación por género, agravaba las condiciones educativas de las féminas: "Las mujeres salían primero de la escuela, y aquellas que sabían leer eran muy pocas".
Tuberculosis y el mal de moda.
Todos los periodos históricos están sujetos a episodios que han marcado generaciones y sus desarrollos. Tras la "guerra incivil", y sufriendo la dura postguerra, una nueva amenaza se cierne sobre los supervivientes, la llamada "peste blanca": "Después de la guerra, la tuberculosis mató muchísima gente, algunas casas quedaron vacías. Fue una escabechina, que no respetó nada, mucha gente joven murió y una de las cosas que con mayor tristeza recuerdo". Los duros años 40 y 50, serán una prueba de fuego para enfermedades endémicas, vinculadas a las malas condiciones higiénico - sanitarias y a la pobreza. Los números así lo confirman en Asturias, incidiendo gravemente en la mortalidad infantil: de cada 1000 niños, 110 morían antes de cumplir su primer año de vida.
Aunque, la memoria de Emilia alude a otros pasajes desoladores, en esta ocasión por vía de transmisión oral: " Antes de nacer yo, murió mucha gente con el "mal de moda". Según contaba mi madre, aquello fue tremendo, gente con fiebre muy alta y que perdían el respiro. Duró unos dos años, lo bastante pa matar a mucha gente. Hubo parientes nuestros que también murieron". Esta enfermedad que recuerda Emilia, fue la llamada "gripe española", que afectó a más de 500 millones de personas en el mundo y con más de 20 millones de víctimas, durante los años 1918 y 1920 (su periodo más álgido, aunque se prolongaría durante algún tiempo mas).
El ocle.
La vida corrige comportamientos, abre expectativas y fulmina propósitos. Durante años el campesino dio la espalda a la mar. Sus métodos y protocolos rituales no contemplaban como compañía fiable al socio marino. Aunque las cosas siempre tienen la expectativa de un cambio, no programado: " Antes, la gente de casería no iba a la mar a nada, o casi nada. Algunos iban a la ribera a coger ocle varáo para cuchar, otros a por arena para la cuadra o piedra para rellenar los baches o hacer obra". La distinción de gremios era evidente: " Los marineros eran considerados como algo inferior, y ayudaba a pensar así la fame que pasaben cuando no salían a la mar".
A partir de los años cincuenta, con la aparición de los compradores del ocle (gelidium sesquipedale) las cosas van a dar un giro insospechado: " Con el ocle la gente hizo mucho dinero. Mucho trabajo y mucho dinero. En Antromero, Luanco, Bañugues y Candás la gente sacó la cabeza con el ocle. Compráronse pisos, coches, finques, arregláronse cases...". Ante esta fuente de ingresos, se reconsideran estrategias y nuevas expectativas: " Cuanta gente que antes no queríen saber nada de la mar, fueron al ocle. Gente de caserías que solo iban a mojar les pates a la mar, fueron al ocle" (6).
Bañarse en la playa.
Tal y como se expuso en anteriores episodios, pocas generaciones pasadas disfrutaron como tal, el ocio en la playa. Los baños, se reducían a mera anécdota o por creencias vinculados con la salud: "En la época que era joven, no se iba a la playa. Y nunca antes de que el cura bendijese el agua, que era siempre por San Juan. En Antromero poca gente se bañaba y nadie tomaba el sol. En Luanco había más, pero solo la gente rica o pensaben que eren ricas". Emilia, también detalla otro tipo de baños salinos: " En setiembre se hacía lo de los nueve baños. Decían que era para tener mejor salud por el invierno y siempre había que ir en ayunas (7)". Aunque siempre respetando un protocolo ancestral: "Siempre se tomaban en el mes de setiembre. Empezaben con la luna en creciente y no se iba de seguido. Un día si y al otro no".
Hórreos.
Todo el mundo sabe que los hórreos y paneras fueron los almacenes de la producción agrícola, aunque hoy no lo parezca. El paulatino abandono del campo, ha puesto en jaque la conservación y mantenimiento de este símbolo de identidad y por eso es tan importante la lucha sin cuartel contra la desmemoria que, entre otros, hace nuestro vecino Paulino García Suarez (8), quien con un inmenso catálogo escrito y fotográfico pormenoriza resortes de nuestra historia regional.
| Fuente: Fran Posada. Fran, posando delante de la panera familiar. Otros tiempos que desvelan una ingente producción agrícola. |
Este tipo de edificaciones, manifiestan detalles de crónicas pasadas, y confirman sospechas: " Por el tamaño y lo curiosos que eren los hórreos y paneres, podíase calcular la riqueza de les caseríes, en el tiempo en que si hicieron. Y después, por la cantidad de riestres de maíz que había colgades". Esta deducción práctica y eficaz, estaba arraigada en el saber popular: " Tanto tienes, tanto vales".
La sentencia final denota una evolución irrefrenable: "Cuando cuentas a los jóvenes que antes los hórreos y paneres estaban llenos de riestres de maíz. ¡¡No te lo creen!!".
Las mejoras domésticas.
El progreso, en ocasiones disfrazado de falso provecho, hace guiños positivos e incuestionables a la vida. En el primer tercio del siglo XX, se iniciaron unas mejoras domésticas que marcaron un antes y después en una evolución necesaria. La llegada de la luz eléctrica fue el inicio de aquella transformación, que culminará medio siglo después con la presencia del agua. Ese gesto de abrir un grifo o teclear un interruptor (muchos años derivado en la famosa "pera"), tan cotidiano en la actualidad y con el que se obraba el milagro, fue un punto de inflexión en gestión de tiempo y trabajo.
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| Fuente: Internet. "Pera de luz". |
Emilia, recuerda y precisa otrora época: " Hasta que no llegó la luz, cuando era una rapacina, en casa se alumbró con carburo, con candiles, palmatories y alguna vela". La disposición de medios para vencer a la oscuridad, estaba perfectamente organizada: " Los faroles eran para estar por afuera. Tenían un asa y cristales. Así el aire no te apagaba la luz". Que nadie se crea que la luz eléctrica a la que se refiere nuestra declarante era tal cual la disfrutamos: " Debió de llegar al pueblo sobre el año 1933, y fue una de las mayores alegrías que hubo. Alumbraba muy poco, dos o tres bombilles por cada casa, como mucho. Eren pequeñes y daben una luz amarillenta,.. pero alumbraban y en comparación con lo que había. ¡Bendita luz!. Cada poco fundíense los plomos y durante años se mezclaron faroles, velas y el carburo. Después de la guerra, ya mejoró".
Para la "traida" de agua, hubo que esperar bastantes años. El trabajo de ir a la fuente, al río permaneció invariablemente hasta finales de la década de los sesenta. Hasta entonces, se mantuvieron rutinas de aseo personal, sujetas a la economización del líquido elemento: " Toda el agua era poca". Hubo casas que disfrutaron de algunas ventajas "técnicas", inalcanzables para muchísimas otras: " Siempre vi en casa un mueble con palangana. Era lo más cómodo para lavarse, ya que no había baño". Con la llegada de la fontanería, estos aguamaniles se irán arrinconando formando parte de una apreciada decoración doméstica, y recordando su presencia de donde venimos, aunque no a donde nos dirigimos.
En cualquier caso, la aparición de estos bienes de consumo en la vida de vecinos, marcará un punto de inflexión que no dejará a nadie indiferente: "El agua y la luz fueron de los mejores inventos pal pueblo de Antromero".
Actividades comunitarias.
Cuando una comunidad tradicional rural desarrolla sus actividades, se apoya en la colaboración vecinal. La máxima "hoy por ti, mañana por mi", se aplica sin condiciones. Emilia así vivió les sestaferies " Los vecinos de juntaban para arreglar caminos, el río donde se lavaba la ropa, para les coses que no eren de nadie, pero que todo el mundo usaba". Y en apoyos más privados, nunca faltó gente: " En les andeches para semar, rendar o sallar, nunca faltaba gente que ayudara. En les esfoyades del maíz también, pero esto era casi una fiesta. En casa hubo filandones, pero de eso era yo muy joven". En todas había un denominador común final: " Siempre se convidaba a la gente a comer y beber".
Carretera.
Los viales se han convertido en uno de los pilares del desarrollo de comunidades. La carretera que históricamente atravesó el pueblo, era la que hoy se denomina AS-118 (Luanco- Veriña) y estuvo sujeta a mejoras, tanto de firme como de trazado, desde el siglo XIX (tal se puede constatar en el Boletín de la Provincia), y siempre por tramos.
Emilia aboga por la idea de la inmensa suerte de Antromero, por contar con una vía de comunicaba poblaciones de cierta entidad, en pocos kilómetros: " La carretera dio mucha vida al pueblo y todavía hoy. La cantidad de autocares que pasan todos los días camín de Luanco y Gijón. Por aquí cuantos carreteros pasaban con todo, piedra, suministros, remolachas camín de Veriña, con pescao, y de eso sacó beneficio el pueblo".
Aunque nos recuerda una evolución, obligada por las exigencias impuestas por el desarrollo y progreso: " La primera carretera que me acuerdo era de piedra machacada, estrecha y llena de baches. Cuando llegaba el invierno, había más baches y barro que piedra. Siempre había unos peones de caminero, trabajando por ella. Creo que uno de aquellos era de afuera, pero vivía en Condres. Después ya empezaron a alquitranarla y cuando mejoró fue a finales de los setenta, que la ampliaron y quitaron muches curves. Donde más se notó fue en Les Teyeres".
La información proporcionada respecto al personal, para el mantenimiento del vial, tiene antecedentes históricos en la parroquia, tal y como queda constatado en el censo de 1867, donde el maestro de Instrucción Pública, Manuel Cuervo, registra con domicilio en Condres a Ramón Pérez Sierra de 55 años, casado, con tres hijos y de profesión caminero.
Fielato.
Nadie puede negar que la existencia humana ha estado condicionada por todo tipo de impuestos, levas, diezmos, alcabalas, quintas reales, sisas, ... etc. Aunque el más doloroso, por razones obvias, el sujeto al consumo. En la postguerra este se va a fijar en las entradas de las poblaciones, arbitrio este que en épocas pasadas se dominaría" tributo de puertas" y que posteriormente tomarán el nombre de "fielatos" (9).
En lo referente a nuestra parroquia, las instalaciones de cobro de estos fueron fijadas por los ayuntamientos junto al antiguo matadero municipal, en dirección a Luanco y a la entrada del camino que va a la casería La Piedra/Proyecto Hombre, en dirección a Candás: " Toda la mercancía que pasaba por delante de los fielatos había que declararla y pagar lo que te dijeran. Algunos de los que lo llevaban en el de Luanco, era Ramón el de La Mocha, que después acabaría como municipal. Que yo me acuerde, estuvieron cobrando hasta principios de los años 60". Su control no se limitaba al paso de mercancía por el puesto de control: " Cuando matabas un gocho, venían a casa a mirar lo que pesaban y llevar la muestra para el análisis".
Derivado de aquella inspección, junto con la cartilla de racionamiento y la escasez de producto básicos, la población asumió riesgos y recurrió al contrabando, para sacar la cabeza ante el marasmo amenazante. Fenómeno este último, que por unos factores geográficos obvios, no pasó desapercibido en Antromero: "En tiempos de la fame, hubo mucho estraperlo. Aceite, pan, comida, tabaco, ropa,... muchas cosas vinieron con el estraperlo. Es que aunque tuvieres perres para comprar, no había nada o casi nada para comprar. María Balsera, fue muy famosa por esto, además ayudó a mucha gente".
La Carlistada.
El siglo XIX, estuvo a la altura de las centurias pasadas, sumándose a la deriva de la historia hispana. Luchas internas entre los poderes fácticos, se sumaron a la sangría social y económica. El monarca Fernando VII, promulga tres años antes de su muerte una "Prágmatica Sanción", por la que elimina una ley anterior que impedía que las mujeres accedieran al trono. El Borbón, sin descendencia masculina pretendía con esta estrategia que su hija Isabel ( futura Isabel II), reinara.
En 1833, muere Fernando VII, y esto originará las guerras carlistas. Su hermano menor, Carlos María Isidro de Borbón, junto a sus seguidores iniciaran tres guerras en diferentes periodos históricos de aquella centuria, para reclamar su derecho al trono. Una vez más, la sociedad cainita hispana hace gala de su resolución más sangrienta. Sin poder precisar fecha, Emilia recuerda un episodio de transmisión oral: " En casa siempre escuché, como entraron en Luanco (los carlistas), cantando y pegando tiros al aire, llevando a gente para Oviedo, donde los fusilaron".
Teniendo en cuenta una generalidad imprecisa, podemos confirmar que en Asturias, como en el resto del país, los campesinos fueron el gran apoyo a los insurrectos, mientras que las clases medias y pudientes apoyaban a los liberales. " Según contaban en casa, algunos de aquellos que mataron, eran parientes nuestros".
Fútbol.
Nadie puede negar el éxito del balompié. Las escasas exigencias y logística para su práctica, fueron su mejor carta de presentación: " Los rapacinos siempre jugaron al balón. Cualquier cosa que rodase valía, hasta con una remolacha envuelta en un trapo ¡Cuantas veces se jugaba en la misma carretera, mientras esperaben coger el autocar pa ir a la escuela a Luanco!". Aunque la memoria de Emilia, se retrotrae a décadas atrás: " El cura Don Vicente (finales de los cincuenta), traía a los chavales de Cardo ( era sacerdote de ambas parroquias) a jugar contra los de Antromero en la playa. Y después, había que ir a Cardo".
Emigración.
En la parroquia no hubo grandes porcentajes de emigración. Aunque si los suficientes, para quedar grabados en la memoria colectiva: " Marcharon de bastantes casas para America. Yo a muchos no los conocí, porque después no volvieron. Otros vinieron y nadie vino rico. En Casa Artime , Jesús marchó pa Cuba y dicen que hizo mucho dinero, que se hizo rico. Murió allí. En Casa Anxelín, un hermano de Josefa marchó pa Argentina y nunca volvió. En Casa Menende el que marchó fue José; en Casa Posada, Falo; en Casa La Pielora, marcharon todos los paisanos y algún cuñáo pa Cuba, vinieron todos...".
Los vaivenes de la vida juegan con las ilusiones y los proyectos domésticos: " Cuando la guerra, un pariente de Casa Robés, marchó obligado, porque era maquinista de un barco y lo obligaron a manejarlo para poder escapar. Nunca más volvió". Este hombre que fue "voluntario forzoso" en la huida del ejercito republicano, se refugió en Inglaterra y formó una nueva familia, lejos de sus orígenes.
Mayor cambio.
En el acertado análisis de Emilia se remata con una valoración que indica un cambio social, de actitud frente a la vida, vinculado a un añorado empleo por cuenta ajena: " Lo que más llama la atención en el pueblo es que se eliminó la miseria. Hoy en Antromero se vive muy bien, nada que ver con antes. Hasta no hace muchos años no era que hubiera miseria en todas las casas, pero lo que había era mucha necesidad. Las cosas cambiaron mucho en muy poco tiempo, porque los ricos de antes, son los probes de ahora, y los ricos de ahora eran los probes de antes". Su conclusión, despeja cualquier incógnita al respecto: "Tener un sueldo, es lo mas grande" .
En este recorrido memorístico de Emilia, nos habla de un pueblo muy distinto al actual y, por eso la importancia de su testimonio. Pequeños esbozos recuperados y detallados que nos hacen una composición de lugar único e intransferible. Para subrayar el valor de este tesoro doméstico, tan solo nos queda parafrasear al añorado Xuan Bello, en aquellos "cuarteles de la memoria", quien recalca la importancia de tratar de volver a ese lugar perdido del pasado, a un emplazamiento donde no se reconoce tiempo, ni medida, acompañado de presencias ausentes, esperando a ser rescatadas.
(1). Jovellanos, ya definía este tipo de conflictos entre miembros de dos concejos colindantes, como el "conflicto de raya. Entendiendo como este el propio límite, y que se cumplía pleno de rigor en Antromero, nexo de unión y frontera entre las capitales de concejo.
(2). Para recabar mayor información, consultar capítulo 4, dedicado a la romería.
(3). El estraperlo se traducía en el contrabando de todo tipo de productos. " Les primeres medies que tuve de cristal, fue gracies al estraperlo", nos confesaba una vecina. Para mayor información, consultar el capítulo 38.
(4). Papilla elaborada con harina de maíz (fariña), agua y sal. Comida habitual hasta no hace muchos años en nuestras mesas.
(5). Papilla hecha con harina de maíz y leche. Comida habitual en las caserías cuando tenían una vaca parturienta, para aprovechar el exceso de leche. Muy apreciada por las personas mayores, por su fácil deglución.
(6). En el capítulo 15, hay mayor información sobre la importancia de la recogida del ocle y su influencia en la comarca.
(7). Para mayor información respecto al protocolo de los "nueve baños", consultar el capítulo 19.
(8). Los interesados en conocer más respecto a los horros y paneres de Antromero, consultar el capítulo 25, tutorizado y elaborado por Paulino García Suarez.
(9). El capítulo 38, está dedicado entre otras cosas a los fielatos.
Un mundo pegado a la tierra.
"Posea tierra quien la trabaje y la mejora".
José Martí.
Hablar de la tierra que se trabaja, es hablar de Casa Posada y viceversa. Las raíces de esta familia están inmersas profundamente en la tierra madre que nos acoge, generaciones y más generaciones vinculadas al esfuerzo improrrogable de sacar los frutos al suelo. Hasta bien vencido el siglo XIX, más del 80% de la población de Asturias vivía directamente de la agricultura y ganadería. Aquellas economías domésticas pendían del frágil hilo que da continuidad a las cosechas, y esta aseveración no pasó desapercibida a los insignes pensadores de entonces. Con respecto a lo expuesto con anterioridad, hace ya los suficientes años para valorar los juicios emitidos, Jovellanos (1744-1811), manifestaba su preocupación por el endeble sistema productivo desarrollado en las áreas rurales astures: "Cualquier contratiempo, cualquier atraso conduce a los explotadores de la casería a la miseria y la ruina". Históricamente, los miembros de esta unidad familiar antromerina, como otras tantas, han sabido lidiar con los entresijos caprichosos del destino, venciendo a retos improrrogables y demostrando que el esfuerzo bien invertido se transforma en el éxito esperado, no sin altibajos que pusieron a prueba capacidades y resistencias a la adversidad.
De esfuerzo y trabajo en este exigente mundo agro-ganadero, pueden dar fe, cualquiera de los miembros de esta unidad de producción. Emilio Posada, refleja el exigente trabajo: "La casería es muy esclava, sobre todo por los animales. Les vaques no entienden de fiestas, de romerías, de bodas o comuniones: Sobre todo si sin de leche". Esta apreciación la refrenda su madre, Raimunda: " El ir a la tierra, a semar, a regar, igual lo puedes dejar pa otro día, pero a los animales hay que atendelos todos los días". Aclarando que las cosas cambiaron respecto a hace algunos años: " Y eso que ahora hay más maquinaria, hay agua y bebederos automáticos en les cuadres. La cosa mejoró bastante, pero a los animales hay que atenderlos igual".
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| Fuente: Fran Posada. Emilio, a la izquierda, junto a sus padres, Raimunda y Pepe. |
Si la casería tenía cierta solvencia y producción, no era difícil encontrar mano de obra ajena a la familiar, a la de la propia casa. Así, Emilio detalla la evolución de la presencia de estos asalariados: " Cuando yo era rapacín venían personas que se ofrecían a trabajar por comida, techo y muy poco más. Solía ser gente que pasaba unas semanas o meses y después volvían a marchar. Eran los que se llamaban "los criáos". Algunos eran conocidos de otras veces. Pero con los años la cosa cambió mucho y ahora ya trabajan con contrato y un salario".
La evidencia del trabajo duro y continuo se manifiesta en las cientos de entrevistas, que a lo largo de decenas de años se hicieron entre vecinos y amigos. Raimunda Posada, mujer de pocas pero atinadas palabras, así lo refleja: " En les caseríes, en todas las casas, hay que trabajar mucho para sacarlas adelante. Nadie te regala nada. Hay que arrancalo a la tierra". Y a la hora de afrontar retos, no había distinción de géneros, ni de edad, como lo detalla Emilio: "Les muyeres trabayaben como estaba mandáo. Teníen que hacer lo de casa y lo de la cuadra y las tierras. Eran ellas normalmente cuando decidían cuando se sembraba, cuando se recogía la cosecha. Eran las que conocían que era lo que faltaba, lo que se necesitaba. Y los guajes para lo que hiciera falta: destarronar, llindar les vaques, arrimar la comida y bebida cuando se segaba, para todos los recáos...". En una de sus declaraciones, ejemplifica un escenario impensable en la actualidad: " Yo, con diez años más o menos llevaba el carro de vacas a donde hiciera falta". La distribución del personal de esta unidad básica de producción, estaba perfectamente organizada, y esta misma hoy tendría problemas legales. Tanto hemos cambiado y en tan poco tiempo.
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| Fuente: Emilio Posada. La unidad familiar, imprescindible. De izquierda a derecha: Raimunda, Pepe, Generosa y Emilia. Abajo: Pepa y Emilio. Foto coloreada por Ramón Fernández. |
De aquella experiencia femenina, nos hace balance Emilia, apoyada en el infalible método heurístico de prueba - error, tras años y siglos de ensayo: " No son lo mismo unes tierres que otras. Depende de si están empozadas, en cuesta, al lado de un monte o de la mar". Sin olvidar la variable de la climatología: " Después siempre hay que fijarse si llovió mucho o poco antes de semar (sembrar) o si hubo mucha seca". Aunque delegando estos conocimientos en personas más expertas: " Aunque de esto sabe mucho más mi hermana, Raimunda". Tomando el testigo, esta última hace una reseña, que en la actualidad está abandonada: " Los antiguos se fijaban mucho en como estaba la luna, a la hora de semar, sobre todo les coses de la huerta. Miraban mucho si la luna estaba menguando o creciendo. Y nunca se plantaba en luna llena o nueva".
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| Fuente: LVA. De izquierda a derecha: Tivo, Emilio y Raimunda, sembrando. Año 1980. |
Con el transcurso de los años, se han ido sustituyendo del calendario agrícola, siembras que nos habían acompañado prácticamente desde el origen de la agricultura. Apostando y seleccionando productos más interesantes y eficaces, en detrimento de otros. Así, la desaparición en los ciclos del cultivo, durante el siglo XX del lino, la escanda, el centeno, el panizo,... ha sido un hecho irrevocable, tal como lo aclara Emilia:" En casa siempre se semó la escanda, o como se llamó por aquí la erga. Y en muchas casas del pueblo. Creo que lo hicimos hasta el año 1966, y cuando se fue a recoger, por noviembre, levántose un temporal tremendo que duró una semana. Al final, casi se perdió todo y nunca más se semó". Aunque este motivo sumado a otros, hizo desestimar la continuidad de su cosecha: " Los granos tenían una cáscara dura, y era un problema el molerlo. Muy pocos molinos querían hacerlo". El protocolo heredado de siembra de este cereal no dejaba lugar a la improvisación: "No necesitaba mucho cucho, porque si crecía mucho la planta no era buena cosa. Con el peso caía y entonces se perdía la escanda. En casa, se sembraba un año de escanda y al año siguiente no se repetía en ese mismo sitio". Las dificultades y exigencias para su germinación, crecimiento, recogida y conservación de determinadas especies vegetales han sido los verdaderos culpables de su sustitución definitiva de los ciclos de cosechas. Los gustos y consumos sociales hicieron el resto.
La recogida de este cereal seguía unas rigurosas pautas, para evitar cortes y daños en las manos, Raimunda así lo recuerda: " La planta de la escanda cortaba como estaba mandáo. Para arrancar la escanda era con dos palos largos que los apretabes por debajo de los granos y tirabes para arrancarlos". Este útil, normalizado en el campo asturiano en este tipo de recolección, recibía el nombre de "mesoria"(10), y el hijo de la declarante, Emilio, proporciona más información al respecto: “Hasta hace poco tiempo teníamos en casa guardadas les últimes mesories que se usaron, pero estaban tan viejas y no en demasiado buen estado que decidimos tirarlas". En cambio, la siembra del "pan" (11), del trigo, fue algo habitual y sin tantas exigencias: "Siempre se sembró trigo en esta casa".
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| Fuente: Fran Posada. Raimunda y Pepe. |
Siguiendo pautas ancestrales, para mantener e incluso superar las producciones agrícolas se empleaba una estudiada estrategia: " Se cambiaba cada cierto tiempo el grano que iba a ser semilla con otres caseríes de confianza. Siendo joven lo hacíamos con alguna de Cardo o Zanzabornín, cada cuatro o cinco años". Así, se evitaba la degeneración y poco rendimiento de las semillas en la recogida de las cosechas.
Los trabajos duros y exigentes, previos a la mecanización definitiva iniciada en la década de los setenta, eran tangibles. Aunque, marcado en el calendario siempre estaba marcado en rojo la época de la yerba. Segar a mano, un reto físico, que tenía que ser acompañada de fuerza y mucha técnica en el manejo de la guadaña. Un buen segador debía de cumplir unos exigentes requisitos: tener brazo (rapidez), tenaz e infatigable, y hacer unos maraños (líneas del segado) rectos o en su defecto, adaptados al terreno donde trabajaba. Además su necesario complemento, debía estar adaptada a sus condiciones morfológicas, para sacar el mejor rendimiento a semejante esfuerzo físico. De aquella dinámica y rutina habitual, saca sus conclusiones Emilio: "Los paisanos que estaban de segar todos los días, enseguida se notaba. Lo hacían muy fácil, como si no se esforzaran nada. Eso si, todos teníen su propia gadaña. A la hora de ir a segar a la yerba, mi padre preparaba todo al detalle el día antes. Aquel gadaño de él, no se tocaba".
Junto a este útil, estaba otro complemento no menos importante: "Pepe, mi padre, también tenía su propio zapico (12) y su piedra de afilar. Tampoco se tocaba y si alguien la usaba, lo notaba por la forma de desgaste de la piedra". Había segadores que preferían un determinado tipo de zapico, que bien podía ser de madera o el empleo de un cuerno de vaca. Finalmente, el plástico sustituyó a estos.
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| Fuente: Maite García Viña. Pepe y Raimunda Posada, en el día de su boda. |
Para los legos en esta materia, observar que cada cierto tiempo de uso de la guadaña, es necesario recomponer su filo. El segador, aprovecha esta parada de afilado con la ayuda de la piedra, para recuperar el resuello: "Cuando eras joven sóbrate fuerza y fáltate maña. Empezabas a segar con mucho ánimo y ganas, pero según pasa el tiempo pasabes más tiempo afilando la gadaña que segando. Los años te hacen aprender y a regular. Con ayuda de la experiencia las cosas te hacen mejorar". En cualquier caso, su sentencia respecto a esta labor no deja lugar a dudas:" Es un trabajo malo y duro. Antes era mucho peor, porque la gente no estaba tan bien alimentada como ahora. El trabajo de segar había que sacarlo adelante desde que amanecía hasta el oscurecer y a base de brazo, espalda y gadaña. Además de tratar de tener preparáos los praos lo más rápido posible para curar la yerba y hacer la vara o meterlo en la tenada. Cuando llegó la maquinaria, todo esto cambió".
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| Fuente: Fran Posada. Emilio, cabruñando la guadaña. |
La tecnología, con dificultades, se fue incorporando lentamente en la vida rural, complementando y aliviando aquellos esfuerzos físicos. La primera segadora mecánica en Casa Posada, fue de tracción animal: "Tuvimos una segadora que tiraban las vacas de ella. Tenía un asiento, desde donde dirigías a la pareja (vacas) y es verdad que quitó mucho trabajo. Aunque tenían un inconveniente que no era aconsejable el segar con ella en praos muy inclinaos". Aprovechamos su manifiesta memoria, para perfilar algunos detalles en torno a su adquisición:" La segadora de vacas, trabajaba con engranajes que ayudaban con el tiro de las vacas a mover el peine de corte. Se compró cuando yo era joven. Era de la marca "Ajuria", y estaba fabricada en Bilbao".
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| Fuente: Comisión de Festejos. Emilio, posando con el galardón de "Antromerín del año". Junto a él, su esposa Gloria, hijos Fran y Jesús, nueras y hermana Pepina. |
La incorporación de mejoras técnicas, restó la actividad y convocatorias de las andechas (13), tan necesarias hasta entonces: " Antes de la llegada de tractores, los vecinos se unían para ayudarse unos a otros. Hoy por ti, mañana por mi. Me acuerdo como en la llosa de La Piedra se juntaban 4 o 5 araos de varías caserías, en una andecha y preparábase la tierra como un tiro". Las nuevas formas tecnológicas, en forma de maquinaria, van a reducir aquella cooperación vecinal a la mínima expresión y con ello una interrelación humana casi diaria: " Ahora la gente está a lo suyo, ya casi nadie habla con nadie, solo en los chigres y en les fiestes. Aquella unidad fue desapareciendo poco a poco".
De aquella colaboración vecinal, tan necesaria en el periodo que bien pudiéramos llamar "pre-mecanización", tan solo quedan rescoldos. Ayudas mancomunadas y vecinales: " Siempre nos ayudamos unos a otros. Vecinos y familia colaboraban todos juntos para semar, sallar, rendar y para recoger la cosecha. Nos juntábamos un montón de gente y nunca faltaba algo para llevarse a la boca. Vino y comida. Y cuando tuve el tractor, siempre estuve disponible para el que lo necesitara, así siempre se hizo. Hoy ya no hay nada de eso, ni nada que se le parezca". Su espíritu animoso y colaborador, lo refrenda con un lema que siempre enarboló: " ¡Manos que no dais, ¿Qué esperáis?!.
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| Fuente: Fran Posada. Emilia y Raimunda junto Cristina, la hija de Dioni y Mónica La Escribana. Las patatas había que ponerlas a secar, después de lavarlas, para poder almacenarlas. |
Enjuiciar los nuevos tiempos, desde una perspectiva que aporta la experiencia no tiene debate alguno. Raimunda, mujer de pocas y sabias palabras, dicta sentencia: " La tierra da mucho trabajo, mucha faena. Ye más fácil, comprar en la tienda que plantar. ¡Cuánto se trabajó en la tierra, en la cuadra y en casa!. La gente joven no quiere saber nada de esto. Nadie quiere trabajar en esto y dentro de unos años todo estará abandonado". Para desgracia de nuestras comunidades, el pronunciamiento de Raimunda ha confirmado sus sospechas.
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| Fuente: Fran Viña. Mayando fabes en Casa Posada. |
Aquellas duras jornadas de trabajo, serán aliviadas por la aparición de equipamientos, impensables hasta no hacía mucho tiempo atrás: "El primer tractor que tuve fue en el año 1974. Cuando llegó, se aparcaron para siempre o casi, la pareja de vaques. Pilo compró el primer tractor de Antromero y fue el modelo pascuali. Después lo compró Barroso el de Bocines y el siguiente fue el mío, que llegó por febrero, en les fiestes del Socorro". El inevitable transcurso del tiempo, juez y parte, hace enjuiciar las cosas con una perspectiva más objetiva: " Aquello fue un gran adelanto, aunque costó un montón de dinero. Pero al final, fue una buenísima inversión". Tras esta adquisición, vinieron otras: " Catadoras, volteadoras, segadoras, ...el mundo de la casería empezó a cambiar tan rápido que algunos se quedaron atrás. Hoy sería impensable tener una casería, sin la ayuda de las máquinas, y cuantas más, mejor".
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| Fuente: Fran Posada. Emilio, con sus hijos Fran y Jesús y un pequeño xato. El primer tractor de Casa Posada, al fondo. |
(10). Útil empleado para arrancar las espigas de la escanda y así evitar cortes en las manos. Se trata de unas varas de madera, fijadas en uno de sus extremos, a para hacer el efecto de pinza.
(11). Este término, se empleaba en documentos de nuestra parroquia desde el siglo XVIII, para designar al trigo, especialmente en el pago de rentas y foros.
(12). Receptáculo elaborado de madera o cuerno de vaca, para meter la piedra de afilar. Siempre contenía agua y un puñado de yerba para amortiguar el golpeteo de aquella al caminar.
(13). Se trata de una costumbre enraizada en las áreas rurales asturianas de colaboración vecinal en trabajos agrícolas. Los vecinos se unen voluntariamente y sin interés económico alguno. Al finalizar se suele invitar va comida y bebida.
La elección de un tipo de vaca u otra, estaba condicionada a una serie de factores en una decisión no siempre coincidente con los intereses familiares, y si los de mercado. Emilio, recuerda como eran las vacas en su niñez y juventud: " En casa y en todo Antromero, las vacas que había eran de carne, daban leche la justa. Nosotros teníamos entre 8 y diez vacas. En los años 60 la cosa empezó a cambiar y a los pocos años, sobre los 70, todo cambió. Se empezó a apostar por la leche". Su reto personal no se hace esperar: "Llegué a tener 30 vaques de producción". El cambio de estrategia ganadera lo marcará la nueva disposición: " Con la aparición de los tractores, todo va a cambiar, porque hasta entonces las vacas de carne eran las que hacían las labores de tiro".
El disponer de este tipo de animales, va a representar una nueva organización familiar y la creación de nuevas rutinas:" Catar (ordeñar) por la mañana, por la tarde y sin falta. Respetar los mismos horarios. Y en caso necesario, tres veces, para evitar problemas al animal". Exhibiendo, con indisimulado orgullo la buena cabaña que a lo largo de aquellos años tuvo: "En la cuadra tuvimos muy buenes vaques lecheres, de muchos litros al día".
En el ordeño, la experiencia manda: " Las manos del que cata siempre tienen que estar limpias y secas. Y siempre comprobando que no hay nada en los pezones o cañada de la vaca". Aunque es cierto que la normalidad y rutina facilita labores: " Cuando llevas tiempo con las mismas vacas, todo es más fácil, porque las conoces y ellas a ti".
Aquel cambio del tipo de vacas, obliga a una serie de nuevos planteamientos, hasta entonces no contemplados: " En casa siempre se llevó la leche que sobraba a vender a la plaza. Nunca la repartimos por domicilios. Pero cuando empezamos a tener vacas de leche, empezaron a aparecer algunas empresas a recoger por las caserías la leche. La primera fue "La Campesina" y después José el de Cardo (Lácteos Gozón)". Aunque estos inicios tuvieron problemas:" Era una recogida interesada. Solo venían si no tenían bastante".
El punto de inflexión y una mejora cuantitativa y cualitativa, lo detalla Emilio: "La aparición de la Central Lechera Asturiana va a cambiar todo y casi siempre para mejor. Nos cambió los hábitos de los ganaderos y nos hizo más profesionales. Con ella, estaba garantizada siempre la recogida, pero con mayores exigencias de calidad". Sin dejar en esta exposición su rol en el cooperativismo lácteo:" Soy socio compromisario de la Central y cuando dejé la actividad pasé a ser socio pasivo".
Pese a esta mejora, siempre hubo un hueco a los compradores del pueblo: " Más que clientes, eran amigos y vecinos, Eran fijos, que venían todos los días a comprar su leche a casa, después de catar por la tarde. Ellos traían una lata para transportarla". Carmen Poquito, confirma la excepción a la regla: "A Casa Poquito siempre nos trajo la leche Emilia Posada. Una gran persona, era como su abuela".
Antes de la llegada del agua a los domicilios, un verdadero punto de inflexión que daba paso a una "modernidad" soñada, había tareas que varias generaciones familiares tuvieron que sufrir: "Llevar a beber el ganao al río, o ir a buscar agua, era una tarea diaria o casi. Mucho trabajo, que hoy la gente no aprecia con lo fácil que es abrir una llave y tener agua". Esta y otras faenas consideradas como de menor rango, tal era el "llindar"(15), se adjudicaban a los pequeños de la casa: " Lo normal era que ciertas cosas las hicieran la gente menuda. Trabajos de poco riesgo, pero que tenían responsabilidad" . Días, semanas, meses y años amarrados al comportamiento de las vacas. Así lo recuerda Emilio: " Vigilar pa que no escapasen al prao del vecín, que no entrasen en les tierres sembrades. Y sobre todo evitar que no se espantasen, que era cuando tenían peligro. Lo que más me preocupaba era cuando aparecíen perros y corríen detrás de elles".
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| Fuente: Maite García Viña. Animales bebiendo en el río del Aramar. Por encima del desaparecido puente, un pequeño cruza con un burro, con toda seguridad a cumplir un "encargo". Fecha sin datar. |
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| Fuente: Fran Posada. Emilio, sujetando a un xato por el ñarigón, delante de la cuadra. |
Todos los individuos en la sociedad rural asturiana, adquirían una personalidad e identidad propia en torno a una casa. Ese es el motivo por el que aun se emplea una coletilla habitual: "Si ho, esi ye de casa...". Con ella identificamos y relacionamos cada persona con su origen a una vivienda, aunque no siempre se da la circunstancia de haber nacido o vivido en ella. Ese nexo de unión, se mantiene incluso muchos años después de su marcha. Así, cuando una persona se casaba "para afuera", siempre se dirige a su familia directa con un expresivo "los de casa".
Las casas, las caserías son el patrimonio más elemental y secular de los pueblos asturianos, donde se desarrollan nuevas vidas, sujetas a una socialización perfectamente organizada que garantizaba su continuidad. Al menos, así fue hasta no hace muchos años.
Cuando iniciamos el reto de rescatar parte de la historia familiar de Casa Posada, no éramos conscientes de la fortuna con la que íbamos a tropezar. Pepa Posada, en plena vorágine de agradecida y muy estimada información, confirma que su hija, Maite, ha elaborado un árbol genealógico. Aquella confesión genera una sorpresa inicial, que al instante se transforma en euforia difícil de describir.
Los meses, semanas, días empleados por esta joven en una loable investigación, se ha traducido en un espectacular informe que nos hace viajar en el tiempo hasta el siglo XVII y en línea directa de los González Posada hasta nueve generaciones atrás (siglo XVIII). Antepasados, que extienden sus raíces más allá de tres centurias. Su exposición ha sobrepasado cualquier expectativa y previsión calculada, anudando lazos familiares entre parroquias y concejos. La buena ventura, en forma de su trabajo personal, nos ha sonreído:" Han sido muchas horas de búsquedas en los archivos regionales: en el Histórico y en el Diocesano, entre otros". La calculada previsión juega a su favor: "Yo iba siempre con las ideas claras de lo que quería y donde lo tenía que buscar. Ir a la aventura es una pérdida de tiempo". También el factor suerte juega bazas favorables: " En ocasiones, rebuscando una cosa te encuentras con algún documento inesperado con el que no contabas".
La base de esta información está en legajos de toda índole. Cientos de registros de bautizos, matrimonios, defunciones, capitulaciones matrimoniales, liquidaciones de bienes, acompañados de alguna anotación marginal han pasado por sus manos, para obtener finalmente un trabajo envidiable: " Este tipo de investigaciones nunca tienen fin, siempre hay un lazo, un fleco del que tirar". Confiesa, que su habitual presencia entre aquellos registros documentales, no pasó desapercibida entre los archiveros, llegando a mantener una provechosa complicidad con alguno de los mismos.
Una vez visto su elaborado árbol genealógico, somos conscientes de la amplitud y detalle de aquel magno trabajo. Unas extensas ramificaciones, que son imposibles de albergar en este proyecto. Maite, conocedora de esta limitación, sopesa una salomónica solución: " Reducir el árbol a la línea directa de los González Posada". Y así lo haremos.
Manuel González Posada (1774) - Josefa Morán (1782).
Juan González Posada (1816) - Ramona Álvarez Inclán (1818).
La idea reductora se plasma con un inicio en la mitad del siglo XVIII: El matrimonio compuesto por Manuel González Posada (Bocines 1774-1842) y Josefa Moran (Bocines - Antromero, 1782-1851), tendrán un hijo que dará continuidad a la saga, Juan González Posada (1816-1893). Maite nos detalla y precisa un importante dato al respecto: " Manuel se había casado dos veces. La primera con María Fernández de Luanco, con la que tuvo un hijo y una hija (19). Estos eran Antonio y María, quien se casaría a la muerte de su padre". El segundo matrimonio de Manuel González Posada, tal y como se apuntó, se formalizará con Josefa Morán (Antromero 1782-1851), y tendrán cinco hijos, siendo estos: Juan; José; Manuela, casada con Francisco González Ferreros; Ramona, casada con Alonso González de la Vega y Josefa, soltera.
El origen de esta investigación, iniciada por Maite García Viña se da cuenta de los registros bautismales de aquellos contrayentes, Manuel y Josefa. Por una parte, el asentamiento del patriarca: " El diez y nueve de agosto de mil sietecientos sesenta y cuatro...hijo legítimo de Pedro González naturas de San Feliz de Candas y de Antonia Gonzalez, su mujer natural de la parroquia de Bocines...". La antromerina, Josefa Morán y a la postre esposa de Manuel González Posada, certificará su sacramento bautismal en nuestra parroquia, con documento rescatado por Maite en el Archivo Diocesano ovetense: " "...quince de junio...de mil setecientos y dos Don Andres Francisco Garcia Miranda cura que fue de la parroquia de San Martin de Bocines...bautizo solemnemente e impuso los santos oleos a una niña que se llamo Josefa, hija legitima de Josef Moran y de Maria de Artime su muger vecinos del lugar de Antromero". Estos datos proporcionan una riqueza sanguínea sin par, en época donde la consanguinidad y endogamia era habitual.
| Fuente: Maite García Viña. Primera parte del árbol genealógico en línea directa del clan Posada. |
De los hijos de la unidad familiar, Juan González Posada, será el elegido para dar continuidad a esta saga, en la casa familiar. El predestinado, contraerá matrimonio con Ramona Álvarez Inclán (Cardo 1818 - Antromero 1890) y tendrán una extensa prole, al uso de los tiempos. Consultado el árbol genealógico elaborado por Maite, contabilizamos nueve hijos: María Bárbara (1830); Manuel (1840), Antonio; Ramona; Rafael; Juan; Antonia; Ramón y José.
Esta configuración familiar es constatada también en el censo municipal de 1867, donde tan solo se ausenta de los apuntes aportados por Maite la hija, María Bárbara. Los motivos pueden ser dos: una muerte prematura o bien el haberse independizado del núcleo familiar, por haber contraído matrimonio. En este documento, llama poderosamente la atención, el hecho de haber sido el cabeza de familia (Juan González Posada) el autor de tal registro, tal y como su firma delata. Tratándose de una caligrafía nítida y elegante que denota una formación no al alcance de todo el mundo, en unos tiempos muy duros para la cultura.
| Fuente: Geli Artime. Registro censal de Casa Posada, en 1867. |
Para reubicar a los lectores en la historia, estamos recorriendo la línea familiar del matrimonio compuesto por Juan y Ramona, a la postre los abuelos de Generosa Posada, la última gran matriarca de esta casa, fallecida en 1967. Las capitulaciones matrimoniales de esta pareja, detallan curiosidades de las obligaciones contraídas por ambas partes en esta unión, que garantizan plazos y cumplimientos proporcionando una visión de lo que antaño era esta unidad de producción familiar, tal fue la de mantener a miembros familiares en la casería, junto con sus padres.
A nadie se le escapa la presencia de hermanos solteros viviendo y trabajando en casas y caserías, fruto de acuerdos previos, cubriéndoseles los gastos en vida y en su muerte: " 24 de abril de mil ochocientos treinta y seis. Los padres del novio (Manuel González y Josefa Morán) mandan la tercera parte de lo que al presente tienen al presente y tengan con la carga y pensión de ayudar a colocar a la demás familia, y ayudar a los donantes, en vida y muerte, colocando los solteros con arreglo a las facultades de la casa". De igual forma los padres de la novia, Ramona, contribuyen a esta unión del modo que sigue: "...mandan a su hija dos mil y quinientos reales, incluso el ajuar, que podría ser este el importe de cuatrocientos reales poco mas o menos, y ademas dos fanegas de maiz". Al dinero se le suma ajuar y el grano de cereal de referencia, por otra parte, algo habitual en la época tratada. Pero siempre haciendo valer el periodo de garantía: "...el dote mandado, será entregado luego que se celebre el matrimonio, a excección de mil reales que estos seran entregados dentro de un año contado desde la celebración de dicho matrimonio". . Como pueden comprobar los lectores, nada se deja a libre albedrío, contemplándose en documento oficial todas las contingencias posibles. Se entrega por ambas partes, pero atendiendo a cumplimientos.
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| Fuente: Maite García Viña. Capitulaciones matrimoniales de Juan González Posada y Ramona Álvarez Inclán. 24 de abril de 1836. |
José Manuel González Posada Álvarez Inclán (1840) - Josefa Fernández Buján Artime (1849).
Siguiendo la detallada ruta genealógica marcada por Maite, para la continuidad de la saga, nos fijaremos en uno de aquellos hijos de este matrimonio nacidos con vida, Juan Manuel González Posada Álvarez Inclán, nacido en el infausto año para el pueblo de 1840 (20). Sobre su persona pesará el mantenimiento de unos objetivos, que nos son otros, que el productivo y el reproductivo. La estrategia es la empleada durante siglos: la unión matrimonial. Con ello, se mantendrá la indivisibilidad de la casería, a través de la concesión de la dote. Este elegido contraerá nupcias en Santolaya : " Se casó con una mujer de Susacasa, de Casa El Rematante de Xuan de Miguel, Josefa Fernández-Buján Artime (Santolaya 1849 - 1928)".
No es baladí, ni artificioso el motivo por el que detallamos algunos de los aspectos de los compromisos familiares. El matrimonio en la casería es la piedra angular para mejor comprender estrategias el servicio de la propia casa, e incluso de algunos miembros de la familia, tal y como veremos a continuación. Esta unión entre dos partes se formaliza para la transmisión de la casería y del capital social. De ahí, la importancia de reflejar todos los detalles que garanticen aquellas metas.
Para tratar de conseguir este objetivo de aproximación a una realidad muy diferente a la actual, nos apoyaremos nuevamente en las capitulaciones matrimoniales, dictadas en este caso y registradas el 1 de noviembre de 1871. En ellas se dan cuenta, en pura lógica, las condiciones y obligaciones acordadas entre las familias de los futuros esposos, proporcionando detalles con los que se puede precisar la estructura familiar, residencia marital y herencia. Además, en este caso concreto, reseña la incapacidad de uno de los hermanos del novio, y la forma de su cuidado. Rescatemos algunas de las partes más llamativas de este contrato:
- " ...la obligación de vivir todos juntos, soportando las cargas de la casa y procurar el aumento de los intereses".
- En caso de separación, los padres del novio, "mandan a su hijo la cantidad de setecientas cincuenta pesetas, que se obliga a pagar dentro del primer año de la separación".
- Respecto a la discapacidad del hermano del novio, Juan, se acuerda: " Don juan y su mujer tienen un hijo llamado Juan de unos trece años incapacitado, y siendo justo y razonable atender al desgraciado estado de este chico, sus expresados padres le mejoran en la tercera parte de sus bienes , créditos, derechos y acciones que disfrutara como usufructuario a la muerte de sus padres y que a su fallecimiento pasen ese tercio de propiedades a su hermano Manuel Gonzalez Posada". En esta clausula, dada la incapacidad de su hijo, lo blindan ante un futuro incierto.
En cambio, por parte de la novia, se añade a esta unidad matrimonial: "...setecientas cincuenta pesetas, en los proximos dos años a entregar". Su ajuar se compone de : " una docena de sábanas, la mitad de ellas gruesas..., seis servilletas, un paño de manos, un mantel de mesa, una sobrecama de color, dos jergones, dos fundas, dos almohadas, un cobertor, un catre, una arca de hacer más de cuatro fanegas".
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| Fuente: Maite García Viña. Capitulaciones matrimoniales de José Manuel González Posada y Josefa Fernández Buján. 1 de noviembre de 1871. |
De este último listado, Pepa recuerda la presencia en casa de dos arcones, que bien pudieran pertenecer al mismo: " Eran tan antiguos que no se puede saber quien los trajo. El de la sala estaba destinado para guardar la ropa, la lencería de la cama y el de abajo, que estaba cerca de la puerta era donde se metía el embutido, la conserva, la mermelada que se hacía en casa,...".
De aquel matrimonio hay constancia documental de seis hijos que al menos nacieron vivos: Evaristo (1884), Generosa (1886 - 1967), Manuel (1886), Manuela, Ramona y Rafael. Respecto a Evaristo, fue el designado para dar continuidad a la saga familiar en casa. Tal y como se detallará en posterior epígrafe, contrae matrimonio con Ramona Fernández Suarez el 29 de febrero de 1908, y la no adaptación de esta última, da al traste a las previsiones familiares. Se van a vivir a la capital del concejo, Luanco y toma el testigo Generosa. Son los ascendientes de la popular familia luanquina , que gestiona Transportes Posada.
Las hermanas Manuela y Ramona, fueron a vivir a Candás. Rafael, hombre inquieto, tuvo una vida a tenor de su espíritu: " Emigró a Cuba y a su regreso tuvo el bar de Luanco "Las Delicias", casándose con una mujer de Santolaya, donde vivió unos años. Es el padre de Pacita La Escribana, de él descienden los de esa familia. Los benjamines y hermanos mellizos fueron Manuel y Generosa hermanos y él murió de rapacín. Los benjamines de la saga". Generosa se casará, con el carreñense Emilio Busto Muñiz.
La documentación cedida por Maite, nos ha facilitado la elaboración de un paisaje en torno a una familia, que bien pudiera considerarse modelo de otras muchas del entorno del Cabo Peñas. En la Asturias interior y profunda, la familia ha estado condicionado en muchos casos, por el predominio de la homogamia o endogamia, con matrimonios celebrados entre parientes próximos. Este tipo de uniones han sido celebradas por condiciones de aislamiento geográfico, estrategias y componentes culturales. En cambio, hemos podido comprobar como no ha ocurrido así en estos lares. La proximidad de otras comunidades rurales, ha facilitado una interrelación y con ella una riqueza genética, de la que seguramente disfrutamos sus descendientes.
(19). Maite, recuerda que con la oficialización y nuevas normas de en los Registros Civiles, se empiezan a perder de modo progresivo los apellidos patronímicos, como "Morán de Antromero".
(20). Año este del terrible naufragio en el que perecieron 17 varones de Antromero, dejando en tierra dolor, viudas, huérfanos y mucha hambre.
Generosa, mujer con arrestos.
"La intuición de una mujer es más precisa
que la certeza de un hombre".
Rudyard Kipling.
Generosa González Fernández, fue la gran matriarca de este clan familiar. Nace en el convulso siglo XIX (aunque en este país los momentos de estabilidad y paz fueron mera anécdota), el día 21 de junio de 1886. En su generación se pierde el apellido de referencia del que hace gala esta conocida y apreciada familia. Años atrás de su nacimiento, en 1871, se institucionaliza el Registro Civil, y con él se van a "perder" parte de los apellidos compuestos familiares (21). La inscripción y registro administrativo de este eslabón familiar, de estos seis hermanos va a confirmar la pérdida del apellido Posada.
Sus padres, José Manuel González Posada Álvarez Inclán (11/dic/1840) nacido en Antromero y Josefa Fernández-Buján Artime (8/Oct./1849) nacida en Nembro, formarán una familia numerosa. Los hijos nacidos con vida en esta unión: Evaristo (1884), Generosa (1886), Manuel (1886), Manuela, Ramona y Rafael, así confirmaran aquella tendencia social generalizada de grandes unidades familiares.
Nuevamente, la labor investigadora de Maite, nos facilita el texto del asiento bautismal de nuestra protagonista, Generosa: " En la parroquia de S. Martín de Bocines, Arciprestazgo de Gozón...a veinte y dos de junio de mil ochocientos ochenta y seis D. Hermenegildo Suarez, cura parroco de Santa Maria de Piedeloro, en mi ausencia , bautizó solemnemente una niña, que dicen haber nacido el dia anterior,...se le puso nombre Generosa...".
Uno de los hermanos de Generosa, Evaristo, fue el designado para continuar con la saga en la casa familiar, tal lo recuerda Pepa Posada: " Evaristo se casaría con Ramona, y ellos eran los destinados para "en casa". Así lo hicieron, pero la mujer no se encontraba a gusto y tomaron la decisión de marchar a Luanco". Aquella determinación trastoca la estrategia inicial y los roles cambian en favor de Generosa: "El hueco dejado lo cubrió mi abuela, Generosa, que era la benjamina de los hermanos. Tenía un hermano gemelo, Manuel, que moriría muy joven. Ella se casaría tarde para aquellos tiempos, con treinta y pico años".
Generosa, tomaría matrimonio con Emilio Busto Muñiz (1894), nacido en Llavio, en Casa La Pola. La investigadora y miembro de familia, Maite García Viña, quien nos va a proporcionar una gran cantidad de preciada información en torno a las raíces familiares, fruto de su intensa indagación entre los legajos de los archivos locales y provinciales, transmite los detalles de aquella celebración:" Siguiendo las costumbres y tradiciones se hacía la boda en la iglesia de donde era la mujer. Generosa se casó en la capilla de Antromero, algo inusual, teniendo en cuenta que este tipo de ceremonias se hacían en la iglesia de Bocines. Este detalle se confirma en anotación marginal en el documento del bautismo de su marido, Emilio, algo que no se hacía siempre, donde se detalla: " Contrajo matrimonio canónico en la capilla de Antromero, el día 14 de febrero de 1920, con Generosa González Fernández, soltera, vecina de Bocines, hija legítima de Manuel y de Josefa, siendo testigos Víctor Álvarez, Evaristo Rodríguez, de Bocines".
Para formalizar la unión, ambas familias ante notario registran las capitulaciones pertinentes (22), donde se detallan los acuerdos que lleva parejo aquel matrimonio. Maite facilita alguno de aquellos acuerdos: "En documento notarial, se contempla el régimen económico de gananciales. Y cita en segunda clausula : José Busto y Doña Ramona Muñiz, padres de Emilio Busto, hace donación a su hijo por razón de este matrimonio por mitad de suma de cinco mil pesetas como anticipo de ambas legítimas, obligándose los donantes a entregar la mitad tan pronto como se celebre el matrimonio y el resto en tiempo de dos años a contar desde aquel día". También contempla otros condicionamientos:" Josefa Fernández Artime, mejora a su hija Generosa González Fernández, con ocasión de este matrimonio en el tercio de sus bienes...Vivirán en compañía de la madre de la novia...en sociedad labradora al estilo del país,... la mejora se extiende mientras el matrimonio vivan en la citada sociedad,...y quedará sin efecto si por cualquier causa tuviera lugar la separación". Acuerdo este firmado ante notario, con fecha de 7 de febrero de 1920 y como queda reflejado poco o nada queda al libre albur.
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| Fuente: Maite García Viña. Documento de las capitulaciones del matrimonio entre Emilio y Generosa. |
El matrimonio formalizado en 1920, durará poco tiempo. Dos años después, un grave accidente pondrá punto y final al mismo, tal lo recuerda Pepa:" Mi abuelo, Emilio, murió en accidente de xarré (carro) en Perán, cuando él y mi abuela viajaban juntos, sus dos hijos (Generosa y Manuel) no iban con ellos. El paso de una moto espantó al caballo y cayeron a la mar. Él se golpeó contra una piedra y allí quedó. Cuando el médico fue a reconocer a mi abuela, supo por el pulso que estaba embarazada de mi tía Emilia". El nombre de la futura neonata, homenajeará a su padre ausente.
La sombra de la muerte cercará nuevamente a la familia, el único hijo varón del matrimonio, José Manuel, fallecerá víctima de una cruel enfermedad: "José nacido en 1922, morirá cinco años después, el 7 de diciembre de 1927, víctima de una meningitis. Fue un golpe muy duro para mi abuela".
Ante todo ese infortunio, sobresale la entereza y el tesón inquebrantable de Generosa: " Mi abuela también crio a una sobrina en casa, Mercedes. Al quedar viuda, toma el mando de la casería, trabajando muy duro. En casa siempre hubo criaos, hasta que se casó mi madre, pero ella tomaba todas las decisiones. Con mucho esfuerzo y ahorro se pasó de ser llevadores de fincas a comprarlas casi todas, como El Carbayín". Este es un claro ejemplo de la idiosincrasia y espíritu de una vieja raza de héroes, venida a menos.
La legendaria sociabilidad de esta familia no es gratuita, ni fruto de la casualidad: " Casa Posada, siempre fue una gente muy querida y apreciada. Mi abuela, cuando venían pobres a pedir, que era raro el día que no lo hicieran, nunca le negó esa ayuda a nadie. Si venían en muy mal estado, siempre tuvieron un lugar no solo para comer, sino también par dormir". Precisando una lógica y curiosa distinción:" Si no venían borrachos y tenían un mínimo de pulcritud, se sentaban a comer en la mesa con el resto de la familia. Y siempre recuerdo a uno de estos, que los chiquillos llamábamos Don Alfonso. Era un hombre peculiar, una persona estudiada, que había conocido mundo, que había navegado y te contaba cosas que para nosotros siendo tan pequeños nos resultaba muy interesantes". Estas costumbres acogedoras y hospitalarias se han mantenido con el paso de los años, gestadas en decenas de generaciones que han llevado al máximo exponente aquel lema, que con tanto orgullo, exhibía el bueno de Emilio: " Manos que no dais, que esperáis".
Las crónicas gráficas de la época, en la segunda década del pasado siglo, certifican un dato que denota una capacidad económica de la familia muy por encima de lo habitual, vinculado a un hecho delictivo. La revista "Asturias", en su número 78, editada el 23 de enero de 1916, recoge la siguiente noticia: "Anteayer se presentó en la casa cuartel de la guardia civil en el puesto de Luanco, la vecina del barrio de Antromero Generosa González, para denunciar que durante la noche del día 30 del mes de noviembre de 1915, le habían robado de una panera, cien pesetas, tres sábanas y dos pares de pendientes. Hasta la fecha se ignora quienes fueron los autores de la sustracción". La denuncia interpuesta por nuestra protagonista, da cuenta de la existencia en la panera de una importante cantidad de dinero ( el sueldo entonces de un obrero era de dos pesetas al día ) y ajuar doméstico. Pocas casas podían decir lo mismo.
También hubo tiempo y espacio para el cuidado físico y espiritual, sujeto a creencias ancestrales y muy populares: " Generosa pasaba el agua (23), tenía una especie de piedra con un desgaste por un lado, que era la que empleaba en ello". Formaba parte de un pequeño elenco en el pueblo que se dedicaban a eliminar los llamados aguayamientos o mal de ojo, derivados de envidias y/o malos quereres. La relación de personas en Antromero durante los últimos años del siglo XIX y el XX, que tenían estos poderes se reducían a algunos de los antepasados de Casa Posada (Generosa), Casa Sampedrín, Casa Menende y Casa Los Páxaros.
Al margen de este don, Generosa también tenía conocimientos de medicina natural, muy envidiados entonces y que mantenían el pulso a la farmacopea oficial. En las sociedades rurales y a lo largo de la historia, estas personas siempre han tenido un reconocimiento y consideración especial : "Sabía de muchos remedios para curar enfermedades y molestias de la gente, aunque nunca atendía a gente de afuera o que no era conocida. Siempre tenía una solución para todo con remedios naturales. Tanto mi madre, Raimunda, como mi tía Emilia heredaron esos conocimientos, no porque les hubiera enseñado, sino porque los escuchaban". Pepa, detalla algunas de aquellas recetas magistrales, que aun perduran en su cabeza, y que hoy duermen prácticamente el sueño de los justos: "Para la gripe, el agua de apio, que tenía muy mal sabor; la leche con ajo para las lombrices intestinales; el lavado con manzanilla para las infecciones y molestias en los ojos;..." .
De aquellas prácticas y tradiciones, Maite nos devela una curiosa posesión: "Conservo unas aretes con un pincho, como una aguja de inyección, muy fino. Con ellas era con las que se hacían los agujeros en las orejas a las mujeres de la casa, Son un objeto de un gran valor sentimental, heredados de generación en generación y con una antigüedad imposible de evaluar".
La formación holística heredada de su madre por parte de Emilia, se va a combinar con su bonhomía, según testimonia Pepa: "Emilia era la encargada de poner inyecciones. Además de ser una persona muy sociable y sincera, tenía mucho valor. Cuando la guerra, vivían en El Monte un matrimonio que eran de los de Pinón, con un montón de hijos. Enfermaron primero los padres de tuberculosis y después los rapacinos. Llamaron a un médico y preguntó si habría alguien para poner la inyecciones que necesitaban y nadie sabía. Aquel hombre preguntó si alguien quería aprender. Y fue ella la que les puso las inyecciones a todos, asumiendo el riesgo de contagiarse de aquella enfermedad que mató a tanta y tanta gente. Después fue la que ponía las inyecciones a todo el mundo que se lo pedía". De aquella actividad será Maite, quien nos recuerda la existencia de aquellos útiles empleados en esta actividad filantrópica: "A su muerte, entre sus cosas había una cajina antigua con aquellas agujas curiosísimas, y la jeringa de cristal, que necesitaba ser siempre hervida pasa su uso". Son aquellos pequeños tesoros familiares que no tienen precio, pero con valor incontestable del recuerdo de las personas que alguna vez nos rodearon.
Este es un breviario de la existencia de una mujer honesta y luchadora. En el fondo, es la invitación a una reflexión para las nuevas generaciones de como se hace frente a las adversidades que te plantea la vida frágil, esa que es negociada día a día. Asumimos el riesgo del resumen por exponer una historia que está salpicada de recovecos, giros insospechados, donde nunca hay caminos ni atajos limpios, ni tan siquiera previsibles. Podremos, con toda seguridad ser acusados de pretenciosos, ante este relato incompleto, y si fuera así pedimos disculpas. Seguramente con la mejor de las intenciones y escaso tino, pero con las fuentes familiares fiables y seguras, hemos tratado de acercarnos a la personalidad firme y decidida de una mujer que pese a las dificultades de unos tiempos muy duros y sectarios para su género, supo templar y sortear todas las adversidades sobrevenidas.
El árbol genealógico aquí expuesto y facilitado por Maite, corresponde al modelo de una estructura familiar troncal. Modelo este propio de los pueblos norteños, donde predomina la presencia a la par de tres generaciones en la casa o casería. Presidiendo este entramado familiar la figura del patriarca, heredando uno de los hijos varones la continuidad (Generosa fue una segunda opción, tras la renuncia de Evaristo) y donde los solteros pueden quedar en casa. Se mantiene la premisa inviolable de cuidar de los ancianos y más desfavorecidos. Aunque por encima de todo hay que mantener la indivisibilidad de la casería, siempre con la "mejora" del hijo/a casado "pa en casa", para que así sea.
(21). Con la aparición del Registro Civil, no se prohibirá expresamente el registro del apellido compuesto, pero la obligación del sistema de inscribir el doble apellido, descompuso o reescribió gran parte de los apellidos existentes, facilitando en muchos casos la desaparición de algunos o la transmisión como dos apellidos separados. Aquella norma que "obligaba" a usar un apellido paterno y uno materno, llevó a muchas familias sin las ideas claras o por decisión del registrador a abandonar definitivamente sus apellidos compuestos históricos y pasaran a usar solo el primero como norma general.
(22). Las capitulaciones matrimoniales son un contrato que las parejas firman a la hora de contraer matrimonio. En el se gestionan los bienes, ingresos y deudas durante esa unión, con el objetivo de proteger sus patrimonios individuales, contemplado la posibilidad de fallecimiento de alguna de las partes o el divorcio. Se formaliza en escritura pública, ante notario.
(23). Creencia popular para eliminar el denominado mal de ojo y las envidias, que podían afectar a la salud, tanto de animales como de personas. Para mayor información consultar capítulo 36.
Con Generosa y su prole, se formalizará el penúltimo eslabón familiar. De sus hijas vivas, Raimunda será la encargada de continuar con la cadena familiar ( Emilia, fue soltera y sin hijos). Recurrimos a uno de sus nietos, Fran, para que haga un recorrido y sentido reconocimiento de su familia. Tiempos vividos en primera persona con aquellos que han sido los últimos en activar los resortes productivos de este apreciado linaje.
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| Fuente: Fran Posada. Los nietos Fran y Jesús, en compañía de sus abuelos, Pepe y Raimunda , en la cocina de casa. |
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| Fuente: Fran Posada. Emilia, primera a la izquierda de pie. En una de las carrozas hechas en Casa Posada. Años 80. |
No era fácil sacar tiempo trabajando en una ganadería, pero aun así siempre encontraba un hueco para juegos, viajes, cumpleaños y mil actividades divertidas que llenaron nuestra infancia de momentos felices. Recuerdo perfectamente el enfado que cogimos cuando se casó y se marchó de casa, cuando venía a vernos no queríamos que se fuera y le escondíamos las llaves del coche para retenerla un poco más. Cosas de niños.
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| Fuente: Fran Posada. Foto familiar de la boda de Pepa. |
Trabajó desde muy joven en la Cooperativa de Agricultores de Gozón, donde llegó a conocer todo el concejo y, seguro, a muchísima gente de otros concejos. Allí, además de asesorar a los agricultores con los productos del campo y a la ganadería, sabía escuchar las preocupaciones de todos y apoyaba, consolaba...ayudaba siempre, tanto en los momentos buenos como en los malos.
Ese cariño sincero que entregó durante años se ve recompensado hoy en día, vaya donde vaya, la gente se detiene para saludarla, para hablar con ella y para devolverle, aunque sea un poco, todo el afecto que siempre regaló.
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| Pepa, galardonada en el homenaje a la Mujer Rural 2025. |
He dejado para el final, en este recorrido por mi familia, a mi madre, Gloria. La última en llegar a la familia Posada, pero, como ocurre siempre con las madres, la más grande en entrega, amor e importancia.
Una madre ya lo es todos por si misma, pero cuando la vida no te lo pone fácil, cuando te golpea desde muy pequeña, te obliga a crecer antes de tiempo, a ser luchadora y a aprender a ser fuerte sin perder la sensibilidad. Mi madre es así: fuerte y sensible a la vez, marcada por las dificultades, pero empeñada siempre en que los demás no pasen por lo que ella pasó.
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| Fuente: Fran Posada. Boda de Emilio y Gloria. |
Nació en Caminomorisco, un pequeño pueblo de Extremadura. Con solo seis años se vio obligada a emigrar a Asturias junto a toda su familia, viviendo en condiciones precarias y en un entorno hostil por su condición de emigrantes. A los doce años comenzó a servir como interna en distintas casas. No quiero imaginar lo duro que debió ser aquello, siendo apenas una niña.
Pero la vida, a veces, también sabe recompensar. Pronto conoció a mi padre, Emilio Posada, fue un amor a primera vista. No tardaron en casarse, integrándose plenamente en la familia Posada. Congenió enseguida con todos, y aunque no conocía el mundo de la ganadería ni de la agricultura, aprendió rápido y se adaptó con valentía a la dura, pero satisfactoria vida del campo.
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| Fuente: Fran Posada. Emilio y Gloria, de novios. |
Recuerdo con enorme cariño y nostalgia aquellas andechas en las que se reunía toda la quintana para sallar la tierra y sembrar, las esfoyazas, los días de hierba, la matanza del gochu,...Al escribir esto, me invade la emoción al recordar a toda aquella gente que llenaba las casas, hoy tristemente vacías.
Fue una infancia feliz. Vivíamos siete personas en casa, todas volcadas en atender, mimar y cuidar a los "chiquillos". Y, por encima de todo, mi madre. Recta con los estudios, pero siempre complaciente con todas las actividades que empezamos y casi nunca acabamos. Permisiva y complaciente, nunca permitió que nos faltara de nada, aunque para ello tuviera que privarse ella. Protectora y atenta, no dejaba que nadie nos hiciera daño. Paciente y comprensiva, incluso durante la rebelde adolescencia de dos hijos con apenas dieciséis meses de diferencia.
Cariñosa, tierna, dulce y mimosa. No recuerdo una voz más alta que otra, ni un azote, ni un castigo severo. Solo recuerdo amor, comprensión y una presencia constante. Una luchadora a la que la vida no se lo puso fácil, pero que siempre supo levantarse y seguir adelante con dignidad y valentía. Gracias por todo mamá. Te quiero.
Y así termina este breve repaso por la historia de mi familia. No será fácil igualar la calidad humana, el cariño y el compromiso que estas personas han compartido con los demás, ni siquiera lo pretendo. Solo me comprometo a intentar continuar con ese legado familiar, a sembrar cordialidad, generosidad y amistas, y a que cualquiera que nos necesite sepa que puede contar con esta familia. La familia Posada".
Fran Posada.
Preguntada a la benjamina de aquel grupo, Pepa, nos habla de otros tiempos, no tan lejanos, donde la uniformidad familiar era la mejor causa y esperanza para seguir en la brecha, retando el día a día. Fue una de las primeras mujeres del concejo que rompieron estereotipos respecto a la dinámica laboral femenina, sujeta al binomio de asistenta o empleada de fabrica de conservas :" Empecé a trabajar en el año 1979, directamente en la Cooperativa Agrícola de Gozón (La Cooperativa), durante 43 años y cotizando 47. Fui una de las pioneras en tener un trabajo diferente a las conserveras o limpiando". Recordando aquellos inicios: " Al principio fue duro, pero nada que no se pudiera superar. Fuimos los que hicimos andar aquella cooperativa, con muchas dificultades y esfuerzo. Pero compensó, al final de todo se trató de un trabajo gratificante, donde conocí a casi toda la gente del concejo". Mujer con iniciativa y empuje lo demuestra un hecho. " De entre las mujeres de Antromero, fui la que tuve en el año 1972, el segundo carnet de conducir, tras Socorro".
Sus recuerdos del grupo familiar que formó y que con tanto orgullo abandera, son resumidos en un epílogo que no necesita de añadido alguno, compartido por la totalidad de la gente de esta comunidad: " La gente de mi casa socorrieron y ayudaron a toda el mundo que pudieron. Nobles y colaboradores. Fueron gente muy querida".
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| Fuente: Fran Posada. Pepa, posa junto a su hermano y padres. |
Piedra de la culebra.
"No sabe el sano el bien que tiene
hasta que la salud pierde".
Popular.
Hablar del pasado de una comunidad, es recuperar hechos, vivencias, anécdotas, historias, mitos, leyendas, creencias y supersticiones. Este totum revolutum, forma parte de un cóctel imprescindible para tener una composición histórica fiable de cualquier tiempo y lugar. El ser humano, temeroso por naturaleza, ha construido una fascinación hacia los rituales semi-mágicos encaminados a la cura de sus males. Estos forman parte de creencias arraigadas, que alimentan las crónicas de los pueblos y sus habitantes. Tan necesarias como cualquier otra.
Por pertenecer a una comunidad, lugar geográfico, época, cultura todas las personas se van empapando de una serie de creencias, rutinas y rituales que buscan el objetivo del bienestar, tanto individual como colectivo (24). La preocupación por la salud, fue una de ellas y algunas de las soluciones populares para su recuperación, estaban impregnadas en saberes y creencias no oficiales, ni académicas.
En el mundo y ambiente rural, se desarrollaron algunas de ellas con tanta fuerza que llegaron hasta nuestros días. La llamada "piedra de la culebra", es una de estas y su empleo era para extraer del cuerpo el veneno de la picadura de este reptil. Frotándola por la zona de la mordedura, absorbía la sustancia ponzoñosa y devolvía al cabo de unas horas al paciente a su estado previo a aquel indeseado contacto. En realidad, nada difícil de conseguir, si consideramos que las cuatro especies endogámicas de culebras que tenemos en Asturias no son venenosas (25).
La referencia más antigua respecto a este antídoto está registrado en la magna obra de Plinio El Viejo, hace ya dos mil años, "Historia Natural". Aunque ciñéndonos a nuestro ámbito geográfico e influencia varios autores la referencian en sus obras, tales fueron los casos de Aurelio del Llano, Pachín de Melás, Alfonso Camín, Constantino Cabal, Luciano Castañón o Berto Álvarez Peña. Fue tal la creencia y fe entre los parroquianos que se llegó a vender en boticas, con su prospecto de uso y empleo. En el siglo XIX, el canónico de la catedral de Oviedo, J. de la Rosa Cabal, tenía una en propiedad que guardaba celosamente en una caja de hojalata, junto con diploma que indicaba sus propiedades.
Según creencia popular, no se trataba de una piedra al uso y natural. Por el contario era de formación artificial, fruto de la sudoración y babas originadas en el baile colectivo de siete culebras (baile de apareamiento). Su posesión se iba heredando de generación en generación y guardada con mucho celo. Nuestro vecino Manolo Robes, fue testigo de una de aquellas danzas: " Un día que iba para casa, vi a la entrada como unas cuantas culebras estaban enroscadas en un pozo. Fui a por un palote y lo clave. Cuando fui a mirar solo había culebras partidas por la mitad, y la verdad que no vi ninguna piedra".
Generosa Posada, era una de aquellas personas privilegiadas poseedoras de aquel talismán curativo y heredado de unos tíos suyos, quienes fueron testigos de la danza de los reptiles. Esta piedra, según su propietaria, fue empleada mucho por los vecinos de la parroquia, y la última vez a finales de los años 60 del pasado siglo.
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| Fuente: Maite García Viña. Generosa Posada. |
La matriarca, tras años de desuso y sabedora del afán de investigación de su primo (sus padres eran hermanos), Marino Busto, por todo lo relacionado sobre la cultura y costumbres asturianas le hace entrega de la piedra. En el año 1981, fue donada por este prohombre, al Consejo Superior de Investigaciones de Madrid, registrada en el volumen 35/1981.
Según descripción del propio Marino: "La piedra tiene color ocre oscuro, es redondeada, pulida, con una mancha rojiza y un pequeño agujero. Al moverla suena, como si fuera hueca y tuviera algo suelto. Su aspecto es el de una semilla grande". Transmisión coincidente con el etnógrafo, Berto Álvarez Peña, quien en su obra "Cuélebres, culuobras, culiebres y culiebrones", así lo detalla: "...el color ye amarronáo, redondina y pulida, con una manchina arroxiada y un furaquín, al moverla suena, como si tuviera güeca y dientro tuviera algo suelto".
(24). Para mayor información sobre leyendas, mitos y supersticiones, consultar los capítulos 8 y 9.
(25). La mordedura o "picadura" de la culebra genera una ligera inflamación que pudiera derivar en infección de la zona dañada. No confundir con la víbora, que esa si es venenosa.
Una figura histórica, Carlos González Posada.
"El corazón entendido busca la sabiduría...".
Proverbios 15,14.
Hagamos, antes de iniciar el desarrollo de este apartado de un necesario preámbulo, necesario para glosar, aunque brevemente, la figura de Marino Busto García. Este hombre, nacido en La Rebollada (Carreño) el 13 de abril de 1916, en familia de labradores (motivo de orgullo personal), tal y como le gustaba recordar, fue un notable investigador de la historia local y comarcal, periodista y escritor. Prolijo conferenciante, de fácil verbo, tanto en España como en el extranjero y del que pudimos disfrutar de su maestría en el noble arte de la oratoria. Nombrado cronista oficial de Carreño entre los años 1984 y 2005, miembro del RIDEA (Real instituto de estudios asturianos y miembro de honor del Club de Carreño en La Habana. Fallecería el 2 de enero de 2005, a los 88 años de edad.
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| Fuente: El Comercio. Marino Busto. |
Algunos lectores, en toda lógica, se preguntaran y con motivo, el porque de esta introducción. Marino, es familiar directo de la patriarca Generosa y un hombre de plena confianza. La entrega de la "piedra de la culebra" a este notable carreñense, que durante décadas estuvo en poder de la familia, es una evidencia de aquella relación que superaba los vínculos familiares.
Su inquietud cultural y espíritu inconformista, que acompaña a los investigadores le hace rebuscar en el pasado siguiendo las pistas de un ilustre antepasado, que también lo era de la familia Posada: Carlos González de Posada y Menéndez. Este "desconocido" prohombre, nacería un 8 de abril de 1745 en Candás y 86 años fallecería en Tarragona. Estudió letras en Candás, especializándose posteriormente en Humanidades en el convento de Santo Domingo, en Oviedo.
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| Fuente: Biblioteca Pública. González de Posada. Nadie puede negar su afinidad física con Marino Busto. |
Tras sus estudios, regresa a Candás con la finalidad de dedicarse a la investigación histórica y arqueológica, pero un juicio contra el propio municipio candasín le arruina a él y a su familia. Su inteligencia y capacidad llama la atención a Jovellanos y Campomanes, con los que forjaría gran amistad, especialmente con el primero. Aquella demostrada erudición le posibilita la autoría de infinidad de obras literarias, muchas de las cuales hoy no se tiene constancia de su paradero. Se ordena sacerdote y se marca como objetivo más inmediato el regresar a su tierra natal para dedicarse al estudio de la historia regional asturiana. Objetivo incumplido, al no conseguir la plaza en el Cabildo Catedralicio de Oviedo. Miembro de la Academia de Historia, cubrió cátedras universitarias, las canonjías de Ibiza y Tarragona, además de diferentes cargos de examinador sinodal, vicario de la Real Armada y presidente del Hospital de Ibiza.
Hay una fecha que va a marcar el devenir de su prolífica obra y una afección irreparable de la misma: la invasión napoleónica. González de Posada, entonces canónico de Tarragona, huye con lo puesto a Baleares, dejando responsable de sus pertenencias a su criada. Esta mujer, sometida por un estado de necesidad y pobreza sin par, fue quemando folio a folio los dieciocho tomos de su magna obra "Memorias históricas", para hacer frente al frío. Las volátiles cenizas fueron la última referencia de una obra única.
Marino, se convertirá en el historiador de su obra y vida. Aprovechó el conocimiento y estudio elaborado en 1792 por aquel hombre, en la que hablaba de "tumbos o mámulas", de elevaciones en el terreno que formaban parte de sepulcros antiquísimos, y en 1989, los localiza en el "sagrado " monte Areo. Dólmenes y enterramientos de más de 5000 años de antigüedad, que Marino publicitó en la prensa gijonesa.
Recuperará, así mismo, parcialmente obra de investigación lingüística de su antepasado, editando un primer tomo, en el año 1986, titulado "Diccionario bable de González Posada y Academia de las Buenas Letras".
Este es un breviario de la conexión entre dos personas estudiosas y conocedoras del medio en el que vivieron y amaron. Ambos, forman parte del registro histórico de nuestra familia, Posada.
Conclusiones.
Es muy importante la recuperación de usos y costumbres pasadas, fijadas en existencias sujetas a condiciones muy diferentes a las actuales. Conocer y valorar aquello que vivieron y sufrieron nuestros ancestros, manteniendo vivos los recuerdos nos facilitará hacer una composición del lugar y tiempos pasados. No se trata de ser un adicto a la señaldá y melancolía, nunca será ese una opción defendible. La inutilidad de algunas de las reglas de la vida, debe invitarnos a romper estereotipos. Cada día que pasa nos hace ser diferentes, distintos al día de ayer. No somos el mismo que hace una semana estaba reflejado en el espejo, mientras nos peinábamos. Por eso, insistimos en la importancia del recuerdo, de mantener viva la historia, esa que fortalecerá el futuro de la comunidad.
Algunas personas pasan más tiempo al lado de un ordenador, de una televisión, o móvil que de un ser humano. Preocupa la falta de transmisión de la palabra, de los sentimientos que la acompañan, de vivencias irrepetibles, que si nadie lo impide dormirán en el sueño de los justos. ¿Qué fue de aquellos días que duraban tanto?. Esos ya no volverán, pero si añoras aquellos tiempos, en los que creías en la solidez de la vida y la inmortalidad, ...entonces, estás en el buen camino.
Escuchar, es aprender. Es conocer un mundo nuevo, unas expectativas que se abren frente a ti, hasta entonces desconocidas. Los matices enriquecen a las historias atemporales, historias que se pueden repetir a miles de kilómetros. Historias eternas, dictadas para que sean nuestras.
Un pueblo que olvida su pasado, que desdeña sus raíces, es un pueblo que firma su sentencia de muerte. Los declarantes y colaboradores de Casa Posada han demostrado con su paciencia, con su investigación, con la capacidad de quien disfruta del relato de las vivencias, que aun hay esperanzas para evitar el patíbulo al que están condenados los desmemoriados. La empatía de los miembros familiares con la causa común del recuerdo, nos hace sentirnos más seguros y perfilar el horizonte con más certeza. Son estas participaciones francas, las que nos hacen más fuertes.
El ser humano es narrador por naturaleza y mientras tengamos palabras para recoger, habrá esperanza. Al fin y al cabo, recordar es una obligación para seguir viviendo, que podéis estar seguros, forma parte de la revolución de la cotidianidad.










































❗️ enhorabuena ❗️
ResponderEliminarConsideramos que este capítulo es el más completo de lo publicado hasta ahora, aunque reiteramos la excelencia de los capítulos anteriores.
Muchas gracias José Ángel, por esta apreciación, y desde estas líneas queremos agradecerte todo el apoyo recibido hasta la fecha. Muchas gracias.
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